novilladas

Arganda del Rey, Villaseca de la Sagra, Algemesí, Calasparra, Arnedo y algunas otras valientes y dignas localidades con sabor y olor a agro, son los antepenúltimos vestigios de algo que, urgentemente debe rehabilitarse y fortalecerse.

[Convocatoria de 450 plazas en la Escala de Científicos de los Organismos Públicos de Investigación]

No entiendo el porqué de tanta desidia a la hora de organizar una novillada. En realidad, sí lo entiendo, ¿cómo no lo voy a entender?, se trata del parné, el maldito parné. Como pagano de tendido no se me alcanzan otros motivos, puesto que para mí una novillada, con o sin picadores, es una cita que me resulta de lo más sugerente. Así como el rejoneo actual, se me hace bola, una terna de bisoños toreros, despierta toda mi atención y, rara vez, si la ocasión se presenta, dejo de asistir.

No sé, más allá de la bolsa de los cuartos, a qué juegan los crupieres que reparten el juego, porque si no cuidamos la cantera, malamente sobreviviremos otros mil años.

No entiendo de legajos ni de administraciones, aunque sí intuyo las golferías, pero se me antoja que debemos tirar por la calle de en medio, es decir: organizar más novilladas y dar cancha a quienes quieren ser algo, en esto tan nuestro. Cuántos buenos toreros se han malogrado, por no haber tenido dónde foguearse. Los aficionados hemos visto demasiado fugazmente a muchos novilleros, con muy buenas maneras, de los que nunca más supimos. No todos aprenden igual de rápido, ni todos llevan los mismos derroteros, el toreo no es algo estructurado ni métrico. La paciencia es la madre del cordero, pero, claro, si no hay dónde, difícilmente se puede ver fruto alguno.

Por eso las localidades arriba mentadas, tienen el doble mérito de creer en el romanticismo y en el toreo, mas no quiero decir con esto, que los hacedores de esos seriales, sean lelos y les guste palmar dinero, tiempo y prestigio. Serán muy románticos, pero también les gustará gozar de la cosa crematística, vamos, digo yo. De lo contrario, el cuento de la lechera, o lo que es lo mismo, el futuro del negocio, se vería muy seriamente perjudicados.

Las novilladas, con o sin los habituales picadores que las suelen malbaratar, son posiblemente, más necesarias que nunca, pero a pesar de tantas y tan onerosas trabas burocráticas, se debe apostar por este tipo de festejos que, como vemos en los lugares donde se organizan, gozan de gran predicamento.

*Un artículo de Bienvenido Picazo