ancianos

Por supuesto no vamos a dar su nombre para mantener el anonimato. Simplemente, les vamos a decir que se llama Consuelo y que nos ha enviado un correo electrónico en el que nos ha contado cómo fallecía su madre a los 89 años el pasado año.

Y lo hacemos porque creemos que es necesario que nos vayamos enterando de lo que sucede a nuestro alrededor para que no pensemos que lo que nos pueda suceder a cada uno de nosotros, en nuestras familias ,pueda ser algo raro, diferente a lo que le sucede al resto. Cuando fallecen personas anónimas no se entera nadie, al contrario de cuando sucede lo mismo con personas famosos o, simplemente, conocidas.

Teniendo constancia de estos testimonios podemos darnos cuenta de lo que está sucediendo de verdad: una auténtica masacre puesto que está muriendo mucha gente. Y en algunas familias aún peor, puesto que está falleciendo más de uno de sus miembros en un corto periodo de tiempo. Este es el testimonio de Consuelo:

“Buenos días, mi madre entre el 15 de febrero del 2021 y 15 de marzo del 2021 se puso la primera vacuna. No recuerdo exactamente el día porque la llevó un hermano mío.
Ella sólo tomaba un medicamento para la tensión arterial.

Fue ponerse la primera vacuna de Pizzer y dio un bajón grandísimo, hasta el punto de tener que utilizar una silla de rueda para moverse.

El 18 de Marzo del 2021 fue a ponerse la segunda dosis de Pizzer (no se si esta bien escrito el nombre, pero creo q lo entiende) y el 19 de Marzo, o sea, el siguiente a la vacuna se quedo dormidita en el sofá. Falleció sobre las 5 de la tarde.

Dos días antes de ponerse la vacuna la lleve al médico, hicieron electro y analítica y todo bien, según el médico había cositas pero típico de una mujer de 89 años.

Solo informo de lo que me pasó a mi con mi madre, por si sirve de algo”.

 

1 Comentario

  1. Con todos mis respetos a esta sra. y acompañándola en el sentimiento, sólo puedo comentar que, por desgracia es una de la muchas personas a las que ese miedo se le ha metido de lleno. Partiendo de que cada uno es muy libre de ejercer sus derechos, sean del tipo que sean, creo que estas actuaciones de llevar a las personas mayores al matadero, se ha repetido y repite demasiado a menudo. Hay dos razones que deben tenerse en cuenta, cuando la decisión se toma por un tercero. Primero, si tras ponerle la primera kakuna, ven claramente que a esa persona le ha influido negativamente hasta el punto de “tener que usar una silla de ruedas para moverse”, ¿cómo es posible que la llevaran a por una segunda dosis?.
    En segundo lugar e insisto en mis respetos hacia esta sra. y su familia, viendo lo ocurrido y con 86 años, haberla dejado tranquila y no exponerla a la ruleta , pues la pobre mujer se encontraba bien y según sus palabras, “sólo tomaba un medicamento para la tensión arterial”.
    En estas situaciones, hacer responsable a alguien del entorno, sería muy cruel y fuera de lugar, porque todos sabemos quienes son los culpables de que sólo vean una salida a este grandioso engaño, del cual no son conscientes.
    No es ni el primer caso, ni el último. Creo que todos tenemos constancia de ello, Pero ahora me pegunto si, tras estos hechos descritos por Consuelo y otros miles, ¿podríamos decir que se han dado cuenta de lo que ha acabado con sus seres queridos?¿Serán capaces de reconocerlo públicamente ante quienes siguen obsesionados con la inoculación o simplemente lo asumirán como una desgracia ? ¿Alguien se sentirá culpable por haber inducido a su puesta, a quién no ha podido tener criterio para decir un,¡¡ NO, GRACIAS!!.?

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