Hacía mucho tiempo que no escribíamos de Gabriel Rufián, uno de los tipos más impresentables que tenemos en la política española. Y el motivo de no hacerlo ha sido porque hay tantos problemas en España, que no hay casi tiempo para prestar atención a un individuo como este.

Pero hoy lo hacemos porque la ocasión lo merece. Rufián debe tener miedo de no repetir en el Congreso por seguir prestando su apoyo a un gobierno como el de Sánchez y se nos ha convertido en estadista. ¿Qué decimos de estadista? Un auténtico Premio Nobel de Economía, el Nobel a los ignorantes con ínfulas, que pretende ir dando lecciones sobre algo de lo que, evidentemente, no sabe.

Sí señores, Rufián, el que se tenía que haber ido del Congreso de los Diputados hace años, según él mismo avisó, tiene recetas económicas para solucionar los graves problemas por los que estamos atravesando todos en este país, menos él y los que se sientan a su alrededor.

Pero ojo, que no lo hace por el bienestar de los demás, lo dice él mismo. Lo hace porque no quiere ni que se queme el gobierno, ni quemarse él junto a Sánchez. Lo hace por puro egoísmo y su receta mágica es subir impuestos a los ricos y a las empresas que, como bien saben, son completamente idiotas y no repercutirían nunca esas subidas en sus productos, porque su único afán es perder dinero.

Y no solo da recetas económicas en el Congreso de los Diputados, también las da en su cuenta de Twitter. El problema es que en Twitter le leemos todos y se acaba llevando las respuestas que verdaderamente merece. Vamos, que se las come dobladas. ¿Cuándo ibas a dejar el Congreso, Gabriel?

 

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