Toca

Toca hacer la maleta: vuelvo a Pamplona a continuar con mis estudios, vuelvo a tener que dejar mi amada tierra para adentrarme en las lúgubres laderas norteñas. De repente me sobrevienen miles de recuerdos, la memoria se me desboca como un caballo que quiere liberarse del yugo que lo esclaviza.

[Precisan mecánicos, montadores y administrativos en varios municipios madrileños]

Las tardes en Pedregalejo tomándome una cerveza con la agradable compañía de mis amigos y del calmo mar de sus calitas, contemplando el rojizo cielo tan propio del ocaso sureño que, quemando el día que ya pasa, abre la puerta a la noche, dama y señora de mi Málaga, reina de esta gran fiesta trimestral que llamamos verano; las mañanas en bici pateando la tan auténtica como hermosa costa este: El Palo, El Candado, La Araña, El Rincón, Chilches, Benajarafe, Torre del mar, Torrox, Nerja…; los paseos en tren de cercanías mientras el traqueteo da sonido a la más famosa de las costas españolas, que presenta, como si de un pase de modelos se tratase, sus señeras al través de la ventana: Torremolinos, Benalmádena, Fuengirola…; el tridente del lujo europeo: Marbella, bastión de la fama y la riqueza, flanqueada por Mijas y Estepona; las entrañables visitas a los hermosos pueblos de Ronda, Antequera, Frigiliana…; las comidas en El Pimpi, en El Tintero —que yo… ¡cobro!—, en Los Mellizos…; las veladas de pesca, las eternas jornadas de playa, los mitá’ en el Café Central, en pleno corazón del centro, acompañando a la enseña nacional en su custodia de la señorial plaza de la Constitución, que es corona triunfal de la calle más bonita de España, la calle Larios; el Cartojal en la feria de día, el flamenquito en La Espiga en la de noche; el incesante zarpar de los aviones visto desde la bahía de Los Álamos, que te hace pensar por un momento que estás en Los Ángeles, hasta que ves a la Paqui desde su sillita gritándole en andaluz cerrado a Pedro, su nieto, que se eche crema antes de meterse en el agua; el errabundo deambular por los innumerables parques de la capital, aprendiendo más historia  con las placas de las estatuas que los habitan que en un curso entero en la facultad; y, por supuesto, ese pasar con el coche o con la moto por la triple entente: Avenida Andalucía, Alameda, Paseo del Parque, que te deja embelesado con la hermosura que desbordan sus barrocos edificios, regidos por la prominencia de la “manquita” Catedral, sus glorietas altaneras, que unen con audacia las tres avenidas, sus verdes jardines, que yerguen en los flancos un estandarte natural y ordenado que regala al transeúnte un fondo incomparable para el pensamiento y la tertulia, y sus vetustos monumentos, que condecoran la grandeza que la historia ha reservado para esta gran ciudad española.

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Picasso, Theodor Reding, Cánovas, Tribucio Arnáiz, Herrera-Oria. Todos ellos, y muchos más, me vienen en un mismo momento a la mente. Me los empiezo a imaginar como gigantes abrazando la ciudad entera, velando por su flor de la Costa del sol. Pero se disipa todo tan rápido…: mi madre entra en la habitación y me pregunta por qué estoy llorando. ¿Y ahora cómo se lo explico? ¿Cómo le explico que lloraba de emoción, que es mi Málaga querida y todo lo que ella me regala lo que hace que se me ericen los vellos del cuerpo, que mi corazón gima por el alado transcurrir del tiempo, por esa efimeridad eternizada que es la vida y que ahora me impone su despedida? ¿Cómo le explico que Málaga no solo es mi primer amor, sino mucho más que eso: que Málaga es y siempre será la niña de mis ojos, el amor de mis amores? Imposible. Hay cosas que no se pueden decir con palabras, que son inefables. El amor, la admiración, el respeto que siento por Málaga es una de ellas. Por eso gritaré a los cuatro vientos con Miguel Hernández que “me voy, me voy, me voy, pero me quedo”, porque un malagueño de verdad nunca se va del todo cuando se va de Málaga.

2 Comentarios

  1. ¿Eres feliz en un sitio y te vas a otro sitio, que según tú, es “lúgubre”… ¡No lo entiendo!

  2. Cuántas veces en la vida nos tenemos que ir porque ese es el camino del volver. Ánimo, amigo, yo también hice muchas veces la maleta para irme de mi amada Cantabria a la noble Castilla, y en todos lugares hay belleza y aprendizaje.

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