Todos somos perfectos pero los hay a quienes les cuesta admitirlo. El problema es que, quién no asume que es perfecto asume, automáticamente, lo contrario, porque no hay más opciones. No se puede ser medio-perfecto pues eso evidenciaría ya cierta imperfección.

Todos somos perfectos, porque todos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, y Dios es perfecto, por definición. De ser imperfectos, ello evidenciaría la imperfección de Dios. Entonces le llamaríamos el Gran Chapucero, o tal vez G, a secas, para abreviar, pero nunca Dios, porque todos tenemos a Dios por “Don Perfecto”, también los ateos, cuya obsesión es encontrar fallos en la creación, para poder decir que Dios no existe.

Los ateos son seres que decidieron no admitir nunca la perfección. Buscan fallos en la naturaleza, y cuando creen que los encuentran, se ponen a arreglarlos. ¡Seres imperfectos arreglando imperfecciones! ¿Qué se puede esperar? ¿Cuántos de esos fallos de la naturaleza son causados, en realidad, por sus venenos?

Ateos, pero también creyentes, creen en vicios de nacimiento, en malformaciones genéticas, o congénitas (¡En el pecado original, vaya!) Pasan por alto que, en el universo infinito hay una infinita variedad. Unos y otros comparten su fe en la imperfección y unos y otros están convencidos de que pueden arreglarlo perfectamente.

Pero ¿Qué es la perfección sino la actuación correcta? ¿Asumimos pues que es imposible actuar correctamente? ¿Y por qué esperamos que los demás lo hagan? ¿Por qué queremos castigar a todos aquellos que no se comportan con corrección? ¿Creemos en la perfección ajena pero no en la propia? ¿Qué entendemos por imperfección sino la posibilidad de “echar una canita al aire”? ¿Puede ser que nos neguemos a asumir nuestra perfección por creer que eso nos impediría echar más canitas?

Nos han pintado la perfección como algo que cultivan filósofos y santones y nos han pintado a éstos como personas aburridas y hasta majaras. Se han encargado de pintarnos muy fea la perfección pero ¿Qué pensamos cuando escuchamos una buena canción, cuando contemplamos una buena obra de arte? Pensamos, sin duda, que es perfecta. ¿Qué es la perfección sino pura belleza?

¿Podría crear belleza un ser imperfecto? ¿Por qué ponemos, en un altar, a los grandes artistas, igual que los creyentes ponen, en un altar, a sus grandes santos? ¿Qué se admira, de unos y otros, sino su comportamiento intachable? ¿Qué te resulta bello sino eso a lo que no sabes encontrar fallo, eso a lo que no puedes poner pegas, eso que te induce a rendirte, sin condiciones. Pues eso evidencia que sí hay Dios y que sí ha habido y hay seres humanos que se sienten Dios, capaces de crear algo bello, único, irrepetible, original porque ¿Qué es percibir belleza sino percibir originalidad? ¿Y quién no tiene la suya propia?

Todos nacemos originales (No copias, no máquinas). Todos tenemos nuestro propio “sello”, nuestra propia “impronta”. Ser original es, tan solo, ser como eres, sin copiar a nadie. Ser perfecto es admitir tu originalidad, desplegarla y permitir que el mundo se sorprenda contemplando algo irrepetible (No copiado, no mecanizado) ¿Por qué nos atraen tanto las personas espontáneas sino porque nos transmiten su belleza original? Belleza original o pecado original. Eso es lo que se puede elegir, teniendo presente que no asumir lo primero lleva automáticamente a asumir lo segundo, porque no hay más opciones.

1 Comentario

  1. Claro que sí, la perfección…, imagina una obra de arte llena de cabezas pinchadas de políticos y “elites” genocidas, hipócritas, mafiosos engañadores, torturadores, ladrones, creadores de dolor, miseria y ruina y estado del malvivir, sería taaaan bonita y perfecta.

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