Los académicos de la lengua nos dicen que la esclavitud es una “sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación”. Vemos pues que, más que ofrecernos una nítida definición, su diccionario nos remite a lo que cada cual entienda por “sujeción excesiva”. Por su parte, los historiadores nos cuentan que, a lo largo de miles de años, una minoría de seres humanos pudo someter a la mayoría, utilizando el miedo y la violencia, pero que todo eso acabó en 1927, cuando la Organización de las Naciones Unidas (antecedente de la ONU) abolió definitivamente la esclavitud en todo el mundo. ¿Ya no hay pues “sujeciones excesivas”? Entonces ¿Cómo es que hay ONGs que denuncian que la esclavitud sigue vigente?

Podemos averiguar si todavía existen esclavos realizando una sencilla investigación: Vamos a suponer que, tanto tú como yo, tenemos trabajo y cobramos, por hacerlo, un salario de 1.500 € mensuales. Si lo multiplicamos por 14 (12 meses + 2 pagas extra) podemos decir que nuestro ingreso anual asciende a un total de 21.000 €. ¿Pero podemos gastar, realmente, todo ese dinero? Pues no porque, de esa cantidad, hay que detraer un 7%, que se nos descuenta en nómina, en concepto de cotizaciones a cargo del trabajador, más otro 30% que pagamos en concepto de IRPF, con lo cual, nuestro sueldo se reduce a unos 13.000 €, que es la cantidad que podemos utilizar para comprar aquellas cosas que necesitamos para vivir pero, como cada producto que compramos lleva su correspondiente IVA, todavía debemos restar un 21%, con lo que, realmente, solo podemos disponer de, más o menos, la mitad de nuestro salario.

Decir que el estado se queda con la mitad de nuestro ingreso anual es como decir que cada año trabajamos seis meses para el estado, es como hacer seis meses de mili al año. Puede que, algún puntilloso objete que hemos computado todo el IVA al 21% cuando existen tipos reducidos. Es evidente que lo que hemos hecho ha sido un cálculo simplificado, para obtener un resultado orientativo, y es por ello que tampoco hemos tenido en cuenta que se paga por visitar los monumentos públicos, por bañarse en la piscina pública, por aparcar en la calle, que cualquier documento notarial lleva un impuesto, que pagamos parte del precio de los medicamentos, cuando no todo pues, ciertamente, un cambio de sexo puede salir gratis pero no una visita al dentista. ¡Ni siquiera hemos computado el impuesto que cargan a la electricidad, ni al carburante! En realidad, la cantidad de dinero que nos queda después de las mordidas del estado es aún menor, aunque puede que, bien administrado, nos permita ahorrar lo suficiente para comprar un libro con IVA reducido.

Y así llegamos al final de nuestra pequeña investigación. Se trata, ahora, de observarnos a nosotros mismos, de ser conscientes de nuestros propios pensamientos: Si no tenemos ganas de ir a trabajar, pero vamos; si no queremos pagar esos impuestos confiscatorios pero los pagamos, si no podemos escapar de tantas obligaciones ¿No es porque sentimos que somos objeto de una “sujeción excesiva”? ¿No es porque consideramos que una minoría nos sigue sometiendo, a la mayoría, utilizando miedo y violencia?

 

6 Comentarios

  1. Perdón por la cita propia, pero lo he dicho siempre: si todo el mundo se diera de baja de los teléfonos; si se tiraran a la basura los llamados “móviles”; si se borrara de los ordenadores personales (quien lo tenga, porque, por desgracia, han conseguido que se sustituyan) el maldito “windos”; si nadie hubiera salido a la calle con bozal; si nadie se hubiera pinchado… ¡Ja! Tantas y tantas cosas más, que no cito aquí para no hacerme demasiado extenso, pero que hubiesen supuesto que el presunto “amo” no estuviera aquí, porque habría dicho, seguro: “Con éstos no hay quien pueda”.

  2. Y hasta hay razas que pagan por ser azotados o encadenan. La raza española es propensa a la esclavitud hasta el punto que España es el club sado-maso o plantación más grande del mundo, pero ahí están felices los esclavos con sus mascarillas y grafeno caído del cielo.

  3. Las tropas de Napoleón descubrieron con horror que cuando se nos agota la santa paciencia somos indómitos como ningún otro. No dudaron en tomar represalias contra la población civil, pero sólo consiguieron cabrearnos aún más, y se arrepintieron cuando eran capturados prisioneros.

