romanos

La historia que nos han contado sitúa, en la revolución francesa de 1789, el punto de ruptura entre el antiguo régimen aristocrático y el “moderno régimen democrático”, aún vigente. Fue esa misma historia, escrita por los vencedores, la que nos presentó a los aristócratas como seres crueles, degenerados, odiosos, a través de figuras como la del marqués de Sade. Hoy día, si alguien propusiera abolir la democracia y volver al viejo régimen, seguramente sería tachado de reaccionario por la mayoría, que confunde a los nobles con los aristócratas. ¿Qué sabemos de la aristocracia, más allá de los tópicos que repiten cineastas subvencionados, con evidente ánimo propagandístico? ¿Sabemos que Aristocracia significa, ni más ni menos, “el gobierno de los mejores”?

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Para los romanos, había tres tipos de humanos: Los ciudadanos, los esclavos y los aristócratas. Los primeros eran libres, los segundos no eran dueños de su tiempo ni, por tanto, de su vida. Todo el mundo sabe, por las películas, que un extranjero podía ser reducido a la esclavitud al ser tomado como botín de guerra. Lo que la mayoría desconoce (Porque no lo muestran las películas) es que muchos esclavos eran romanos de nacimiento que cayeron en ese estado, por haber contraído deudas que no podían saldar, por haber pedido préstamos que no podían devolver (No por otra cosa decía Cicerón que la esclavitud es la sujeción de un espíritu débil y cobarde que no es dueño de su voluntad). El endeudado no veía más remedio que ponerse a trabajar para otro, a las órdenes de otro, sirviendo los intereses de otro, con la esperanza de ganar lo suficiente para recomprar su libertad. ¿Qué estaría uno dispuesto a hacer para volver a ser libre cuanto antes? La mayoría estaban dispuestos a hacer cualquier cosa que se le antojara al prestamista. Esclavitud y corrupción suelen ir de la mano.

Vemos pues que, para los romanos, un esclavo no era más que lo que nosotros llamamos un “trabajador por cuenta ajena”, un humano que no podía disponer de su tiempo por haberlo enajenado, un humano que estaba obligado a servir intereses a ajenos. Es por eso que, para proteger a la sociedad, en general, y a los mismos esclavos, en particular, la ley les negaba el derecho a participar en asuntos públicos, mientras no fueran manumitidos pues, en caso de tener que votar ¿Qué votaría un esclavo sino lo que le ordena su dueño? Si la mayoría de romanos hubieran estado empeñados con el banquero y les hubieran dejado votar ¿Qué habrían aprobado sino el interés del banquero?

Cumplir órdenes de otro convierte al cumplidor, automáticamente, en un irresponsable. “Es mi obligación”, “hago mi trabajo”, “soy un mandao”, son frases típicas de quién no responde por sus actos. Participar en los asuntos públicos se entendía como un acto de máxima responsabilidad que, obviamente, no se podía dejar en manos de irresponsables. Esa era la lógica del voto censitario. Para votar, había que demostrar que no se estaba atado por deudas. Solo los libres podían participar en las elecciones pues se daba por supuesto que solo ellos eran autenticamente independientes (En España, el voto censitario se contempló incluso en la Constitución de 1812, tan aclamada por los actuales demócratas, al establecer que solo podían ser elegibles los que demostraran tener medios propios de vida).

En el antiguo régimen, el esclavo tenía restringido, tanto el derecho a elegir como a ser elegido; el ciudadano-libre podía ser elector pero ¿Qué hacía falta para ser elegible? Pues tener suficiente “auctoritas”. Los romanos distinguían entre “auctoritas” (Autoridad) y “potestas” (Potestad). La potestad es el poder que puede otorgar un poderoso a un esclavo para que le defienda (Es el poder de nombrar policías, por ejemplo). La autoridad, en cambio, es el poder que se gana uno mismo con su conducta intachable, con su ejemplo. La potestad la otorga el poderoso, la autoridad la otorgan los ciudadanos que, al reconocer buenas cualidades en otro, al reconocer que el otro está “entre los mejores”, lo transforman en aristócrata (A ese tipo de autoridad, que no gusta a los poderosos, se refiere Mateo 21:23, cuando cuenta que los jefes religiosos amonestaron a Jesús, por enseñar, diciéndole ¿Con qué autoridad haces ésto?”).

