guerra

La guerra ruso-ucraniana está dejando al descubierto algunas cosas hasta ahora desconocidas para el gran público sobre temas bélicos que no conocíamos los legos en la materia. Voy a partir de una base y es que todos los intervinientes, de una u otra manera, mienten. Sin posicionamiento de ningún tipo -eso no significa que no esté interesado, muy interesado, en que esto acabe pronto y bien- vamos a tratar de hacer una exposición lo más desapasionada posible, haciendo caso omiso a las crónicas e interpretaciones subjetivas que todos los días estamos viendo en la mayoría de los medios de comunicación, televisiones y clase política, sin olvidar nunca que somos españoles, pertenecemos a la OTAN y como tal la obligación de España es cumplir sus compromisos con dicha organización, aunque no nos guste entrar en una guerra que, de producirse, asolaría países enteros y dejaría millones de muertos en todo el mundo. Por ello, todos, empezando por nuestros políticos, hemos de ser prudentes en su máxima expresión y habilitar los medios diplomáticos que fueran precisos para evitar esa hecatombe.

[Procesos selectivos y bolsas empleo en el Ayuntamiento de Cartagena]

Para centrar la importancia de Ucrania a nivel mundial hay que decir que es un país con más de seiscientos mil kilómetros cuadrados, 42 millones de habitantes, que era la república más rica de cuántas formaban la antigua URSS, de la que se independizó en el año 1991. Hoy, pese a la riqueza que atesora su geografía, es una nación pobre, tiene el menor producto interno bruto a valores de paridad de poder adquisitivo -PPA- per cápita de Europa, y un Ejército con 300.000 soldados en activo.

Ocupa el primer lugar en Europa en reservas de minerales de uranio; el segundo en Europa y décimo en el mundo en reservas de titanio; el segundo en el mundo de reservas de manganeso; segunda reserva de mineral de hierro más grande del mundo; segundo en Europa en reservas de mercurio; séptimo en el mundo en reservas de carbón; primero de Europa en tierras cultivadas; primero en el mundo en exportaciones de girasol y aceite de girasol; segundo del mundo en producción de cebada; cuarto mayor productor del mundo de maíz; quinto del mundo mayor productor de centeno; quinto del mundo en producción de abejas; octavo del mundo en exportaciones de trigo; primer productor de Europa de amoniaco; octavo del mundo de capacidad instalada de centrales nucleares; tercera red ferroviaria más larga de Europa; cuarto mayor exportador de turbinas para centrales nucleares del mundo;  cuarto mayor fabricante de lanzacohetes del mundo; cuarto en el mundo en exportaciones de arcilla y décimo mayor productor de acero del mundo.

Una riqueza en manos de oligarcas concentrados bajo el megacaucus mundial de la masonería anglosajona, de Soros, banqueros de primerísimo nivel e ilustres apellidos norteamericanos, como los Biden, que pusieron al frente del país a Volodímir Zelenski, licenciado en Derecho, de lengua nativa rusa, de profesión humorista televisivo en una de las cadenas propiedad de uno de esos oligarcas ucranianos.

Rusia invadió Ucrania con un despliegue militar que parecía iba a ser una victoria rápida, sin gran oposición y con un bajo coste de vidas humanas, dada su supremacía en número de soldados y armas convencionales de todo tipo, bajo el pretexto de tener muy cerca de sus fronteras los misiles de la OTAN. Rusia tiene más de un millón y medio de militares activos y posee 6.255 cabezas nucleares, 1.625 de ellas desplegadas y preparadas para disparo inmediato.

Los ucranianos se han hecho fuertes, han combatido bravamente, han recibido ayudas en dinero, armas, munición, material sanitario y de supervivencia de la OTAN y de Estados Unidos, todo ello como secretos de estado y sin que tropa alguna que vista esos uniformes haya pisado tierra, por aquello de las amenazas rusas ante la intervención de terceros países y el miedo a que se extienda la guerra a toda Europa.

