“Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo.” (Jn, 16; 33).

¿Será vencer al mundo la máxima aspiración del ser humano?.

¿De qué mundo nos habla Jesús? En el contexto de la frase queda delimitado por la aflicción. Sentimiento que abarca todo tipo de dolencia física, y también psicológica que abate nuestro espíritu. Su acción nos lleva, en circunstancias normales, al desánimo, preocupación, falta de interés hacia el quehacer diario, angustia y demás sentimientos paralizantes de todos conocidos.

¿Qué arma nos entrega Jesucristo por medio de su mensaje? También figura en el contexto: la paz. Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones; además de ausencia de preocupación en quedar bien o mal ante la opinión de los demás.

¿Qué tipo de vida activa la paz de que nos habla Jesús? Sin duda la caridad cuya práctica va desarrollando en cada persona esas cualidades reflejadas  en las bienaventuranzas y que culmina con la frase que las apostilla: “Alegraos y regocijaos…”. Frase en la que queda reflejada el alegato que figura al final de la cita evangélica: “Pero confiad; yo he vencido al mundo.”

  • Bienaventurados los pobres de espíritu …
  • Bienaventurados los mansos …
  • Bienaventurados los que lloran …
  • Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia …
  • Bienaventurados los misericordiosos …
  • Bienaventurados los limpios de corazón …
  • Bienaventurados los que buscan la paz …
  • Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia …
  • Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentiras toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

Bueno será para los católicos y cristianos  de buena voluntad, confiad en la enorme fuerza constructiva de la caridad, frente a las destructivas de la soberbia que solo pueden destruir lo material de la naturaleza y del ser humano, y todo ello, a costa de fortalecer nuestra terrena divinidad.

 

6 Comentarios

  1. En el fondo,el Estado Profundo o el Cabal-illuminati solo tiene una obsesión:implantar el reino de Satanás y Lucifer.

    Por eso y ahora más que nunca los,Católicos tenemos en esta guerra un papel fundamental,promulgando la paz,rezando,haciendo el bien,instigar a los poderosos a que cambien de opinión,y encaucen su camino hacia el Reino de Dios en la tierra.

    Teniendo de nuestro lado a la Santísima Virgen María ya se están viendo en todo el mundo fenómenos celestes:ángeles,carros de fuego apocalípticos,trinidades,apariciones marianas…algo está cambiando.

    • Joder, Rafael, bien podías estar pensando en el bien todo el día en lugar de en el mal.

      Hay cosas que ni se nombran.

      El mal nunca puede penetrar el bien, no te metas en él o quedarás atrapado.

  2. Interesante aportación. No obstante, hay una frase, un aforismo, que siempre he pensado que ha sido mal traducido (como muchos otros) de forma, probablemente, mal intencionada. Se trata de la primera de todas: “Bienaventurados los pobres de espíritu”.
    ¿Pobre? Pobre es alguien que carece de, al que algo le falta. Esto NO es correcto. De ser así, toda la ingente masa de hombres-máquina (ateos) y demonios (psicópatas) serán bienaventurados.
    Lo correcto en mi opinión debería ser “Bienaventurados los HUMILDES de espíritu”.
    Por lo demás, la purga continúa y nuestra lucha, también.
    Resistencia.

  3. El 18 de Octubre miles de niños de todo el mundo rezaron el Santo Rosario por la Paz y la Unidad. Es esperanzadora la participación de Ucrania, Iraq, Rusia, Siria, China, Nigeria… entre otros. La campaña “Un millón de niños rezando el Rosario” nació en 2005 y se inspira el la frase del Padre Pio: “Cuando un millón de niños rece el Rosario el mundo cambiará”

  4. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos.
    Pobre es el que carece de cosas, este término hace referencia a cosas materiales. También es pobre, según el contexto del evangelio, el que siente necesidad espiritual. Sin duda, la humildad conduce a la pobreza de espíritu.

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