mentiroso

Aristóteles, en su obra Moral a Nicómaco, traducida al castellano por D. Patricio de Azcárate en 1873, dice que “El que peca por exceso de miedo es un cobarde; porque todos esos errores que dan lugar a equivocarse sobre los objetos temibles, la manera cómo debe temérseles y otros análogos, acompañan y siguen al cobarde. No peca menos por falta de confianza; pero donde más descubre su carácter es en los momentos de aflicción; pues cayendo sin el menor recato en todos los excesos del sentimiento, pone en evidencia su debilidad. De aquí que, como teme siempre, tiene la mayor dificultad en concebir esperanza; mientras que al valiente sucede todo lo contrario, porque la seguridad es propia de un corazón que tiene buenas esperanzas.

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Así el cobarde, el temerario, el valiente, lo son relativamente a los mismos objetos. Sólo que sus relaciones con estos objetos son diferentes, pecando los unos por exceso, los otros por defecto. El hombre de valor sabe mantenerse en un justo medio y obrar como lo exige la razón. Los temerarios corren con ardor en busca del peligro; después, cuando este llega, vuelven pie atrás las más veces. Los valientes, por el contrario, serenos antes, sostienen después resueltamente su puesto en la acción”.

La RAE define cobarde como: “Pusilánime, sin valor ni espíritu para afrontar situaciones peligrosas o arriesgadas”.

He dejado escrito, y repito, que Ucrania no tiene ninguna posibilidad, por sí sola, de ganar la guerra con Rusia. Ante el execrable acto invasor ruso, la OTAN se encuentra en una difícil posición pues no puede intervenir directamente al no ser un país integrado en la misma, y Estados Unidos debe mantenerse alejado del conflicto pues una intervención suya desencadenaría una situación de impredecibles consecuencias. Solo China tiene fuerza moral y militar suficiente para ser árbitro y poner punto final en esta disputa. Si las cosas siguen de forma bilateral Rusia-Ucrania, Kiev puede ser la Numancia del siglo XXI y preludio de lo que pudiera pasar en toda Europa.

Ucrania tiene la simpatía y ayuda moral de todo el mundo salvo de unos pocos que, antes que españoles, se sienten comunistas y han dejado absolutamente claras sus ideas dictatoriales, hasta ahora con una pátina de engaño que ha propiciado que algunos de ellos, que no tenían dónde caerse muertos cuando entraron en política, ahora vivan como “la casta” que entonces denostaban. Si los españoles siguen votándoles, aunque sea minoritariamente como ahora, nos merecemos que vuelvan los piojos y la hambruna de los años treinta del siglo pasado.

Toda la Unión Europea está ayudando y enviando armas a Ucrania, menos España. Pedro Sánchez, además de mentiroso, es un cobarde, allanándose a los deseos de Podemos, que está contra la OTAN, a favor que desaparezcan los ejércitos, pero no el ruso, su admirada meta y meca de sus pretensiones.

Podemos se opone al envío de armas a Ucrania, a las sanciones económicas y al veto a medios rusos de todo tipo; y Pedro Sánchez, cobardemente, limita la ayuda directa al aspecto humanitario y la provisión de material defensivo como cascos y chalecos. Esta semana, después que Biden lo dejara, una vez más, fuera de las reuniones de alto secreto mundial, ha manifestado que “enviará armamento ofensivo”, pero sin especificar si será directamente o bajo el amparo global de la OTAN.

Es de suponer que el presidente del Gobierno tendrá la conformidad de la oposición para aprobar en el Congreso la entrada de España en guerra, si llegara el caso, autorización preceptiva para ello, por lo que no depende de Podemos para cumplir con los compromisos internacionales suscritos por nuestro país, aunque sea absolutamente dolorosa la situación.

Pero sí sigue dependiendo de Podemos para continuar durmiendo en La Moncloa; y Podemos es claramente comunista, nacionalista expansionista, como fue Napoleón, Hitler, como fue la extinta URSS, como pretende Cataluña, y Euskadi, y están en contra de Estados Unidos y de la OTAN, y de Ucrania, de la que Pablo Iglesias ha dicho en multitud de ocasiones que está gobernada por nazis, porque es él el que reparte los carnets de demócratas, porque permitimos el canto de la Internacional con el puño levantado a la ultra izquierda y en cambio todo el mundo se subleva si cuatro, contados y numerados, de la ultra derecha cantan el Cara al Sol, porque Ucrania, con sus problemas, como tiene todo el mundo, dijo “no” a una dictadura prosoviética, convocó elecciones y eligió a sus representantes en el Parlamento de una forma democrática.

Nuestro presidente tiene un miedo cerval, de sometimiento, a los comunistas de Podemos y resto de marcas que pululan sobre su eje. Las ideas se confunden y somos muchos los que pecamos de pensamiento. ¿A qué tiene miedo Pedro Sánchez y el PSOE en su conjunto?

El periodo democrático español ha soportado secretos inconfesables que se mantienen a buen recaudo, como el que fue el mayor atentado cometido en España, el del 11-M, en el que fallecieron 193 personas y 1857 resultaron heridas, muchas de ellas con secuelas indelebles, tardó tres años en instruirse y el juez Gómez Bermúdez dijo: “España no está preparada para saber la verdad”. En el caso de los ERE de Andalucía llevamos once años pendiente de cerrar la causa. Inexplicable.

Pero pienso que ha de haber otros muchos temas en las cloacas -esta palabra puede sustituirse por cualquier otra que venga a significar lucro impropio en cualquier clase de especie- que nos ha llevado a esa democracia imperfecta que llamé yo hace ya algún año y que “The Economist” ha calificado como defectuosa durante el presente ejercicio. Cuando a la democracia hay que ponerle algún adjetivo, malo. Recuérdese que con Franco era una democracia orgánica.

No se queje nuestro presidente si es un títere político con el que no cuenta ninguno de los líderes mundiales, si le dan una cuchara para que pruebe la sopa cuando está terminada y a sazón de los que la han guisado, no se invente cumbres de medio minuto por un pasillo, no simule hablar por teléfono con Biden o con Olaf Scholz;  nadie se fía de él porque tiene el comunismo sentado en el Consejo de Ministro de la Nación, y los comunistas les tienen cogido por no sé qué parte de su fisonomía, que no le deja respirar.

Y si alguien es cautivo de algo, es muy difícil por no decir imposible, ser el líder de la libertad de un país.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

3 Comentarios

  1. Embustero, hijo de perra y asesino, para eso pusieron a este cabrón, para acabar con ancianos, enfermos y en general con España, maldito sea el día que vino a este mundo.

  2. Si no existiera este tipo seria otro como el fracasado del partido patetico, no hay que darles la importancia que no merecen, no son mas que zombis pagados por el globalismo que acabaran como cabezas de turko

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