Y se apellida Fox. Hasta yo que no sé ni pretendo saber inglés sé que “fox” significa zorra. Y ya sabemos lo que zorra significa, más allá del animal que no muchos hemos visto (yo sí, en Cercedilla hay y, una vez, en Córdoba capital un notas tenía a una zorra por mascota, tal cual. La había pillado en Sierra Morena, la sierra que yo veía desde mi casa de alquiler. Y la tenía en brazos en un garito de ingesta descomunal de vino. Y cuando fui a acariciarla me intentó morder. Menos mal que ese animal todavía poseía algo de su instinto natal. 

¿Y qué es el instinto?

El póster de la zorra es lo que sale en la foto de cabecera de este artículo. No es baladí el tema, para nada. Por eso escribo sobre ello y basado en ella. Y en él. No lo he encontrado en internet, pero este póster de la revista PRONTO que lee mi abuela de 108 años, tenía a Tom Cruise en el reverso, el supuesto actor (no se puede actuar peor que él, y de cine yo sé algo, no mucho, pero algo).

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14 años (o, tal vez, 15 por eso de mi restaaños) tenía yo cuando colgué este enorme póster en una de las paredes de la clase del instituto de Leganés donde me intentaban adoctrinar.  Era enorme, lo juro. Lo trinqué en Ciudad Real capital, “en cá mi abuela paterna” que, por entonces, era una moza, visto lo visto con sus actuales y gloriosos 108 años. Venía muy bien doblaico en la revista de marras. Y no pude resistirme ante tamaña tentación de llevarme a esa tetona tan grande. Pero al Timo Cruise ese, ni ganas de saber que estaba detrás de la tetona. 

Seríamos casi 40 adolescentes y adolescentes en esa clase donde pegué el póster de la tetona. El acuerdo era que si algún profesor se quejaba del póster, eso había sido colgado por ciencia infusa o alguna suerte de Providencia. Vamos, que no había sido yo.  Y todos mis compis y mi compas tan ufanos ahí riéndose y jactándose de ser libérrimos y compartir mi iniciativa de reírnos de los adoctrinadores, a golpe de tetas a tamaño natural (insisto, el póster era enorme). 

Bien… pues a todos estos hijitos de puta les faltó tiempo para señalarme con su dedo ,tras un brazo extendido, cuando la profesora de matemáticas preguntó quién había puesto ahí el póster.  Recuerdo que el acuerdo era callarnos como putas, tal cual. Pero qué va… se ve que estas palabras eran mágicas: “como no me digáis quien ha colgado ese póster os suspendo a todos”. JAJAJAJJAAJAJAA

Mientras oía esas palabras mágicas sabía, más que de sobra, que mis compañeros me iban a delatar y señalar con el dedo. “¡Qué hijos de puta!” fue mi expresión ante casi 40 dedos acusadores y la tétrica profesora de matemáticas. Ese día esta tiparraca debería estar sufriendo cuitas de adúltera o adulta o lo que sea que ahora somos todos los que de no ser calvos peinaríamos canas.  Pero meses antes de lo del póster, hizo llorar en clase a mi mejor amigo.  Le humilló de tal manera por no saber resolver no sé qué chorrada de problema matemático, que el chaval se puso a llorar delante de todos y, por supuesto, todas. 

Y delante de mí. Precisamente de mí que siempre he defendido a los débiles y maltratados por los supuestos fuertes que a mí me comen la polla, tal cual y ni se acercan a ella porque yo no toco carne de cerdo en estos casos ni con la punta del nabo… pero es la expresión que procede. 

Un par de años antes yo había defendido a este mismo chaval (el día que lo conocí) ante unos gilipollas sumos que nos querían hacer novatadas por empezar el Insti. Concretamente a mi futuro amigo le iban a meter la cabeza en un retrete. Y ahí estaba yo, para decirle a todos esos cabrones que no, que no le iban a meter la cabeza en el retrete mientras yo estuviera presente. Y no se la metieron.

¿Pero a dónde quiero llegar con esto del póster de la zorra esta?

Pues que el mundo siempre ha estado lleno de sátrapas. Pero podemos (y debemos) defendernos de ellos. Aunque ellos ni se pispen, pues el poder anula todo tipo de raciocinio. Cuando quité el póster de la zorra, tras ser delatado por los futuros perfectos espenoles, la profesora (esa misma que había hecho llorar a mi amigo meses antes) me preguntó, con voz baja, que dónde estaba el póster de antes (el de la zorra). Yo lo había doblado, a posta, al revés, para que se viera al cretino de Tom Cruise, que estaba oculto pegado a la pared antes. Por ello me di el lujo de volver a desplegar el papelón, enseñar a la tetona (ya le hubiera gustado a ella tener esas tetas), de nuevo, y espetar un glorioso: “Es que no te enteras de nada, aquí detrás está la que dices”. 

Lo curioso es que ese mismo amigo fue uno de los que me señaló con el dedo. Pero no se lo tuve jamás en cuenta, porque de sobra sabía yo que la conducta torticera de muchos no significa que yo renuncie a mi obligación de defenderles cuando son atacados por los, supuestamente, poderosos.  Y ellos bien que me lo agradecen. Y amor se escribe sin hache. 

PD: Ni me quiero imaginar lo que le harían a un chaval, hoy en día, por colgar ese póster de la tetona. ¿Pueden los menores de edad ir a la cárcel de adultos o sólo pueden ser violados por los pederastas que les gobiernan? Nunca lo sabré, porque es totalmente imposible que suceda algo así hoy en día. No poder poner un póster pero sí deber ser adoctrinado y sojuzgado es lo más normal hoy en día. Será por eso que vivimos entre antifascistas de todo pelo. La zorra (no esa del póster) guardando el gallinero. De casi toda la vida. Hasta yo lo sufro ahora. Pero menos mal que soy mortal. ¡Qué bendición tan humana esa!

 

5 Comentarios

  1. Visto lo que hay en estos momentos actuales momentísimos actualísimos, parece de película lo que cuentas, y así era en verdad: sea como sea, aunque ya los lagartos estiraban los dedos para apuñalar, había algo más de libertad que ahora. ¡Gracias!
    Por cierto: a mí Samantha Fox me gustaba muchísimo.

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