No hace mucho, el presidente del gobierno español, dijo públicamente que “para vencer al virus hay que prescindir de las ideologías”. Con ello nos estaba invitando a prescindir de todos los partidos políticos pues ¿No se basan todos en una u otra ideología? Los tenemos de todos los colores: Rojos y azules (Los clásicos), y también anaranjados, verdes, morados… (Los modernos) ¿No tiene cada color su ideología? ¿Cuántas hay? La verdad es que, más allá de diferencias anecdóticas, solo caben dos ideologías, que podemos llamar “Liberal” y “Comunista”. El liberalismo defiende, básicamente, la supremacía del individuo sobre el estado, mientras que el comunismo defiende, a la inversa, la supremacía del estado sobre el individuo. Todos los partidos, se pinten como se pinten, se encuadran en una u otra.

Según nos explicaron en la escuela, nuestros ancestros vieron, en algún momento, la conveniencia de organizarse para crear servicios públicos. Así pudieron construir canales y vías, por ejemplo. Piénsese que, para ejecutar la N-340, con sus más de mil kilómetros, los romanos tuvieron que poner de acuerdo a muchos propietarios. Solo con que uno de ellos se hubiera negado a permitir el paso de la carretera por su terreno, la empresa habría fracasado. ¿Cómo lo lograron? Expropiando. La verdad es que, en el mismo momento en que nació la propiedad privada (Que es lo que defiende el liberalismo), nació la expropiación (Que es lo que defiende el comunismo). La defensa, a ultranza, del modelo liberal, resulta absolutamente inviable en cualquier sociedad-organizada: Para poder regar los campos hacen falta acequias, y para construir acequias hace falta expropiar terrenos pues siempre resulta imposible poner de acuerdo a personas que defienden distintas ideologías.

Se puede decir pues que la expropiación ha sido el “talón de Aquiles” del liberalismo, una brecha que el comunismo ha ido agrandando, hasta llegar a la situación actual, en la que muchos que presumen de “liberales de toda la vida”, se muestran a favor de expropiar, de entregar al estado, no solo los bienes sino también las personas. La cuestión es: Si el ser humano no puede ser dueño de su propia vida, de su propia integridad física y psíquica ¿De qué puede ser dueño? Según la nueva corriente liberal-comunista, de nada (No tendrás nada y serás feliz). Ha hecho falta un virus, es decir, un veneno, para poder ver que todos los políticos, y por supuesto todos lo liberales, defienden el comunismo más extremo. ¿Cómo si no se hubieran mostrado a favor de obligar a los ciudadanos a participar en experimentos mortales “por el bien del estado”?

Todos los partidos son comunistas porque todos maman de la teta del estado y a todos les interesa, por tanto, que la teta tenga, cuanta más leche, mejor. Todos los políticos viven de impuestos que, como su nombre indica, nadie paga por propia voluntad (Para demostrarlo bastaría ver la lista de los que renuncian a la devolución, en su declaración de la renta, pero ningún político tiene interés en publicarla. ¿Será porque ninguno es capaz de renunciar “por el bien del estado”?). A los políticos les interesa imponer, cuanto más mejor. En una sociedad en la que el poder lo da el dinero, más impuestos significa más poder para el estado y, obviamente, menos poder para el ciudadano. No es extraño que el interés del ciudadano sea, por contra, tratar de impedir que el estado le desapodere. ¿Quién no intenta evadir todo lo que puede?

Todos los políticos, se pinten del color que se pinten, defienden un estado más y más grande, que cobre más y más impuestos, que imponga más y más obligaciones a los ciudadanos, porque todos son unos mamones que quieren chupar, cuanta más leche mejor (Valga la expresión). ¿No se han inventado ya una ley para obligarnos a realizar cualquier prestación personal que se les ocurra? Si no podemos ser dueños, ni siquiera de nuestras propias acciones ¿De qué podemos ser dueños? De nada. Según su agenda, dentro de pocos años no tendremos nada, porque todo habrá pasado a sus manos.

Nuestros antepasados vieron, en algún momento, la utilidad de organizarse para construir acequias y carreteras y a eso lo llamaron “civilización”. Hicieron leyes civiles que, por un lado, favorecían la propiedad privada, y por otro, su expropiación. De esa contradicción nació el liberalismo y el comunismo: Palabras distintas, colores distintos, ideologías distintas, caminos distintos, para llegar a la misma nada. ¿Se puede ser feliz teniendo nada? Sin duda lo averiguaremos en pocos años, si no hacemos caso al presidente del gobierno español y prescindimos de todas las ideologías, como él nos recomendó.

3 Comentarios

  1. La chusma progre quiere ciudadanos sumisos que asuman, sin rechistar, todas los abusos y atropellos que cometen.

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