Por fin tengo la dichosa tarjeta. Ya puedo volver a usar el teléfono, después de meses sin poder hacerlo, por culpa ¡Cómo no! del absurdo “pandemónium” (El asunto es que se averió y me era imposible reemplazarla pues, por un lado, los mensajeros que me enviaba la compañía, al parecer, se perdían por el camino y, por otro lado, cuando me presentaba en alguna de sus tiendas, me echaban por no llevar bozal). Ahora solo me resta exigir que me indemnicen por los perjuicios que me han causado y cambiar de compañía, lo que haré tan pronto me entere de que hay una buena.

Seguro que, si algún día les cuento a mis nietos (Si los tengo) que una vez me echaron de las tiendas por no querer ponerme un bozal, o que me echaron de los bares por no querer inyectarme veneno, lo van a tomar como “las batallitas del abuelo Cebolleta”. ¿Quién, en su sano juicio, podría creerlo, sin verlo? ¡Cómo podría explicarles que tuve que usar, durante meses, un pantalón con la bragueta rota porque la mujer que me los arreglaba, me consideró un apestado! ¡Cómo podría convencerlos de que, si dejé crecer mi melena, fue porque el peluquero se negó a cortármela! ¡Que me encerraron en el calabozo, a mí, que nunca me quitaron un punto del carnet!

No sé si es por eso que dicen que, cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana, pero el caso es que otra carnicería me acogió, y otra verdulería, y otra pescadería, y otra peluquería, y otra modista (Con el pan nunca tuve problema. Gracias Isidro). Un día me di cuenta de que muchas personas violentas salieron de mi vida y fueron sustituidas por gente amable ¿Puede que fuera cosa de Dios? Si Dios es Verdad, es lógico que te aparte de los hipócritas. Si Dios es Amor, es lógico que te aparte de los violentos.

El último en salir ha sido Bill Gates. Confieso que, alguna vez, pensé ¿Cómo es posible que estemos luchando contra ese psicópata y sigamos utilizando sus programas? Aunque también he de confesar que no me ocupé de la contradicción que tal pensamiento evidenciaba, y eso me ha costado ciento treinta euros (El asunto es que Gates me estropeó el ordenador con una de sus actualizaciones obligatorias… ¡Resulta que el tío puede meterse en tu máquina y hacerte lo que quiera, cuando quiera, con o sin tu permiso!). Pero provechando que tuve que llevar a reparar el ordenador, le dije al informático que me diera una alternativa y me instaló el Ubuntu. ¡Sayonara, Bill!

Es verdad que uno cambia cuando siente la necesidad de hacerlo, pero también es verdad que uno puede sentir esa necesidad mientras que otro “aún” no, y esa es la causa de todos los roces entre los seres humanos. Apuesto a que todos esos tenderos y hosteleros que me segregaron habrán pensado más de una vez ¿Cómo es posible que esté cumpliendo y haciendo cumplir las “medidas” que han impuesto los mismos que me están arruinando, los mismos que me quieren matar? pero “aún” no se han ocupado de la contradicción que tal pensamiento evidencia. ¿Cuándo lo harán? Pues cuando consideren que han perdido bastante. Será entonces cuando dirán ¡Basta! Por lo que a mi respecta, espero que entiendan que, si no vuelvo a sus establecimientos, no es por venganza sino, tan solo, porque encontré otras personas que me tratan mejor y, además ¿No es de bien nacido ser agradecido? Muchos de esos “colaboracionistas” han perdido clientes, han perdido derechos, han perdido salud e incluso han perdido algún familiar. No creo que estén dispuestos a perder mucho más; y eso me permite adivinar, que su momento de cambio se acerca.

2 Comentarios

  1. De momento estamos vivos que no es poco a pesar del empeño por matarnos, a ver si no la lian en Europa los corruptos, cabronazos y miserables políticos europeos. A los que advierto que si me ponen un fusil en la mano no hace falta que me busquen enemigo, ya se donde tengo que disparar.

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