nación española

“Cara sucia, cara sucia, / te viniste con la cara sin lavar, /
melenuda, melenuda, / también llevas la melena sin peinar.

Concha sucia, concha sucia, / te has venido con la concha sin lavar, / melenuda, melenuda, / esa concha que tenés sin afeitar, …”.

Estos descarados versos, tomados de un célebre tango porno erótico, podrían ilustrar y dar cierta idea de la cara que presenta España obscenamente manchada y pintarrajeada de cabo a rabo.

“Tango” es vocablo que procede de “tangere” (tocar o tañer). Recordemos aquello que le dice Cristo resucitado a María Magdalena, en lapidario latín de vulgata: “noli me tangere” (no me toques o, deja de tocarme); tema muy pintado entre tantos otros, por Ticiano, Corregio, Fra Angelico… 

SÍGUENOS EN TELEGRAM:

Hoy, con España hecha un cristo, habría que espetar eso mismo a aquellos que la manchan indiscriminadamente como sucede en Cataluña y Vascongadas, o desde Gibraltar, Rabat, Bélgica… Y también el Vaticano jesuítico que, con tango y tangue papal, se ha sumado voluntariosamente a la orgía globalista, comunistoide, nigrolegendaria y antiespañola.

Pero, no es necesario ir a Roma a buscar dónde invariablemente nos tocan los bemoles y pintan la cara cada día…

Seguramente todos hemos escuchado alguna vez ese aforismo popular que reza que, el nombre de los tontos aparece escrito en todas partes, referido a aquellos que rubrican furtivamente las paredes o pitan idioteces como aquello de “tonto el que lo lea”. Sentencia que ha debido quedar tatuada en la mente de buena parte de nuestra sociedad porque en esta España ya no cabe un tonto más; afirmación tristemente verdadera a la que lamentablemente se añade el que tampoco cabe un pintarrajo, ni un grafiti, ni un firmajo, ni una pintada más. 

Llamémoslo como queramos, el insoportable vandalismo grafico todo lo invade e incluso al BOE, donde cada día aparecen “pintadas” bajo la apariencia de disposiciones gubernamentales.

La realidad, la miremos por donde la veamos, es que España entera está pintarrajeada. Casi no existe lugar en que no encontremos la firma de algún imbécil sobre muros, cierres, escaparates, ascensores, transportes públicos, señalización, elementos de mobiliario urbano y todo cuanto existe en el espacio común. También, es difícil recorrer cualquier tramo de la red de carreteras, sin que aparezcan rubricas infames allá donde alcance la vista, resultando de especial bochorno en el entorno rural y hasta en los más pequeños pueblos de la España abandonada. 

Evidentemente no es este un fenómeno nuevo. Como sucede en tantas otras cuestiones, la costumbre de pintar o escribir a hurtadillas se observa indeleble en las paredes de las ciudades romanas de Pompeya y Herculano donde, como en el resto del Imperio, algunos ciudadanos expresaban quejas, opiniones, reproches y denuncias sobre cuestiones inconfesables. Esta forma de expresión fue llamada por los arqueólogos en el siglo XIX “graffiti”, y de ahí el apelativo que hoy de forma genérica se otorga tanto al vandalismo gráfico como a lo que no lo es tanto. 

Porque en realidad el fenómeno vandálico que hoy contemplamos responde en su mayoría a la especie tag o taggin, que significa “firma”, o mejor: firmajo, que no ha confundirse con otro tipo de manifestaciones gráficas callejeras como puede ser el llamado “arte urbano” que –aparte de otras consideraciones- tiene en mayor o menor medida una intención o fundamento estético y/o intelectual; o la “pintada” que tiene el carácter reivindicativo de una idea concreta, generalmente subversiva (de ahí su irrupción en el BOE con los rotuladores rojos de las agendas podemistas).

Hace décadas, el asunto no pasaba de ser anecdótico o mera gamberrada. Sin embargo, ese gamberro tradicional ha dado relevo en los últimos lustros a una caterva de adolescentes o tardo-adolescentes perpetuos y desorientados, víctimas del sistema educativo, la degradación moral y la incultura Hip-Hop entre otros vicios y manías.

Pero, aunque muchos percibamos los firmajos con un profundo desagrado e indignación, existen quienes se muestran comprensivos o incluso entusiastas con esa degradación delictiva y sincronizada. Esto es lo más grave, la impunidad con que actúan y la pasividad de quienes están obligados a perseguirlo y castigarlo ¿Cui prodest?

La colaboración, por acción u omisión, de las instituciones públicas, penetradas por las organizaciones social-demócratas -de derecha, o de izquierda y más allá-, es un factor determinante para que el fenómeno se reproduzca de manera exponencial e insoportable. Inacción dolosa que responde a propósitos políticos distintos de la banal intención de los autores.

Afirmo esto porque el propósito de esa estulta “chavalería” no es otro que reivindicarse a sí mismos en una competición donde básicamente está en juego la afirmación y publicidad de su ego frente a los otros; también a veces la reivindicación tribal del grupo al que pertenece. Rotundamente, los firmajos NO son expresión artística, ni de una idea. Se trata de una disputa por el reconocimiento afectivo de los colegas o competidores, con el propósito de obtener una posición destacada o hegemónica entre ellos, y de paso llamar la atención del sexo opuesto. 

Por eso el firmajo se manifiesta inflacionariamente en el territorio, señalando una demarcación (objeto y/o lugar) que el autor reclama para sí en exclusividad, porque al firmarlo lo declara conquistado. De ahí la audacia de algunos para colocar su marca antes, más o mejor y en lugares ciertamente inverosímiles y arriesgados, a la vez que de especial visibilidad. 