Los historiadores dicen que, el final del imperio romano fue una época caracterizada por la vulgarización del saber, y puede que el mejor ejemplo sea la fusión (y confusión) de los conceptos “autoridad” y “potestad”, que incluso hoy se utilizan como sinónimos. Hay quién no concibe otra forma de poder que la que otorgan los poderosos, y eso nos ha llevado, por ejemplo, a policías que cumplen ciegamente las órdenes de quién les nombró, aunque con ello infrinjan leyes nacionales e internacionales, aunque con ello violen derechos humanos, dañando así a sus propias familias e incluso a sí mismos ¿O no son ellos humanos?

Un humano que renuncia a sus derechos humanos no es raro que se comporte como una bestia ¿Qué responsabilidad es capaz de asumir? Ninguna. “Cumplo órdenes”, “no es cosa mia”, “yo no soy quien dicta las normas”, suelen decir para excusarse. Si un humano esclavizado es quién ha sido despojado de derechos civiles, con el fin de proteger a la sociedad, un humano bestializado es quién se ha despojado, a sí mismo, de sus derechos humanos. El esclavo conserva la humanidad, espera recuperarla; el bestia no puede ser llamado humano, por haberlo decidido él mismo pues nadie puede ser privado de sus derechos humanos, de sus cualidades humanas, si él no consiente (Otra cosa es que puedan ser violados pero no se viola lo que no existe).

Si ves alguna película de romanos, seguro verás a algún poderoso maltratando a sus esclavos. Con ello pretenden hacer creer al espectador que la esclavitud es mucho más terrible que el trabajo por cuenta ajena. Los esclavos eran tratados como herramientas de trabajo con las que se pretendía obtener una producción. Y aquí cabe preguntarse ¿Quién dañaría sus propias herramientas pudiendo evitarlo? ¿Debemos creer que los mismos terratenientes que alimentaban bien a sus mulos para que rindieran en el campo, alimentaban mal a sus esclavos? ¿Para que rindieran mal? ¿Y les hacían vivir en chozas insalubres? ¿Quién tendría su finca plagada de chozas hedionadas pudiendo evitarlo? ¿Quién se sentiría orgulloso de mostrar a las visitas, caballos y esclavos demacrados?

Los esclavos se utilizaban para producir. ¿Causarles heridas no sería tanto como reducir su capacidad productiva? ¿Qué empresario haría eso? ¿De qué le hubiera servido a un hacendado tener un montón de esclavos lisiados y famélicos? Es a los hombres bestializados a los que se les pueden hacer tales cosas, por haber renunciado ellos a su responsabilidad y, con ello, a su libertad. De ellos no se espera ninguna producción; menos hoy que casi todo lo hacen las máquinas. A ellos sí los maltratan de muchas maneras, incluso inoculándoles venenos. ¿Qué poderoso sentiría remordimientos por tratar como una bestia al que renunció, voluntariamente, a sus derechos humanos?

4 Comentarios

  1. Reflexión y texto Brillantes; tendríamos que hacérselo llegar a los prisioneros, al otro lado del muro Mediático…

    Enhorabuena y Gracias.

  2. Efectivamente, la esclavitud es o puede ser una ley cósmica inexorable. No toda forma de esclavitud sería buena o justa pero ciertas formas sí lo serían. Puede ser educativa también para enseñar al salvaje de la selva o al salvaje moderno a trabajar. Los individuos procedentes de linajes de irresponsables, incapaces de ser dueños de su propio destino, están abocados a una forma u otra, subrepticia o no, de esclavitud. La pérdida del control de uno mismo, la pérdida del sentido de todo propósito, preceden a la extinción progresiva del caudal hereditario y la pérdida de los medios para valerse por uno mismo y, por tanto, a la esclavitud. Esto no quiere decir que no haya habido y que no haya injusticias estructurales tales como las desposesión coactiva de bienes comunales o la utilización del poder político para apoderarse de recursos indebidamente.

    Ahora bien, con respecto al voto censitario histórico, aun comprendiendo el sentido que tuvo en su momento, tal vez debieramos plantearnos mejor si no es una forma de rebelión burguesa contra un orden verdaderamente aristocrático,platónico y ario, donde los estratos superiores de la sociedad son los pensantes y los oficiantes, seguidos de aquellos que mantienen el orden y la defensa. Así pues, un voto censitario actualizado y congruente con los ideales de la filosofía perenne, con el sanatana dharma, sería uno basado en el conocimiento y el juicio. Sería una democracia real, orgánica y epistemocrática, puesto que la masa no es pueblo. Un examen de nociones de derecho y de economía, seguido de un psicotécnico, debieran exclusivamente habilitar para el voto y sin distinciones crematísticas. ¿Qué es eso de que la chusma y el lumpen vote? ¿Qué es eso de que el rey del pollo frito o el mercachifle de turno pueda comprar el derecho al voto con sus impuestos?

