Mucho antes de comenzar la campaña electoral para las municipales y autonómicas, se levantaron voces muy autorizadas advirtiendo del enorme riesgo (casi certidumbre) de fraude electoral.
Muchas han sido las noticias sobre la compra, de muy diversos modos, de votos por parte de candidatos, particularmente del PPSOE. Hasta droga han utilizado -al parecer- como moneda de cambio.
Sin embargo, si lo estudiamos con lupa, este tipo de fraude es absolutamente rupestre. Más propio de aquella caricatura de República que hubo en Españistán en los años 30 del pasado siglo.
Comprar un puñado de votos puede tener valor en unas elecciones municipales, o en muy limitados y determinados casos de las generales.
Pero el fraude de verdad, el que elige parlamentos, y de estos los gobiernos que salen, se hace de otro modo más limpio. No se compran votos individuales, ni se manipulan urnas. Eso es cosa de diplodocus.
El verdadero fraude se hace a lo grande. Lo hace el gobierno (el de turno), al contratar una empresa privada (INDRA) que gestiona de modo informático un “escrutinio provisional” extralegal (la ley ni siquiera lo contempla), y que, en la práctica, es el único que se hace.

























Nos engañan y traicionan para que pongamos a nuestro enemigo democráticamente en nuestro Parlamento. Nos hacen votar a Pucherazos Soros-Indra (PPSOE e independentistas) sin que lo sepamos porque las juntas electorales provinciales prevarican y nos roban el control popular legal del escrutinio general: la suma de los votos del conjunto provincial de todas las actas de nuestras mesas electorales (ayer empezaron en Madrid, mañana jueves, en el resto de las provincias), este acto es público y si asiste podrá comprobar personalmente que esas juntas electorales no suman públicamente nuestros votos (como sí se hace en cada mesa electoral el día de las elecciones) sino que dirán que se fían de lo que la globalista Indra diga que le ha salido sin que nadie controle la limpieza de su supuesta suma. El posible pucherazo no está en las mesas electorales sino en las juntas electorales provinciales. El globalismo ha corrompido completamente todas nuestras estructuras de poder (incluido el de los liderazgos de todos los partidos parlamentarios, el de los altos tribunales y el de las telemanipuladoras). Nos mienten para destruirnos “democráticamente” ¡¡Toma ya!!
NO SE OLVIDE DE LAS FF.AA., DE LOS MAL LLAMADOS SANITARIOS, Y POR SUPUESTO A LA BORREGADA PARASITARIA (FUNCIONARIOS Y LOS DE LAS AYUDAS DE TODO TIPO)…