sociedad

La antropología oficial nos dice que, cuando el ser humano dejó de recolectar frutos silvestres y se hizo agricultor, pudo acumular excedentes con los que empezó a comerciar. Los antropólogos vinculan así agricultura y comercio como si lo segundo fuera consecuencia natural de lo primero, lo cual es ya, de por sí, una explicación engañosa y, en cualquier caso, insuficiente. ¿Cómo podrías comerciar con tu vecino, teniendo él tantos excedentes como tú? Necesariamente tuvo que influir algo mas pues el comercio se basa en la idea de que yo tengo algo que tú no tienes y necesitas tener (Se basa en la desigualdad).

[Convocatoria de 450 plazas en la Escala de Científicos de los Organismos Públicos de Investigación]

Siendo adolescente ayudé, muchas veces, a mi padre, en las labores del campo. Una vez presenciamos algo que nos dejó atónitos. Resulta que la plantación de patatas de mi tío, colindante, se heló completamente y la nuestra se salvó toda. Medio metro de desnivel que había entre las parcelas fue determinante. Ese año le dimos muchas patatas a mi tío. Con esto quiero decir que, para comerciar, no solo hace falta disponer de un excedente; también hace falta que el otro esté necesitado. Para que pueda haber comercio, no solo me hace falta tener una buena cosecha; también necesito que la del vecino sea mala. Heladas, pedriscos, sequías y lluvias torrenciales fueron providenciales para el auge del comercio pero todavía tuvo que haber algo más ¿Qué más? Egoismo -Si yo tengo comida en exceso y tú no tienes ¿Qué no estarás dispuesto a pagar para poder alimentar a tu familia?- El comercio se basa pues en aprovechar la debilidad ajena, lo que es, ya de por sí, una falta de amor. Dice la principal ley del comercio que es la escasez la que aumenta el valor de las cosas.

¿Estoy insinuando que todos los comerciantes son malas personas? No, éste sistema de escasez forzada nos vino impuesto, y todos lo vivimos como algo natural. A todos se nos “educó” en las bondades del comercio (También a los antropólogos) pero ¿Qué bondad hay en negar el pan y la sal a quién no puede pagarlo? Cuentan que fueron los fenicios los que lo inventaron (el comercio) y también el dinero, la banca y hasta los números y las letras. ¿No se basa nuestra sociedad actual en esos mismos inventos? ¿No podemos decir que seguimos siendo rehenes de los fenicios, que seguimos pensando lo que ellos nos enseñaron a pensar? Si no nos enseñaran a leer y a escribir, no podríamos firmar los contratos que los banqueros-fenicios nos proponen, y no podrían quedarse con todo, utilizando ese engaño matemático que llaman “interés”. El quid está en enseñarnos pero no demasiado, en enseñarnos lo justo para poder alegar ellos ante un juez, si se presenta el caso, que tenemos suficientes conocimientos para entender lo que firmamos, aun siendo evidente que la inmensa mayoría no sabe interpretar su hipoteca, y ni siquiera su nómina.

No es ningún secreto que les falta poco para quedarse con todo. Por medio de sus representantes han dicho públicamente que, en el año 2030 no tendremos nada y eso significa que, para entonces, esperan haberse apropiado, no solo de todas las cosas sino también de todas las personas. Cierto que hay quién lo percibe y piensa en revertir la situación, en crear una nueva “sociedad del amor” que sustituya a la sociedad de la escasez, del miedo, que ellos inventaron pero esos disidentes ¿Son capaces de comprender que acoger el amor implica eliminar el comercio?

La idea de abolir el comercio no es nueva. Jesús la expuso, hace cientos de años: -Da sin esperar nada a cambio- decía. Dar es lo opuesto a comerciar. Dar es una prueba de amor y comerciar, lo que demuestra, es codicia. ¿Qué empresa no tiene, como fin, crecer y crecer? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta dónde? ¿Crecer como han crecido esas multinacionales fenicias que pretenden quedarse con todo?