  3. Conquistaron pueblos mediante el lenguaje usando la “magia” de la palabra. Configuraron una cárcel en un plano 2d bidimensional de pensamiento que por lógica forman unas murallas infranqueables con el verdadero pensamiento en 3d holístico.
    El programa se llama DIOS y su propósito es mantener una recreación de una dualidad para propiciar una confusión, ambigüedad y relatividad en donde funciona un puente ordenador de control llamado ALMA.

    Alma/Humor/VOLUNTAD
    Logos/palabra/VERDAD
    Ego/juicio/CONSCIENCIA
    Mente/raciocinio/INTELIGENCIA
    Emoción/sentimiento/CREATIVIDAD

    Así los programadores ilusionistas logran que cada ser recree ésta fragmentación desde la ambigüedad para luego escribir parámetros manipulables, conceptos raíz, en cada uno de ellos en donde se presenta un intermediario, maestro, líder, sanador para cada afectación característica en cada aspecto.
    El efecto lógico conseguido es de incomunicación, nadie se entiende, en donde lo real se encuentra fuera del plano 2d del gobierno lingüístico llegando únicamente un reflejo de esa verdad, analógicamante representado en las fases de la luna en relación con el sol. Aquí astutamente utilizaron la figura de madre/hijo/padre para formar sus fases de gobierno en donde el hijo elige desde su dualidad conservar su condición en cualquier elección de las diferentes opciones que se le ofrezcan. Institucionalmente se unifica el concepto Estado con estado del cual se promociona la separación de los poderes del Estado, que los gobiernos de almas los utilizan unificados indivisiblemente.
    La solución lógica a esa necesidad existencial de unicidad crea aberraciones que podemos ver en el ser Gris, ambigüo, hermafrofita manifestado física y simbólicamente.
    Esta fuerza inmanente de unicidad es lo que mantiene binomios inseparables entre el amo/esclavo, lenguaje/persona. Los efectos se registran en todos los conceptos de conflicto que utilizan en su favor, como la guerra/paz, crimen/castigo, culpa/perdón, deuda/pago, y en sus subproductos.
    El territorio del lenguaje es su templo de creencias, y su símbolo es la catedral en donde permanecen cuidadores que imponen temor y sumisión en su entrada para que nadie se atreva a profanar su estructura.
    En la cúspide de su pirámide trunca se representa a DIOS, el engaño, y aquellos intrépidos que se atreven a ascender con la venda, terminan por caer ante la última elección entre ser fiel a DIOS o ser poseído por él y entre éstos se encuentran los ilustres líderes o guías elegidos para conquistar almas.

    Muchas personas que salen de ésta cárcel y tratan de explicarlo buscando referentes, filosofías, información para retransmitirlo, caen en las redes de control junto con las ovejas descarriadas que han conseguido ordenar. Otros caen en la magia creativa de los pilares luna/sol de la masonería, sin dar cuenta de que parten de un estado de dualidad gobernado por su propio lenguaje, resultando en un estado de hipnosis profunda de control. Otros, ingenuos espiritistas que comercian con los binomios conceptuales admitiendo que no tienen el poder y que necesitan intermediarios. De éstos incautos se crearon todo el compendio creativo de monstruos y aberraciones a lo largo de la historia, productos y efectos de seres distorsionados, que enajenados de la realidad han sintonizado con una forma lógica transformándose en uno de sus productos. En el mundo conceptual todos son cosas, objetos disponibles para movilizarlos teledirigidamente por el amo.

    La libertad se ejerce, eso es salud, eso es poder. En el momento de transferirlo se cae en la trampa, ya que sólo es posible desde la dualidad, desde una simulación, ilusión o hipnosis.
    La gente no puede concebir el nuevo mundo al estar hipnotizada con/por su propio lenguaje, sin dar cuenta que ya han vivido lo peor, eso que llaman MUERTE, pero desde su cosmovisión la verdad está siempre fuera y separada de ellos. Al alimentarse de mentiras, lógicamente no pueden distinguir entre la realidad y la ficción y por mayoría democrática se elige la tiranía como algo natural y la defienden con uñas y dientes, no vaya a ser que se vuelva al ambigüo medioevo, que es precisamente donde están parados.

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