Crespón

La muerte del teniente coronel de la Guardia Civil jefe de la Unidad Especial de Intervención, Pedro Alfonso Casado, ha puesto sobre la mesa el debate sobre si un agente de la autoridad debe hacer uso de su arma reglamentaria cuando tenga indicios razonables que su vida está en peligro o para detener a quien transgrede la ley.

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De 50 años de edad, casado, padre de dos hijos, se forjó en el Grupo Antiterrorista Rural (GAR), punta de lanza de la Guardia Civil para enfrentarse a los comandos etarras -es bueno recordarlo, ahora que quieren vendernos que fueron unos santos varones en vez de asesinos sin escrúpulos de tiro en la nuca a traición- hasta pasar a la Unidad Especial de Intervención (UEI), unidad de élite de la Guardia Civil que se enfrenta a las misiones policiales más duras, en la que llevaba prestando servicio desde hace muchos años.

Personado al frente de su equipo en la localidad vallisoletana de Santovenia de Pisuerga desde su acuartelamiento en Valdemoro para negociar la entrega de un drogadicto, que vivía de okupa en una vivienda en un edificio en el que hay varias de ellas okupadas, con antecedentes penales, que horas antes ya había matado a otro vecino del inmueble por una discusión, y que mantenía como rehén a la pareja de su propia hija. Será presunto drogadicto, okupa, delincuente, secuestrador, asesino, pero no tonto. Era consciente de lo que había hecho y se entregó pacíficamente a las dos de la tarde para que su abogado pueda coger con pinzas su defensa de “entrega voluntaria”.

El equipo de la UEI había llegado al pueblo a las siete de la mañana; el teniente coronel Pedro Alfonso Casado se encontraba junto al negociador, a escasos metros del delincuente, con el chaleco antibalas y casco reglamentario puesto, y sobre las ocho y cuarto de la mañana, el asesino, presunto según la ley, efectuó “un disparo a ciegas”, con tanta puntería que atravesó el cerebro de este guardia civil que, con el espíritu y cumplimiento del deber, no puede hacer uso de su arma reglamentaria en una democracia imperfecta como la española, aunque su vida se vea amenazada, dándole esa ventaja al delincuente, que dispara ocurriendo lo inevitable, y lo inevitable es que el agente pierde la vida y el asesino la conserva.

Luego vienen los plañideros y las lágrimas fingidas de quienes han antepuesto los derechos de quienes se saltan la ley, porque algún día pueden ser ellos los que se encuentren en tal situación, ante los de los ciudadanos honrados y cumplidores, y ante la policía y resto de fuerzas de seguridad del estado, pues el Código Penal español es tan benévolo con el delincuente como duro con el agente que ose hacer un disparo, dé o no en el objetivo sobre el que se hace. Él cumplirá con su deber, obedecerá hasta morir y su asesino, en el mejor de los casos, será condenado a prisión, bien mantenido, cuidado y sin ninguna responsabilidad de trabajo, tendrá sus días señalados de alivio sexual, permisos carcelarios y, si es amigo de alguien importante o necesario para que alguien siga u obtenga el poder, será amnistiado.

Solamente nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Pero hay demasiadas tormentas en la España actual. Acabo estas líneas con mi pésame a la familia del teniente coronel caído en el cumplimiento de su deber, a la Guardia Civil en su totalidad, que algún sepulcro blanqueado lamenta ahora cuando antes vilipendió llamándoles “piolines”, y poniendo un crespón negro más en la historia de España.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

2 Comentarios

  1. Un gran hombre asesinado por una alimaña. Descanse en paz, mi teniente coronel. Es vergonzoso que este lamentable hecho haya ocurrido y que ahora una familia haya perdido a su padre y la Guardia Civil a un excelente miembro y España a un gran servidor público.

    Pero esta situación no ha sido fruto de la casualidad o de la mala suerte. Se explica por la gran basura en que se ha convertido nuestro país. La sociedad española, con sus políticos, sus jueces y sus medios de comunicación comprados y mercenarios, tolera sin ningún tipo de cortapisas que haya una serie de personas que hacen lo que les da la gana: okupación, tráfico de drogas, violencia, atropellos a la convivencia constantes, parasitismo y no “passa” nada. Y si perteneces a ciertos colectivos, todavía más patente de corso. Y mientras el ciudadano honrado machacado a impuestos, soportando a toda esta canalla, tragando y guardando silencio. Y si encima no te vacunas ya eres lo peor de la sociedad para estas rameras que nos gobiernan y sus voceros de la prensa del Régimen.

    En una sociedad sana, este asesino no hubiera estado en la calle y no se le hubiera permitido seguir con su modo de vida delincuencial. Pero claro, eso no afectaba a ningún político ni a sus amiguetes. No puede ser que el sistema legal esté montado sobre el buenismo, la reinserción y todas esas chorradas, que está claro que no sirven para nada. La cárcel, como dice el artículo de D. Antonio Campos, se convierte en un hotel de lujo, donde se puede uno dedicar a echar barriga e incluso montarse un negociete.

    Por eso, los sinvergüenzas que gobiernan a España prefieren multar a los ciudadanos honrados que condenarles a penas de prisión. Solo hay que leer las leyes que llevan sacando desde hace veinte años. Una multa de 10.000 € por cualquier chorrada (pasar de una provincia a otra en estado “de alarma”, recolectar una planta “protegida”, hablar bien de Franco, criticar a la Segunda República o al rey por no hacer su trabajo si no eres de Bildu, Podemos o Indepe Catalán, que esos sí pueden) arruina a cualquier familia de por vida, porque Hacienda te perseguirá por toda la eternidad para que no levantes cabeza. La cárcel, en cambio, le cuesta dinero al Estado y por eso está reservada para las clases privilegiadas.

  2. Cuando la cúpula política y judicial se dedica al crimen organizado, las leyes se hacen a beneficio de este gremio.
    Eliminemos la corrupción en la justicia y la política, y lo demás vendrá solo.
    En estos dos artículos se acompaña un medio para que cualquier ciudadano de bien (¿queda de eso?) ponga su granito de arena. La supusición es que ese trabajo corresponde, en primer lugar, a esos Guardias Civiles y Polic´´ias que juraron cumplir la le. ¿Lo harán?
    Quien quiere hacer algo, siempre encontrará el cómo. Quien no quiere hacerlo, Quien no quiere hacerlo siempre encontrará un “porqué”.
    A muchos el valor se nos supone. ¿y a Vd.?
    https://www.eldiestro.es/2022/07/marlaska-te-acuerdas-de-mi/
    https://www.eldiestro.es/2022/07/parte-oficial-de-guerra-no-2-errores-enemigos-y-denuncia-margarita-robles/

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