Pero atención, porque en realidad, inopinadamente, el fenómeno es una pieza útil al servicio de los socialismos anti sistema vigentes, interesados en la degradación y destrucción de los tradicionales valores morales y civilizatorios, para acometer el cambio global-totalitario que pretenden.

De esos valores a arrumbar, el fundamental es la libertad del individuo, que tiene en su base el derecho inalienable a la propiedad privada.

El fenómeno de las firmas vandálicas es precisamente un ataque y violación a la propiedad privada. Pero no sólo, puesto que la hipertrofia del fenómeno supone la suburbialización del espacio público, inmuebles residenciales, negocios o actividades que en él se hallan presentes, devaluándolos con pérdida de valor económica y social, motivado por la degradación estética y la intimidación que ejerce. Degradación que lo convierte en escenario violento intimidatorio que induce al miedo, una de las armas más eficaces para someter al individuo y la sociedad. Esta especie instrumental se está viendo cada vez con mayor variedad e intensidad: el apocalipsis climático, la pandemia, la guerra…

Los espacios pintarrajeados son óptimos focos de atracción para la algarada, el botellón, el tráfico y consumo de drogas, la delincuencia, las bandas (latinas u otras); o mismamente la ocupación ilegal de inmuebles. Fenómeno este último inicialmente ligado a los movimientos antisistema violentos, pero que de cualquier forma y junto al resto provocan esa intimidación, miedo y/o el terror en aquellos barrios, calles o inmuebles donde se instalan y operan.

El vandalismo grafico es un ataque al sistema, que pone en almoneda no sólo la propiedad y uso de los bienes, sino también la degradación del paisaje, el decoro y la dignidad de una España que tiene, sin ir más lejos, en el turismo una de sus industrias más potentes, ofreciendo al propio y visitante una penosa estampa. 

Existe en el pop español de los noventa un simpático tema, cuyo estribillo dice: “… y si te vuelvo a ver pintar / un corazón de tiza en la pared / te voy a dar una paliza por haber / escrito mi nombre dentro”.

Aparte de que quizás hoy la canción fuese censurada por machista a manos del puritanismo ultrafeminista, así es como la banda “Radio Futura” expresaba libremente un intranscendente conflicto de romántico amor adolescente. 

En buena medida, el fenómeno de los firmajos obedece a una actitud inmadura o adolescente, que encuentra justificación o utilidad para la política actual y su reflejo en la sociedad, en cuya conciencia van instalado dogmas variopintos para ejecutar la expropiación de todo cuanto, mental o materialmente, posee el individuo a título particular o colectivo. 

La España pintarrajeada representa para la sociedad un alto precio, no solo el moral o el económico, sino además el que supone la expropiación material, estética, y sentimental del espacio.

Debería ser una cuestión de urgencia el que la sociedad civil, las instituciones públicas y las organizaciones políticas -aún no contaminadas- comprometidas con la verdad, la libertad, la defensa de la nación y el estado de derecho, tomen muy en serio el asunto. Porque no olvidemos que el ataque a la propiedad o al patrimonio, sea cual sea su titularidad, es fundamentalmente un ataque contra la libertad.

Una nación y una sociedad que precie su dignidad, no debe consentir que se deprecie su paisaje porque siendo este el espacio vivencial, material y visible, es la piel cuya apariencia denota síntomas inequívocos de profundas patologías. 

Sinceramente, España por fuera tiene muy mal aspecto. 

Noli me tangere, noli mi pingere…

 

También te puede interesar...


Artículo anterior¡Gracias Valencia!
Artículo siguienteExasesor del Pentágono cree que Estados Unidos está detrás del sabotaje a Nord Stream
Fernando Garrido
Fernando Garrido (Toledo, 1965), es licenciado en Humanidades y master en investigación y gestión de Patrimonio Histórico y Cultural por la UCLM. Completó su formación académica en el Instituto Europeo de Diseño de Milán y en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cagliari. Ha desarrollado en el pasado diversas actividades como redactor gráfico para ABC o El Mundo, entre otros medios; también como emprendedor, creador, ilustrador y fotógrafo en el ámbito publicitario, editorial y moda. Pertenece y colabora con instituciones culturales y políticas, y es Caballero Mozárabe electo de linaje de la ilustrísima Comunidad Mozárabe de Toledo. Es autor de distintos trabajos de investigación y divulgación, así como de numerosos artículos sobre la actualidad político-social, la cultura y el patrimonio, dentro del proyecto digital ElCastellano.es, comprometido en contrarreforma cultural frente al globalismo postmoderno, la falsificación histórica, y la disolución de la naturaleza humana.

6 Comentarios

  1. Los perros hacen lo mismo cuando orinan en una farola o en la esquina de una pared: marcan el territorio. Definitivamente, la especie humana no avanza favorablemente.
    Resistencia.

  2. Es más común en las ciudades,una forma de educación urbanita,que solo entienden los que viven allí.

    En las zonas rurales les da dado por hacer murales realistas con fotos,por lo del turismo,como un cementerio de gigantes ,algo en verdad horrible,pues de cada cien solo un par de pueden considerar arte.

    Se trata de ensuciar,de ser incivicos,de practicar el grafiti inventado por los rojos,España ya no tiene solución,por qué la educación pública es una mierda.

    Por eso mismo tenemos lo que nos merecemos…el actual gobierno.

  3. Los mismo que dificultaron el voto del extranjero porque no les interesaba entonces el voto descontento, facilitan ahora el voto mucho las descontento desde el extranjero, y ahora voy yo y me creo que lo hacen para que gane VOX o el PP.

    Si analizamos los pasos de la nueva fórmula de voto desde el extranjero descubriremos el pucherazo.

Comments are closed.