A partir de ahí y en un mundo en el que se puede disparar un misil desde un despacho a miles de kilómetros de distancia con un margen de error de más/menos dos metros, y en el que desde ese mismo lugar y a través de los satélites correspondientes se puede ver el prepucio de un hombre mientras micciona, cada uno cuenta su historia:

Los ucranianos hablan de asesinatos de lesa humanidad a civiles, bombardeos a hospitales, fosas comunes de enterramientos de miles de personas, violaciones a sus mujeres, abusos sexuales a niños y atrocidades similares, además de destrucción de edificios, carreteras, material bélico y otros operativos guerreros, y en la persona de su presidente Zelenski y de los intereses ocultos que pudieran existir y que desconocemos, está dispuesta a no rendirse, a inmolarse, como ha pasado en la ciudad de Mariúpol en la que los rusos dicen haber bombardeado laboratorios bacteriológicos y los ucranianos que han masacrado un hospital de civiles, pero no tienen ninguna opción de ganar esta guerra en la que, no puede ser otro el objetivo, desean la intervención de la OTAN y Estados Unidos, lo que la convertiría en un enfrentamiento nuclear mundial.

En la guerra las opciones de supervivencia son prácticamente igual para todos los intervinientes, militares o paisanos. No se puede distinguir a simple vista quién representa un peligro; sin remontarnos a los “ojeadores” de ETA que indicaban los hábitos y rutinas de los objetivos marcados, hoy en día cualquiera puede ser agente secreto de algún país, dentro de la gran pirámide existente en cualquier servicio de inteligencia del mundo, desde el panadero de la esquina a un director de banco, pasando por esos jóvenes estudiantes que han alquilado un piso cerca de tu casa o el vendedor de fruta musulmán que indica y da las coordenadas de tiro.

El periodista residente en Nabarniz (Vizcaya, pueblo gobernado por Bildu), Pablo/Páviel González Yagüe, que nació en Rusia, nieto de un niño que llevaron allí durante la guerra civil, e hijo de un residente ruso, que trabaja para diarios de ultraizquierda y nacionalistas, como Gara, Público o El Nacional, fue detenido la noche del 27 al 28 de febrero por los servicios de seguridad polacos e “identificado como un agente de la Dirección Principal de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa (GRU). Hizo operaciones en beneficio de Rusia, aprovechando su condición de periodista, que le permitió viajar libremente por el mundo y por Europa, incluyendo zonas de conflicto militar y territorios marcados por tensiones políticas”.

Y si nos fijamos en el Estado Islámico, no es ningún secreto la utilización de “niños soldados” para cometer atentados y la amenaza de que los “niños soldados actuarán en todo el mundo”, pero especialmente para “recuperar Roma y Al Andalus”. Y muestran videos en los que se ven a esos niños comentando su vida: “Nos despertamos temprano, desayunamos, vamos al campo de entrenamiento, antes de ir a clases de religión. Almorzamos a las 12, seguido de la oración. Continuamos entrenando por la tarde, hasta que llega la hora de la oración de la puesta del sol, cenamos y nos vamos a la cama” y hace un juramento en el sentido de que va a “liberar a sus presos”, la Mezquita de Al-Aqsa, las Dos Mezquitas Sagradas y conquistar Roma y Al-Andalus, todo ello a través de la yihad además de, como forma de amedrentar al mundo y mostrar que los entrenamientos son reales, algunos de esos niños asesinan a sangre fría a varios prisioneros, incluidos soldados nigerianos en la guerra del Sahel y el África subsahariana.

Contra lo que dicen los ucranianos, Putin ha declarado: “Una red de docenas de laboratorios operaban en Ucrania bajo la dirección y con el apoyo financiero del Pentágono. Allí se realizaban programas biológicos militares, incluyendo experimentos con muestras del coronavirus, ántrax, cólera, peste porcina africana y otras enfermedades mortales”. Y ha remarcado el ministro de Defensa ruso Ígor Konashenkov: “Quiero enfatizar que, según los documentos, estos estudios [sobre las formas en que los murciélagos transmiten enfermedades a los humanos] se han llevado a cabo en Jarkov de manera sistemática y bajo la supervisión directa de especialistas de los Estados Unidos durante muchos años”.

Una vez transcurridos los primeros días de la invasión rusa, en eso no hay ninguna duda de quién ha sido el ofendido en la integridad de su territorio, la guerra se está librando, más que en el campo de batalla, en los medios de comunicación, internet y poderes interesados, llegando en algunos casos a decir que el potencial que mantiene a Ucrania dentro de los diez países del mundo con más recursos en materias primas y agrícolas, en concreto el gas licuado, ya ha sido almacenado en países limítrofes por una empresa que dirige un hijo de Joe Biden, en unas estructuras construidas por una empresa catalana, dejando el país con un endeudamiento impagable, que es lo que se encontrará Putin. Con lo que, con guerra o sin ella, el nuevo suministro de gas natural pondría a Europa en una inflación y unas tasas de paro no vistas desde hace muchos años.

