rosa

El célebre hispanófobo francés, Abate de Pradt (1759-1837), autor de una ingente literatura chismosa, asesor de Napoleón, embaucador profesional (estuvo en Madrid y colaboró con éxito para que Carlos IV y Fernando VII viajaran a Bayona) y de una copiosa correspondencia con Simón Bolívar, llegó a ser obispo. Un amigo suyo, también obispo, Talleyrand, ya harto, le espetó: “Ahora que eres Obispo, creerás en Dios”.

Sin embargo, cabe pensar que no fue errada su sentencia sobre España: “El pueblo español se asemeja a la mujer de Sganarelle, la cual quiere que la apaleen”

Sganarelle es un personaje de una obra de Molière titulada El médico a palos (Le médecin malgré lui), médico a su pesar. Molière hace patente, en esta obra, su desprecio por la medicina.

Este desprecio es el que necesita el pueblo español para no ser apaleado por la OMS y los oscuros negocios de la medicina. Y, por supuesto, también odiar la Gran Estafa sanitaria del clima y el más enfermizo de todos los climas posibles: la Unión Europea. Londres lo hizo y le va de maravillas viviendo a costa del Sur.

ENTRE LA ROSA Y EL CLAVEL
De modo casi perfecto,
una rosa, no un clavel,
consiguió crecer sin él,
según dicen, por defecto.

Las florestas del país
la tomaron de modelo,
todas cambiaron de suelo,
de ramas y de raíz.

Rosa de todas las clases,

con la sequía, más verde,

pues gana cuanto más pierde

el agua de los embalses.

Rosa sin ningún efecto
tanto en Londres como en Gales,

el clavel real no halle males

que en Madrid son desafecto.

Entre la rosa y el clavel
cada cual mire, escoja,
por los pétalos es roja,
por defecto, un burdel.

Nadie piense que por él,

exentos, ya no pasamos,

esta rosa la cuidamos

por defecto… del clavel.