    No quieren que volvamos a levantar cabeza, a ser un peligroso rival, porque si es la voluntad de Dios, somos capaces de hacer caer imperios. Por eso nos comen el coco para hacernos creer que somos una panda de perdedores incapaces de hacer nada bien salvo que otros de fuera nos den instrucciones. La guerra propagandística ha sido tan feroz, durando siglos, que ahora caemos en la autocrítica destructiva y en la indefensión aprendida. Es lo que han logrado en su plan de rompernos las alas y quitarnos la fe en nosotros mismos.

  4. No. No es una minoría. La mayoría quiere pagar impuestos de hecho. A tal grado de estulticia hemos llegado. El caso es que si a los que quieren pagar impuestos se les dice que nada les impide pagarlos, pero libre y voluntariamente, te dicen que así nadie pagaría (la falacia del free rider), luego demuestran un infantilismo irresponsable y demencial, que no pueden vivir sin que el Estado dirija sus vidas. Es una manifestación más de la mayor de las ESCLAVITUDES, la del pecado.

    ¿Qué problema hay con suprimir toda subvención y permitir la libre y responsable donación voluntaria de recursos a las administraciones en tiempo, destino y cuantía a la población? Un sector público financiado con donaciones y con recursos obtenidos por medio de beneficios de empresas públicas y tasas y precios públicos, sería mucho más eficiente y generaría mucho menos odio entre la población, pues cada cual aportaría lo que en conciencia cree que debe aportar (en caso de que se recaudase poco, seguro que la población reaccionaría aumentando su aportación individual, eliminándose todo gasto superfluo y privilegio corrupto). Es curioso que la fe se propone (y Dios es Todopoderoso) y el Estado SE IMPONE.

    Los impuestos se definen como transferencia COACTIVA en favor de un poder público (estado, administración territorial, seguridad social, ayuntamiento, etc.), es decir, de un poder POLÍTICO. Los impuestos son incompatibles totalmente con la LIBERTAD. No hay libertad con impuestos, sino dictadura económica sustentada con ejército, policía y fuerzas de seguridad que son en última estancia los represores de los que quieren ser libres. Al fin y al cabo, todo lo que los poderes públicos recaudan con impuestos, lo pueden recaudar perfectamente con donaciones, libres, responsables y directas en cuanto a destino, cuantía y periodificación.

    A todo esto, los denominados “paraísos fiscales”, carecen de desempleo involuntario y pobreza (los ciudadanos y familias menos ricos allí, viven bastante holgadamente). Bien se puede decir que compiten con ventaja respecto a otros países, pero la realidad es que no tienen más industria que otros y las diferencias de rentas entre los más ricos y los menos ricos no son tan acusadas como en los países con mayor presión fiscal, porque en los denominados “paraísos fiscales” se respeta mucho más la libertad económica, la competencia libre y uno puede aprovechar mejor su talento, distinguiéndose los individuos más por su valía que por privilegios, corrupción, arbitrariedades y prebendas infundadas, luego en realidad los impuestos generan, además de corrupción extrema, creciente desigualdad (es especialmente REGRESIVO y sangrante el impuesto de sucesiones y donaciones, un robo inmisericorde a los más pobres, que ni pueden heredar siquiera en las dictaduras rojas fiscales como España. Y teniendo en cuenta que los inmuebles son el elemento de mayor valor en los patrimonios, bien se puede decir que la regresividad se multiplica con este impuesto bolchevique comunista generador de miseria y desigualdad extrema).

    Hemos visto como transportistas y agricultores se han manifestado masivamente, incluso violentamente, exigiendo que les sean rebajados los impuestos (todo ello en el contexto de la desaparición gradual de la corrupta PAC). Y cuando se les ha ofrecido una subvención sobre el carburante, rápidamente se han desmovilizado, porque ahora el impuesto que financia su subvención al carburante, lo pagarán otros, los que no tienen un ejército para aniquilarlos a todos, gobernantes y votantes, alimañas tanto unos como otros. Si la hipocresía farisea tuviera consecuencias inmediatas, es decir, la condena inmediata al infierno, campos, ciudades, carreteras, etc. quedarían inmediatamente despobladas. Qué asco de hipocresía farisea.

    • Hay una opción en la declaración de renta para “renunciar a la devolución”. Si publicaran la lista de los que renuncian, veríamos a cuantos les gusta, realmente, pagar impuestos. Igual el rey está en esa lista.

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