De hecho, Biden ha suscrito un acuerdo con la presidenta de la Comisión Europea por el que se ha comprometido a enviar 15.000 millones de metros cúbicos de gas adicionales a la UE, que sumados a los 22.200 millones de metros cúbicos que mandó en 2021, darían un total de 37.000 millones de metros cúbicos para este año, porque la diferencia de precio entre el suministro por gaseoducto o por metanero es de 2,4 veces más caro a través de este último medio.

Un periódico del prestigio de The Washington Post publica que Rusia ha comunicado a Estados Unidos para que tanto ellos como sus aliados detengan la militarización y el envío de armas a Ucrania, porque pudiera haber “consecuencias impredecibles para la seguridad regional e internacional”, a la vez que el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, amenazó con un despliegue nuclear en caso de que Suecia y Finlandia entren en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Como nuestro presidente es el más guapo de la verbena del barrio, según OKDIARIO, Pedro Sánchez, ha desvelado en rueda de prensa durante una intervención conjunta con Volodímir Zelenski que las 200 toneladas de material y armas de guerra enviadas por España a Ucrania van de camino a Polonia a bordo del buque Ysabel.  No sé si estas palabras son una cortina de humo para despistar a los servicios secretos rusos o una indiscreción indigna de cualquier gobernante, pero, en cualquier caso, pone dicho buque español en el punto de mira de los misiles rusos, que ha amenazado claramente a quien ayude a la defensa de Ucrania; si el barco español, bandera OTAN, fuese atacado, Europa debería entrar en guerra y entonces sí que estaríamos en la III WW. Gracias, presidente.

Otro español, Josep Borrel, Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y vicepresidente de la Comisión Europea, ha informado que la Unión Europea facilitará a Ucrania nuevas armas y un apoyo económico de 500 millones de euros adicionales a los 1.000 millones de euros ya aportados, a lo que ha respondido el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, señalando que esas declaraciones implican “un cambio radical de las reglas de juego”, lo que no deja de ser otro mensaje soterrado, pero claro, a la expansión del conflicto bélico a toda Europa.

Hay que destacar que en España todo lo que huele, algunos demasiado, a independentismo o comunismo, se ha puesto al lado de su amada Rusia, por la ayuda que algún día pueda llegarles desde allí, bien para su ruptura con España o para instaurar un régimen político de trasfondo comunista con pátina liberal en dónde todos marcan el paso al unísono o desaparecen misteriosamente.

Todos, sin excepción, se han manifestado en contra de ayudar a los ucranianos en envío de material militar y, como siempre, retuercen la verdad para que quede sembrada la duda en las mentes más débiles. El ministro Garzón ha declarado que Zelenski ha suprimido once partidos políticos, que ha vulnerado los derechos civiles del pueblo ucraniano y que ese gesto antidemocrático es inaceptable en un país aspirante a la UE, cuando lo que ha hecho ha sido suspender las actividades de los mismos durante la vigencia de la ley marcial, por sus vínculos con Rusia, en este caso el Estado agresor, si bien solo uno de ellos tiene representación parlamentaria y cuyo líder se encontraba  en arresto domiciliario desde el año pasado, acusado de traición, habiendo desaparecido tres días antes de la invasión rusa, y encontrándose en paradero desconocido. Como creo que todo el mundo miente, y en esta guerra más, lo que yo no tengo claro es quién lo habrá hecho desaparecer.

En la sublimidad hecha tontería de Celtiberia Show, la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ha firmado un decreto incoando diligencias preprocesales de investigación en relación con la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Con el trabajo que dejar de hacer sobre lo que ocurre en España, tiene esta ocurrencia de la que debe estar riéndose el mundo entero.

El ínclito exvicepresidente del gobierno Pablo Iglesias tacha de “bravuconada” el envío de tropas y ayuda militar; y el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) y dirigente de Izquierda Unida (IU), Enrique Santiago, ha calificado de “incomprensible” la decisión de continuar enviando armas a Ucrania, acusando a la OTAN de provocar la guerra.

