preludio

A pocos días se los comicios andaluces son muchas las voces acreditadas que dan sus impresiones sobre aquello que debe suceder en Andalucía, ahora que se presenta otra nueva oportunidad para hundir más en la miseria a quienes durante treinta y siete años esquilmaron sin pudor las arcas públicas.

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El furgón de cola de entre todas las regiones europeas en casi todos los sentidos y llegado el momento, sintió la necesidad de sacudirse el sanbenito de ser el caladero de votos del PSOE. La copiosa e ingente masa de seguidores del nuevo movimiento nacional posfranquista liderado por Felipe González y su banda de cuatreros, entonces supieron dar sentido a la lucha de clases entre los diversos andaluces a todas luces tan diferentes los unos de los otros.

Treinta y siete años de expolio continuo en la Junta de Andalucía y por ende sobre los andaluces no han evitado que prosperen comprobando como otras comunidades autónomas se desarrollan mucho mas y a mayor velocidad gracias a otras maneras de hacer las cosas. La ideología por si misma no genera desarrollo sino que degenera en corrupción y de eso los andaluces saben mucho pues bien lo han sufrido en sus carnes.

Tal desfase y bacanal en todos los sentidos de la expresión, no podía quedar en una mera anécdota por mucho que la propaganda y las interferencias en el proceso judicial estén todavía hoy en día desvirtuado el mayor escándalo por corrupción política en todo el continente europeo.

Los andaluces de izquierdas llegado el momento y fruto de una clamorosa falta de interés por seguir siendo identificados como cómplices de las corruptelas, volverán a tomar alguna de las dos decisiones posibles para estos casos que son: 1°. Quedarse en su casa (400.000 votantes socialistas) tapaditos hasta mejor ver, más aún si chupan del frasco, o 2°. Entregarse a las nuevas opciones minoritarias más radicales aún si cabe, apoyando microproyectos personalistas poco representativos a nivel general, que no hacen más que debilitar al electorado autodenominado progresista y que de momento siguen viviendo de las mamandurrias.

La maravillosa carambola que provocó forjar un Gobierno de talante liberal poco comprometido con romper ciertas costumbres del pasado, ha generado que el electorado socialdemócrata no se haya sentido especialmente molesto con la dupla formada por Moreno Bonilla y el camaleónico superviviente, Juan Marín.

La irrupción de los de Abascal en la política española a través de su aparición en la Junta de Andalucía, hay que reconocer que fue como la entrada de un elefante en una cacharrería. Al final aún siendo muy necesaria hay que reconocer que los socios de Gobierno han sabido sobrellevar sus enfrentamientos y alargar hasta el máximo su legislatura, dejando entrever aquello que se podrá llegar a conseguir librándose del lastre de Ciudadanos en favor de VOX, a pesar de que no sea lo deseado por los cuadros del PP y si por una buena parte de sus bases.

Desde el PP nacional parece que siempre han tenido claro que recargar excesivamente el discurso con ideología, al fin y al cabo termina por agotar al electorado (cosa que tantos le echamos siempre en cara), aunque no es menos cierto que gracias al nacionalismo catalán y a la inacción de Rajoy desencadenando la puesta de largo de VOX en la escena política, el nacionalismo español ha llegado a protagonizar ciertos momentos de tensión necesarios como una muestra mas de autodefensa de la sociedad civil ante el Gobierno central que la maltrata y humilla de continuo, tratando de anular su conciencia.

La colaboración necesaria entre el PP y su escisión verde, aunque con diferencias programáticas insalvables parece que de momento es la fórmula adecuada para contrarrestar la mentira continuada a la que Sánchez y sus secuaces nos tienen sometidos.

Sin duda que Andalucía prospere sacudiéndose el sectarismo y la corrupción como sistema de gobernanza por segunda vez consecutiva, apeando de paso del tren del desarrollo a los tecnócratas sin alma de Ciudadanos, sólo puede significar una cosa: el cambio está próximo gracias a los acuerdos venideros generados entre los que mejor gestionan lo público (PP), junto a los defensores del nacionalismo español (VOX).