En agosto de 2021 sufrí un ictus cerebral en mi pueblo natal, dónde estaba de vacaciones.

Rápidamente fui trasladado al Hospital de Barbastro, y al día siguiente, ante la gravedad de mi estado, al Hospital Miguel Servet, planta 7ª, dónde permanecí quince días, consiguiendo estabilizarme, lo que no fue nada fácil, pues tenía la tensión por las nubes, medio cuerpo totalmente paralizado, etc. ¡Gracias, amigos!

El día 30 de agosto me bajaron a la planta 0 de Traumatología, Servicio de Rehabilitación, y la llegada allí fue providencial, pues fue estupendamente atendido por las Doctoras Elena Martitegui, Inmaculada Salcedo y, muy especialmente, por doña Elena García Álvarez.

También los neurólogos, psicóloga y psiquiatra, cuyos nombres no conseguí memorizar, y bien que lo siento, pues sus consejos y orientaciones me fueron de gran ayuda.

A todas ellas, al igual que al excelente cuerpo de enfermería, gracias, muchas gracias. Mi gratitud será eterna.

Asimismo a las auxiliares, personal de limpieza, etc.

Y, es de justicia agradecer la labor de los técnicos de ambulancias, que durante varios meses han estado trayéndome y llevándome al Servicio de Rehabilitación, con competencia, simpatía y humanidad. ¡Gracias Rubén, Isabel, Iñaki, Jesús, y varios más, cuyos nombres ahora no recuerdo!

La labor de los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales no es milagrosa, pero casi… Recuerdo a Silvia, la primera, que me atendió en la planta 7ª, cuándo no podía ni moverme, ni hablar, ni nada de nada. (A veces hasta dudaba de sí estaba vivo o muerto).

Posteriormente Tania, Aitor, María y Mercedes, como profesionales que más me atendieron, todos ellos sobresalientes, con opciones a matrícula de honor, y varias más, en ausencia de las anteriores, por bajas, permisos, etc.

¡A todos ellos, mi agradecimiento por sus servicios y, sobre todo, por su paciencia conmigo!

Y si a alguien he podido molestar, con mis comentarios, muchas veces irónicos, o más bien sarcásticos, pero sin mala intención, pido disculpas por ellos.

Ayer, al salir del hospital, entré en la capilla de la planta baja, y recé a la Virgen del Pilar, con agradecimiento por mi recuperación, y encomendándole a todo el personal que con enorme vocación, y mucha paciencia, me atendieron durante estos largos meses. 

Pienso que los aragoneses no somos conscientes, hasta que nos toca, del buque insignia que tenemos, el Hospital Universitario Miguel Servet.

 

1 Comentario

  1. La sanidad pública, que es la única que tenemos la mayoría de los españoles, en ocasiones funciona muy bien…
    Claro que, para que eso ocurra, los pacientes tienen que poner también de su parte, tener una actitud posítiva, espíritu de superación, etc., como estoy seguro ha sucedido en el caso del señor Grau.
    ¡Va por usted, amigo!

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