Jesús expuso el problema y también la solución. Antes que él lo hicieron otros, y también después. Amor es lo que se siente al dar sin esperar nada a cambio pero eso no lo puede saber quién piensa comercialmente, y quién no puede saber lo que es amar ¿Cómo va a contribuir a desarrollar “la sociedad del amor? Quién se siente incapaz de dar, da fe, con ello, de su “miedo-a-que-le-falte”. ¿A qué puede contribuir un miedoso sino a mantener la sociedad del miedo?

El Evangelio demuestra que todo esto que estoy diciendo se sabe desde hace mucho; que la humanidad arrastra, desde hace cientos de años, este problema que, hasta ahora, no se ha atrevido a resolver (En él se puede leer que solo los intermediarios financieros, los cambistas, los que se lucran con el interés, lograron sacar de sus casillas a Jesús, que la emprendió, a latigazos, con ellos). Pero las cosas están cambiando, pues si durante mucho tiempo pudimos dar puntapiés al problema, con la intención de desplazarlo hacia adelante, hacia el futuro, ahora ya no podemos. Entiendo que, algunos de los que se dedican al comercio, se ofendan por mis palabras, pese a que no digo nada nuevo. Entiendo que los que piensan comercialmente se enfaden. Yo también pensé de esa manera y sé que el enfado es lo que permite “mirar hacia otro lado”. Yo también me enfadé, alguna vez, con los que me daban argumentos que chocan con lo que nos “enseñaron” en las escuelas fenicias.

Hubo un tiempo en el que los fenicios se conformaban apropiándose de nuestras cosas y cuando ya no tuvimos cosas, nos obligaron a trabajar para ellos. Pero el caso es que ahora tienen máquinas que pueden hacer casi cualquier trabajo y ya no les servimos, ni como esclavos. Es por eso que nos quieren eliminar de este mundo, que están haciendo suyo, gracias a ese engaño matemático que llaman “interés”. Ya les falta muy poco. Ya no se puede confiar en que se solucione el problema en el futuro. Ya no no hay futuro que valga, y eso mismo me permite concluir que, esa sociedad de amor, de no-miedo, que todos ansiamos (También los fenicios) está a la vuelta de la esquina.

2 Comentarios

  1. Mucho cuidado con esto, porque la abolición del comercio es precisamente uno de los pilares de la sociedad distópica que pretenden instaurar los psicópatas de la Agenda 2030. He aquí la traducción de aquel artículo del FEM del que se surgió la ya conocida frase “no tendrás nada y serás feliz”: https://www.proyectum.com/sistema/blog/bienvenido-al-2030-no-tengo-nada-no-tengo-privacidad-y-la-vida-nunca-ha-sido-mejor/ Si leemos más allá del famoso título, nos encontraremos con que la autora propone la “economía circular” y habla de “la muerte de las compras”, es decir, de la desaparición del comercio.

    El comercio no es una imposición ni una invención diabólica, sino un mecanismo lógico y natural. La única forma de abolirlo es mediante un sistema en el que una Inteligencia Suprema benefactora se encargue de proporcionar de forma constante todo aquello que necesitamos. El señor Ruiz Valls, supongo, podría señalar que, en efecto, es así, y esa Inteligencia Suprema es Dios. Lo cual me parece muy bien, pero para ello sería necesario que la Divinidad (sea cual sea) decidiera poner fin a nuestras tribulaciones, celebrar el Juicio Final e instaurar su “reino” (nuevo sistema). Todo lo cual depende única y exclusivamente de los designios que tenga Dios, y no de lo que hagamos o dejemos de hacer los humanos con nuestras vidas. Es decir, no tiene ningún sentido proclamar ahora: “deberíamos abolir el comercio y vivir en la sociedad del amor”, porque algo así es imposible en las circunstancias actuales, y solo una Inteligencia sobrehumana podría instaurar tal sistema.

    La otra opción, evidentemente, es la que plantea la Agenda 2030: que sea el Estado el que desempeñe el papel de Benefactor, apoyado por la Inteligencia Artificial. Es decir: neocomunismo en estado puro.

    • Las tribulaciones empezaron, para el ser humano, en el momento en que sacó a Dios de su interior y lo envió a vivir “al espacio” (Al cielo). Desde entonces se siente desamparado. Las tribulaciones acaban, para el ser humano, en el momento en que vuelve a meter a Dios en su interior.

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