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He dicho, y escrito, muchas veces que la corrupción es un mal intrínseco de la política española desde el primer momento de la democracia. Antes, también había, pero eran cincuenta por cada provincia; ahora los hay a miles, varios cientos de miles, en toda España.

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El PSOE y sus adláteres comunistas han ido a degüello contra el Partido Popular por las comisiones presuntamente recibidas por un hermano de Díaz Ayuso en la Comunidad Autónoma, y por dos señoritos intermediarios en una compra realizada por el Ayuntamiento de Madrid, por parte de los proveedores. Como no conozco el tema, no opino sobre ello; ahí está la justicia, libre e independiente, que dictaminará lo que proceda, esperemos que en menos tiempo que está tardando el asunto de los ERE de Andalucía.

Muy “cortitos” deben ser en el principal partido de la oposición cuando no inventarían, glosan y publicitan que el PSOE y sus socios tienen un total de 56 contratos por importe de 650 millones de euros sobre el coronavirus investigados judicialmente en estos momentos y 600 imputados por otras causas abiertas, con un montante de 5.000 millones de euros; y está al alcance de cualquiera que quiera “meter la lupa” como dice mi amigo Valerio, los casos “atípicos” de adquisición de material médico que dejo recogidos en mi libro Un cuento del Gobierno.

Y Pedro Sánchez tiene la desvergüenza de reclamar a Feijóo que sea “implacable contra la corrupción”, entiendo que del Partido Popular porque de la del suyo, sí, posesivo porque nadie osa contradecirle, son peccata minuta que no airean los medios de comunicación subvencionados (casi todos).

Nadie de los que están en el poder quiere verdaderamente acabar con la corrupción. Seguro que se acuerdan de aquella actriz que tenía unos pechos como volcanes y cuando la miraban se preguntaba, ¿por qué será? Pues eso.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.