Todos sabemos cómo funcionan las campañas electorales: con muchos miles de millones para cubrir los gastos. Y son las empresas fuertes las que financian al candidato que quieren que salga, no por el bien del país, sino para sus futuras inversiones, que tienen programadas con una antelación escalofriante.

Pedro Castillo, un profesor de campo, fue elegido presidente de Perú hace un año y lo hizo con ayuda exterior y, una vez en el cargo, toca devolver los favores en forma de dádivas o copiar el modelo seguido por los ayuntamientos peruanos que, para realizar una obra pública, le exigen a la empresa una coima porque, de lo contrario, no hay licencia.

Perú tiene un sistema político, económico y social por cuya sangre corre corrupción más pura que la cocaína que se produce en la selva; y para exterminar ese cáncer habría que echarlo todo abajo, incluyendo el modelo en el que se vota, a la fuerza, por candidatos más que corruptos.

No es descabellado pensar que ha habido fraude electoral para que tal ignorante fuese elegido presidente de un país tan rico (en una cena con empresarios, tras su comparecencia en la ONU, no se le ocurrió otra cosa que contar la historia del tamborcillo, frente a lo cual los norteamericanos no sabían dónde meter la cabeza de vergüenza ajena). De hecho, tampoco lo es que el resto de presidentes de las naciones progres y globalistas tengan la misma tara. Pero el objetivo de este artículo es relatar cómo este sujeto ha recibido artillería para su vacunitis aguda –y ahora para los niños—, comprando millones de dosis que nadie quiere, mientras el hermano del primer ministro se beneficia de los venenos guardados en un depósito; todo ello cuando las grabaciones y los testimonios lo vinculan a un gravísimo caso de corrupción en el que ni la misma prensa mermelera ha podido mirar a otro lado ante lo nauseabundo del escatológico asunto.

Hace poco tiempo llegó a Lima la OEA para celebrar su cumbre número 56 y lo hizo por todo lo alto: disfrazando a los niños con los colores del adoctrinamiento de género, invitando a gays, trans y a lesbianas, y viendo cómo implantar su sucia agenda 2030 en toda Sudamérica. Todo ello mientras Pedro Castillo hablaba del firme compromiso contra la corrupción cuando él es primer corrupto. 

La fiscal general del Estado ha dictado denuncia constitucional, ante lo cual el gobierno democrático no ha tardado en rasgarse las vestiduras y ha llamado nuevamente a la OEA para que ponga orden en el gallinero, en nombre del buen desarrollo “democrático”, y aleje el fatídico destino que le espera, que ya sufrió su esposa y su cuñada, que en estos momentos está cumpliendo prisión preventiva.

Dentro de poco, volverá la Organización de los Estados Americanos a Perú, para poner orden y hacer que su caudillo y marioneta no tenga que salir por la puerta falsa como lo hizo Fujimori al huir a Japón o Alán García al buscar exilio en otro país. Está claro que la ONU y sus organismos internacionales como la UNICEF o la UNESCO, así como la Unión Europea e incluso la Reserva Federal sirven a sus diabólicos amos que son los Rothschild y otros históricos magnates, de modo que son compañías privadas. ¿Cómo se puede admitir que semejante mafia decida el futuro de países como Perú, por no mencionar España o Argentina como otros ejemplos? ¿Cómo se entiende que un presidente en apuros llame a sus amigos satánicos para que lo protejan, con tal de imponer a la fuerza la agenda 2030, o la agenda genocida del siglo XXI?

Lo que está claro es que para ser presidente de un país no hace falta ser un genio, ni tan siquiera ser un mediocre, sino un ser ambicioso, torpe, inculto, narcisista, psicópata, con menos escrúpulos que una cucaracha. Todo depende de que el pueblo reaccione y desobedezca a semejantes mentecatos de una vez para hacer cumplir la democracia.

 

3 Comentarios

  1. Pedro Castillo es un psicopata y asesino descarado, ha mantenido durante varios meses una ley de falso “estado de emergencia covid” prohibiendo a los peruanos no vacunados con el veneno oxido de grafeno entrar a cualquier local público o privado a comprar productos básicos, sin embargo, de una población de 32 millones, hay 4/5 millones de peruanos no pinchados, según números oficiales, ¿como han sobrevivido durante ese tiempo esos peruanos? Comprando en mercadillos al aire libre y en tiendas que sacaban la compra a la calle. Esos peruanos que se han defendido del asesino pedro Castillo son superheroes. Pedro Castillo debería estar en la cárcel.

  2. Otro borrico instalado por los masones,es siempre el mismo patrón,llevan muy enserio lo de aniquilar a la población.

    El búnker subterráneo más grande del mundo se encuentra en Brasil,con comodidades y comida para más de 10 años,y capacidad para 5.000 personas,que son el conjunto de las personas más ricas e influyentes del mundo,los principales miembros de la masoneria.

    Además de matar a la población,pretenden destruir gran parte del mundo,y hacer que los sobrevivientes obedezcan a un único líder mundial,donde no habrán ni países…solo territorios.

    Su único obstáculo sigue siendo el Cristianismo.

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