Vigo

Excmo. Sr: yo siempre he creído que ser alcalde, era una ocupación para todo tipo de mejora en su pueblo. Yo he presumido y mirado siempre que el trabajo de un alcalde era sensato, con muchas dosis de prudencia, con razones serías y acordes para el pueblo que le ha puesto en ese trabajo. En resumen, para el bien común de dicha localidad.

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Ha sido noticia hace pocos días su graciosa disposición -una bufonada- de multar con 700 euros a todo aquel que orine en el agua de la playa o la arena. Estoy seguro que, aunque su figura nunca es desapercibida en su quehacer de alcalde y su empeñado proceder como si se tratase de un andobas, frívolo y algo acarajotao, esta noticia ha dejado perplejo hasta du votante más faldero.

Esta noticia me ha parecido de mucho cachondeo. Inclusive estando borracho como un chichiribaica o, en su caso, endrogao que, no será su caso, pero ofrecida esta ley, seguro que estaría mirando como quitaban los eléctricos las bombillas en sus ornatos de nochebuena. Lo bueno de los acaldes es que tengan siempre sus ciudadanos algo de que hablar. Incluso más allá de sus fronteras y que de vez en cuando se carcajeen, aunque fuese por estos desaciertos.

Excmo. Sr: supongo que ya habrá buscado a los supervisores de estas incontroladas meadas, en la jerga coloquial y en la variedad diafásica, la cual no depende de educación ni nivel ni altura social, ni que decir tiene que en cada región española la variedad de palabrejas es semejantes entre sí. Esta es la gracia de sus entonaciones.

No sé si tendrá ya buscado el prototipo de los ojeadores masculinos o femeninos, lo digo por aquello de la igualdad. Imagino que, habrá hombres para hombres y hembras para las hembras. ¿O no? ¿Ah ¡hay una cosita que me tiene mosqueado, ¿Qué tiene pensado para aquellos y aquellas que se mean boca abajo en las arenas de la playa? No le voy a decir lo que tengo pensado si yo fuese el alcalde y hubiese soltado este esparpucho de disparate. Pues tendría que ser un engendro la solución. ¿Verdad Excmo. Sr?

Y, como le he visto, que cuando pone a prueba su marketing adquirido a través de los años y su fingida y exponente sentido del humor, le agradecería que ensayase darles a las hembras unos cucos con bolsita adjunta para echar sus orinas, así tendría limpias las arenas de las playas, pasando estos ojeadores con un cubo para echar el orín.

Y a los hombres ¿qué le damos? Supongamos que, se cagan en las aguas tranquilas de sus playas, pues una multa triplicada por la de los “meaos”. Y, puestos a enviar soflamas baratas para entretener a sus paisanos, con este último tipo de excrementos, lo clasificaría en dos, las diarreas y las duras. ¿no le parece? ¿Y, si tienen tenesmo? para eso está el servicio de guardia en los hospitales. Como España es plural, tiene que haber de todo, y si se es alcalde, mejor que mejor, como si no tuviera más cosas que hacer, puede cambiar el marketing asignado y pensar en el segundo desfarate y frangollera disposición para este verano.

Como alcalde que es le dedico esta frase arrimada: Como el reloj de Pamplona, /que apunta y no da. / Dale que le da/ Lo mismo me da/ ¡Agus va! Sin decir agua va/ ¡Ahí va!

¡Allá va! ¡Cómo va? ¡Esto se va/ Garrotazo viene garrotazo va, a eso se está. Hay una frase en el Quijote que dice: Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quién derriba.

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