Os traemos un nuevo vídeo taurino, de la mano del programa de Canal Sur, ‘Toros para Todos’, un reportaje en el que se explican las teorías que explican cuándo y por qué embiste el toro bravo.

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Según se explica en el vídeo, una de las teorías que explica que el animal se arranque para atacar, observa un reducto de fiereza ante el depredador, que el ganadero se encarga de potenciar.

Os dejamos con este interesante vídeo…

3 Comentarios

  1. Hay muchos estudios serios y metódicos de etología bovina, de etología aplicada al animal doméstico, de etología general y de estudios del comportamiento de una especie en particular a partir de hipótesis ecológicas, evolucionistas u otras. Los machos de los bóvidos, despliegan una agresividad dirigida no contra el depredador percibido o la amenaza percibida sino para proteger su territorio de pasto o para ahuyentar a competidores sexuales.

  2. Aún espero que se publique el comentario del artículo del paseíllo, tiene que ver mucho con esta exposición y orientación espiritual. El toro bravo representa al enemigo invisible, el miedo a la muerte, el velo que impide despertar al hombre y ponerse recto.

    Es incuestionable que nuestro celebérrimo e indestructible circo taurino, en el fondo, no es sino una supervivencia ancestral antiquísima de aquella fiesta de sacrificio Atlante, cuya descripción se encuentra todavía en muchos libros secretos.

    Son en realidad muchas las leyendas existentes en el mundo, sobre aquellos toros sueltos en el templo de Neptuno, animales a los que no se les rendían brutalmente como hoy, con picas y espadas, sino con lazos y otras artes de clásica tauromaquia.

    Vencida ya en el ruedo sacro, la simbólica bestia, era inmolada en honor de los Dioses Santos de la Atlántida, quienes cuál el propio Neptuno habían involucionado desde el estado Solar primitivo, hasta convertirse en gentes de tipo Lunar.

    El clásico arte taurómaco es ciertamente algo Iniciático y relacionado con el culto misterioso de la Vaca Sagrada.

    Ved; el ruedo atlante del templo de Neptuno y el actual, ciertamente no son, sino un zodíaco viviente, en el que consternado se sienta el honorable público.

    El Iniciador o Hierofante es el Maestro, los banderilleros de a pie, son los compañeros. Los picadores a su vez, los aprendices.

    Por ello estos últimos van sobre el caballo, es decir, con todo el lastre encima de su no domado cuerpo, que suele caer muerto en la brega.

    Los compañeros al poner las banderillas o bastos ya empiezan a sentirse superiores a la fiera, al Ego animal; es decir, que son ya a manera del Arjuna del Bhagavad Gita, los perseguidores del enemigo secreto, mientras el Maestro con la capa de su jerarquía o sea con el dominio de Maya y empuñando con su diestra la espada flamígera de la voluntad, resulta a la manera del Dios Krishna de aquel viejo poema, no el perseguidor, sino el matador del Yo animal, de la bestia, horripilante monstruo bramador que también viese en el KAMELOC o KAMALOKA el propio Rey Arthus, jefe supremo de los insignes caballeros de la mesa redonda.

    Es, pues, la resplandeciente tauromaquia Atlante, un arte regio profundamente significativo, por cuanto nos enseña, a través de su brillante simbolismo, la dura brega que debe conducirnos hasta la disolución de los Yoes psicológicos.

    Cualquier vistazo retrospectivo relacionado con el esoterismo taurino, es indubitable que puede conducirnos a místicos descubrimientos de orden trascendental.

    Como hecho de actualidad inmediata no está de más citar el profundo amor que siente el torero por su virgen; es ostensible que a ella se entrega totalmente antes de aparecer con su traje de luces en el ruedo.

    Esto viene a recordarnos los Misterios Isíacos; el sacrificio terrible de la vaca sagrada y los cultos arcaicos de IO, cuyos orígenes devienen solemnes desde el amanecer de la vida en nuestro planeta tierra.

    Resulta patético, claro y definido, que sólo IO, Devi Kundalini, la Vaca Sagrada, la Madre Divina, posee en verdad ese poder mágico serpentino que nos permite reducir a polvareda cósmica el Ego animal, el toro terrible, la bestia bramadora del ruedo de la existencia.

    Parsifal, el torero del astral, después de la dura brega en el ruedo maravilloso de la vida, se convirtió, de hecho y por derecho propio, en ese casto inocente de la dramática Wagneriana, anunciado por la voz del silencio entre los exquisitos esplendores del Santo Grial.

    Saludos cordiales

  3. Muy bueno. Faltaría, tal vez, alguna que otra referencia tal y como pueda ser al mitraísmo o a la tauromaquia en Creta. Más allá de los precedentes esotéricos e históricos, la tauromaquia se nos presenta como un símbolo y una vivencia profunda entre la bestia y el hombre, entre el dominio que se puede ejercer sobre una realidad animal por medio de la entrega, el sacrificio personal, el valor y la conciencia. La muerte del toro es la culminación y el nacimiento o renacimiento a una vida superior postanimal. El arte del toreo es un feliz ayuntamiento entre estética y transfiguración personal, un religare con lo divino. Al toreo no se le crítica por animalismo sentimentaloide o por compasión con el bicho sino porque encarna valores contrarios a la debilidad, a las mariconadas contemporáneas, a la complacencia feble con un mundo material estéril o la negación de la virilidad como virtud; de vis, vis ambos.

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