Joe Biden ha apartado a Pedro Sánchez de cualquier reunión acerca de las políticas a seguir en esta guerra, con un mensaje claro: ¡Desconfío de ustedes! Y el núcleo duro, el estado mayor de mando ha quedado constituido por el propio Biden, el presidente francés, Emmanuel Macron, el canciller alemán, Olaf Scholz, el primer ministro italiano, Mario Draghi, y el británico, Boris Johnson. Nadie se fía de nuestro gobierno social-comunista en dónde Podemos, aprovechando esta crisis europea exige la regularización de medio millón de inmigrantes sin papeles, su seguro de voto para no tener que volver a trabajar por el salario mínimo interprofesional a partir de las próximas elecciones, y Pedro Sánchez reclama “enfoque de género” y “salud sexual” en el ataque de Rusia a Ucrania, que no sé cómo interpretar eso, pero me huele a que las mujeres no participen en la lucha armada, transgrediendo su propio axioma de igualdad de sexos, que muchos que no estudiaron con los libros del profesor Blecua llaman de género.

Porque el PSOE de la Transición, aprovecho para decirlo alto y claro, liderado por Felipe González, ya no existe. Zapatero lo sembró de odio ideológico y deseo de venganza, tratando de  cambiar la historia y ganar la guerra que perdieron. Y Pedro Sánchez ha radicalizado a republicanos, independentistas, marxistas y comunistas, con su ambición desmedida, falta de ética, mentiras y engaños a diestro y siniestro (pregunten a Pablo Iglesias) con el único fin de mantenerse en el poder y acomodarse a la sombra de Soros (Carlos Westendorp, político, diplomático y jurista, ministro de Asuntos Exteriores de Felipe González, ha declarado que fue a finales de los años noventa cuando Soros “se fijó” en Pedro Sánchez) en algún puesto en Europa cuando los españoles seamos conscientes de sus verdaderas intenciones.

La OTAN está involucrada en esta guerra, hasta cierto punto. El canciller alemán, Olaf Scholz, que ha aprobado una inversión de 100.000 millones de euros a fortalecer sus Fuerzas Armadas, en función de líder de Europa, ha dicho que “las posibilidades de enviar material del ejército alemán se han agotado” … porque “es importante que consideremos cada paso con mucho cuidado. Las consecuencias de un error serían dramáticas”, y que el embargo a la entrada de la energía rusa supondría una recesión en toda Europa.

Es más, si la OTAN entrara en conflicto, China estaría al acecho y preparada para actuar en cualquier momento dado que Rusia es su segundo mayor proveedor de petróleo, con 1,6 millones de barriles al día, solo por detrás de Arabia Saudí, y que se resentiría drásticamente su economía por su bloqueo de exportaciones a Europa y Estados Unidos, que caerían en quiebra financiera ante el patrón oro ruso, que es lo que verdaderamente acumula este país y teme el resto del mundo, que no tendría otra alternativa que rendirse a la unión Rusia-China, de forma unilateral y sin condiciones.

Quien fue la primera autoridad militar profesional de España, el antiguo JEMAD Fernando Alejandre: “Si nos enfrentamos abiertamente a Rusia iríamos a una destrucción mutua segura” … Por eso “enviar armas a Ucrania solo alargará su resistencia para llegar en mejores condiciones a una negociación” … Lo único que puede hacer Ucrania “es intentar evitar que se produzca una masacre contra su propia población civil y continuar la defensa el mayor tiempo posible, sabiendo que sus posibilidades son muy pocas”.

Otro reconocido profesional de la milicia, el coronel Baños da su opinión en una reciente entrevista:

“¿Rusia no quiere una democracia junto a su frontera? —Eso es totalmente falso. Si vamos a los índices de democracia que publica cada año la Unidad de Inteligencia de The Economist, que divide los países entre democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios, Ucrania ni siquiera es considerada democracia imperfecta. Aquí, el juego de la guerra de la narrativa nos está presentando Ucrania como si fuera un país maravilloso y no es así en absoluto. No tiene nada más que ver a su presidente, Zelesnki, un humorista que tenía un programa de televisión en el que criticaba la corrupción y que se ha convertido en lo mismo.

