monte

Mientras escribo esto, veo arder “La Covalta” desde la ventana de mi habitación. La Covalta es una sierra, vale, pero es como de la familia: Es esa sierra que nadie puede (ni quiere) ocultar, cuando toma una foto del pueblo; es esa sierra, a la que todos subimos, de críos, para demostrar y demostrarnos que ya no lo somos tanto. Es una montaña iniciática, misteriosa: Se llama Covalta porque, en su parte más alta, tiene una cueva, dentro de la cual mana una fuentecilla. ¡Quién no ha probado su agua, no puede decir que “es de aquí”!

Precisan mecánicos, montadores y administrativos en varios municipios madrileños

Las llamas que veo, me recuerdan aquellas que vi, hace más de veinte años, en el mismo sitio, y me recuerdan que fue entonces cuando decidí que nunca más me volvería a presentar voluntario para apagar un incendio. La tele nos decía “Cuando el monte se quema, algo tuyo se quema”, y eso fue cierto pero dejó de serlo, cuando se adueñaron de él los burócratas de la ciudad. Ahora no se puede recoger leña ni se pueden utilizar sus plantas medicinales. Casi todo está prohibido y, si algo no lo está, hay que pedir permiso a esos burócratas que nunca beberían agua no clorada.

Hace más de veinte años me jugué el tipo, como muchos otros de la vecindad, para apagar La Covalta. Logramos apagarlo todo, salvo un pequeño foco que ardía en el interior de un barranco inaccesible. Ya solo era cuestión de que alguno de los helicópteros y aviones que nos sobrevolaban, vertieran su carga en ese barranco, y fin del incendio. Felices al ver que nuestro esfuerzo había valido la pena, gritábamos, como niños, al ver pasar cada aeronave -Aquí, aquí, descarga aquí- pero cual fue nuestra sorpresa al ver que, uno tras otro, pasaban de largo y vertían el contenido de sus depósitos sobre las rocas peladas de la cima. ¿Por qué hacían eso? Lo averigüé más tarde: Resulta que esos medios aéreos obedecían a la Diputación de Alicante y la cima señala el linde entre provincias. Su interés no era apagar un fuego que ardía en Valencia sino que no pasara al otro lado de la “frontera”. Así fue como un fuego, totalmente controlado, se descontroló totalmente y calcinó la montaña entera. Es por eso que, los que lo vimos, nos dijimos “Nunca más”.

Empieza a llover (también cae algo de granizo) mientras repaso lo escrito. Desde mi ventana veo como una tupida cortina de agua se acerca, más y más, a la Covalta, y veo como las llamas se achican, más y más, hasta desaparecer por completo. La Covalta se ha salvado esta vez, por pura suerte, porque la suerte es lo único que puede salvar nuestros montes, desde que cayeron en manos de los burócratas de la ciudad. Ellos no los limpian ni nos dejan hacerlo (Su especialidad es jugar al tetris en sus oficinas). No están interesados en la prevención sino en la extinción. Para eso contratan aviones y helicópteros que nos cuestan un riñón por viaje. A la lluvia la llaman “mal tiempo” y puedo entenderlo, viendo como les ha fastidiado el negocio.

5 Comentarios

  1. Nos hace falta mas relatos como èste para que la gente abra de una puñetera vez los ojos, tengo que agradecer tambièn a Raul de un murciano encabronao donde explica en sus videos que es lo que se quema y que no y el porquè, en referencia a este artículo donde explica tambien como funciona el tema de las quemas en este pais, precisamente ayer leia un artículo de esos periódicos desinformadores y decia lo siguiente: los bomberos en primera linea de fuego saben que el campo ya no interesa mantenerlo a los agricultores, me quedè helado, hemos pasado de un incendió descontrolado arrasando hectàreas y ohhhhh aparece el causante, una colilla, una barbacoa mal apagada y ahora clausurado una empresa que fabricaba artefactos para quemar montes, ohhhh, fijatè, siempre se culpó a los ganaderos de las quemas y mira tu por dónde se destapan, empresas que reforestan, ayudas UE por quemas etc etc
    Lo peor es que seguimos pensanndo que cambiando el voto esto dara un giro de 180 grados, si, a nuestros bolsillos

  2. Esa famosa frase de hace muchos años, que servía para concienciar sobre los incendios, tenía un añadido que era casi tan popular como la frase oficial. “Cuando el bosque se quema, algo su suyo se quema, Sr.Conde.” . Aquello escrito o dicho como crítica hacia quien ostentaba la propiedad de los bosques o campos, vuelve a estar de actualidad, no ya como la desgracia del incendio sino como la propiedad de los mismos, pero ya no es del Sr, Conde, son los ayuntamientos, diputaciones, autonomías y gobierno y claro, en tan distinguida cadena me madamases, seguro que a alguno, si no a todos, algún interés le mueve en que todos estos incendios se produzcan y descontrolen o peor aún , que unos terceros sean quienes más se beneficien o les sirvan para ejecutar sus planes globalistas, que es lo más probable.

  3. Aquí tenemos por qué en la ESO se enseñan tantas estupideces, pero no se enseñan unos rudimentos de derecho a todos los alumnos. Si se hiciera, esos vecinos, en lugar de quedarse con un palmo de narices, hubieran presentado una denuncia colectiva (y cuando digo DENUNCIA me refiero a una penal, no a contar en la taberna o la prensa el suceso).
    Porque eso huele a prevaricación, malversación de caudales públicos y otra docena de delitos tipificados. Pero claro, hay que leerse el Código Penal. Y !Ellos” no nos lo van a leer. Ni nos van a contar que las denuncias penales son gratuitas. No vaya a ser que nos aficionemos.
    Y a lo mejor, una denuncia no prospera, pero llegará el día que alguna prospere. Y si eso se repitiese muy a menudo, otro gallo nos cantara.

  4. No se si se sabrá pero, haciendo hincapié en esa enseñanza en los colegios, aquí hay una escuela de hostelería en la cual se imparten clases de derecho, como una asignatura más. No se exactamente el contenido, aunque imagino que será civil y mercantil. Lo se porque las clases las imparte una amiga. No digo que no sea necesario, pero es bastante significativo el tener conocimientos de derecho para un futuro cocinero y no tenerlo para desenvolverte en la vida desde una básica educación en los colegios.
    Le doy toda la razón, Intermedia A.

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