¿Y Ucrania no tiene nada que decir? —Hablan del derecho soberano de un país a ingresar en donde le dé la gana, en este caso en la OTAN. Esto te lo venden como un gran mantra. Y yo le pregunto: si mañana México quisiera entrar en la alianza de seguridad de Rusia, la FSPO, la organización del tratado de Seguridad Colectiva, en el que están todos los países de Asia central más Armenia y motivo por el que Rusia acudió a ayudar a Kazajistán, para defenderse de Estados Unidos ¿Estados Unidos lo permitiría? Obviamente, no. ¿Qué pasó en Cuba en 1962? Como estado soberano, tenía todo el derecho a poner misiles nucleares en su territorio, pero Estados Unidos lo impidió. El mundo es mucho más complicado de explicar”.

En esta guerra parece que todo el mundo lleva razón, que no hay una opinión unánime y mucho menos absoluta; todo el mundo miente, tiene sus medios de comunicación afines por una u otra causa; se trucan los reportajes; no sabemos quién ha matado a quién; las suspicacias proceden de todos los sitios y colores; la independencia periodística está quedando por los suelos, con videos que demuestran de forma palpable que se manipulan reportajes; y que al final la única realidad es que hay muertos y destrucción, que mutuamente se achacan las partes contendientes, el resto es subjetivo según quién te lo cuente. Y lo más grave es que todo esto está pasando manejado y dirigido desde un despacho en cualquier parte del mundo desde el que se puede observar lo que pasa a miles de kilómetros de una forma absolutamente fidedigna.

En resumen, está muy bien la solidaridad con Ucrania, con los negocios de Soros allí y sus ONG piratas de las que no he visto ningún barco de Open Arms recogiendo refugiados ucranianos,  con el subterfugio de instrucciones anglosajonas que en realidad son quienes mueven todos los hilos del mundo (hay quien mantiene que el objetivo último es el hundimiento de Rusia, el único país europeo que tiene potencia para oponerse al plan del NOM y de la Agenda 50), con la acumulación de riquezas con apellido Biden (desindustrialización y destrucción de la agricultura, pesca, minería y otras actividades productivas en Europa), con las informaciones interesadas y sesgadas de todo tipo que nos están llegando (conversión de la economía en digital con control total de los medios de vida por parte de los oligarcas), con cinco millones de expatriados ucranianos (pueblos envejecidos, despoblados, empobrecidos, inermes, débiles, inmigración extraeuropea que rompa la paz social, debilite la cohesión social y cultural), que son los primeros que deberían estar en el frente de batalla, pues son ellos los que tienen que defender su país, porque quien no es hombre para defender su patria, no puede pedir que se inmolen otros en su lugar.

Pero una vez que la guerra no ha acabado en los primeros días de batalla, puede prolongarse en el tiempo con miles de muertos indiscriminados por rencor en ambos bandos; o lo que es peor, las armas convencionales ya no son válidas para ganar una guerra, la infantería de combate es carne de tiro certero, los edificios a destruir lo son desde kilómetros de distancia, y las batallas se ganan en despachos con mapas y generales que tienen a su disposición armas y tecnologías de todo tipo, incluidas bacteriológicas y nucleares, y que pueden causar miles, millones, de personas muertas por algún loco que juegue con botones de colores. Y Joe Biden lo ha dicho alto y claro: “Si Rusia usa armas nucleares, químicas o biológicas, responderemos”. Y ¿a que no adivinan ustedes quienes son los que están más cerca de Rusia? Efectivamente, Europa.

La guerra ruso-ucraniana, como todas las guerras, ponen de manifiesto lo peor de todos nosotros, los odios profundos, las envidias más insondables, los rencores más atroces, el animal más perverso que cada uno llevamos dentro, desenmascarando disfraces propios y ajenos con un único objetivo, o matas o te matan. Matar o que te maten, el resto es palabrería de quienes no se encuentran al alcance de las balas.

En el conocidísimo El Arte de la Guerra de Sun Tzu se lee: “Por regla general, hacer la guerra no es lo mejor. Sólo la necesidad debe obligar a emprenderla. Independientemente de su resultado y su naturaleza, los combates resultan funestos incluso para los propios vencedores. Únicamente hay que librarlos si la guerra no se puede conducir de otra forma. Si al soberano le mueven la cólera o la venganza, no debe declarar la guerra ni movilizar tropas”.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.