Bien se puede decir que la sabiduría es el conocimiento de la verdad y la verdad es el conocimiento que libera (La verdad hace libres, decía Jesús). Habiéndolo dicho, pregunto  ¿Pondrías maestros sabios a disposición de tus esclavos, de tenerlos? No sé a ti, pero los que pusieron a mi disposición fueron todos aquellos que creían no poder dar más de sí. -El que vale, vale, y el que no, a Magisterio- Era frase de moda en aquellos tiempos.

Don Fernando, que enseñaba ciencias sociales, se comía los mocos mientras miraba de reojo, en todas direcciones, temeroso de que alguien pudiera descubrir su nutritiva afición. Don Vicente, el de matemáticas, prefería hablar, en clase, de lo bueno que era su padre tapizando muebles. Doña Consuelo, la de lengua, nos incitaba a manifestarnos por la devolución de nuestros “fueros valencianos”, que nos birló un antepasado del actual rey (Nunca nos aclaró en qué nos podían beneficiar tales “fueros”). Don Emilio se hizo curandero (Me confesó que ganaba más) y Don Vicente, banquero (Intentó colocarme un préstamo cuando fui a saludarle, al enterarme de que lo habían trasladado a la sucursal de mi pueblo). Doña Amparo, la cachonda directora, se vio envuelta en un escándalo de corrupción que a nadie sorprendió cuando, por fin, se destapó pues ¿Qué otra cosa podía explicar que comiéramos mucho mejor los días que nos visitaba el inspector? ¿Sigo?

Quién decide dedicarse a Magisterio por creer que no da para más cree, obviamente, que el magisterio es poco importante, y nadie siente vocación por algo que considera poco importante. La vocación es, precisamente, dar importancia a la actividad que se hace. Cuando uno hace aquello por lo que siente verdadera vocación, tiene asegurado el éxito, el triunfo, la excelencia, la satisfacción, pues dar importancia es fijarse y ¿quién puede hacer bien aquello en lo que no se fija? Puede que ese éxito se transforme en dinero pero eso no es importante. Lo que importa es la satisfacción de sentir que se está haciendo algo importante. Lo que importa es sentirse satisfecho, porque el que así se siente está feliz y contagia felicidad. El maestro insatisfecho se delata cuando le dice al alumno –Dedícate a otra cosa-  (Él se dedicó a otra cosa).

La maestría en educación básica debería ser la más alta, en cualquier sociedad que se precie, pues todos tenemos claro que formar a los niños es dar forma al futuro; pero en la nuestra, a la vista está, es la más baja. Si un individuo no tiene buena educación básica, no tiene buena base, y sin buena base, se sentirá inestable y, por tanto, atemorizado. En el futuro será parte de una masa que las “autoridades” podrán  manipular a voluntad, aprovechando ese temor. Pero ¿Es verdadera autoridad lo que tienen esas “autoridades”, o solo potestad? ¿Sabría un maestro de educación básica distinguir ambos conceptos? La autoridad es lo que va ganando uno con sus actos, a lo largo de una vida (Por sus hechos los conocerás). La potestad es lo que otorga el estado, con su varita mágica (La chapa del policía o del juez). ¡El estado puede convertir a una cajera en ministra, en apenas un segundo! ¿Dirías que tus maestros lo eran por ser sabios reputados o porque tenían un título, una chapa, que les otorgó el estado? ¿Puede que el interés del estado sea titular a estúpidos para mantener estupidizada a su masa de esclavos?

Después de pasar, al menos diez años en la escuela (La séptima parte de una vida) todos salen de allí sin saber cocinar nada, sin saber cultivar alimentos, sin saber descifrar la factura de la luz, sin saber qué es una nómina, un contrato, una hipoteca, un impuesto. Sin saber ninguna de esas cosas que formarán parte de su realidad cotidiana. ¡Pero sabrán que pueden “sentirse mujer” si les sale de los huevos! Sabrán, eso sí, que la democracia es el sistema “menos malo”, que nunca hubo un pasado mejor, que viven en un globo cuadriculado. Sabrán confundir anarquía con caos, ciencia con ciencia-ficción, filosofía con sopas de letras, información con comunicación. Sabrán, como sabía su maestro que, cada cuatro años, podrán elegir entre “el Mal” y el “Menos mal”, pero nunca “el Bien”. Sabrán decirme que no tengo derecho a quejarme, porque no voto. Tampoco les enseñan que votar es nombrar representantes, que cuando votas a otro, lo autorizas para actuar en tu nombre, asumiendo las consecuencias de lo que haga. ¿Quién es el que no puede quejarse sino aquel que autoriza a delincuentes con su voto?

Pero ¿Cómo concienciar a los que votan sin saber lo que votan cuando la mayoría están dispuestos, incluso a inocularse, sin saber lo que se inoculan? Médico era el que me dijo –Mejor no leer los prospectos, pues si los leyéramos, no tomaríamos ninguna medicina- ¡Y si no los leemos nos las tomamos todas ¿No?! Con la estupidización de la enseñanza, era del todo previsible que la estupidez llegara a la medicina y también a la justicia. ¡Si supieras cuantos juristas ignoran lo que es una Constitución! Una Constitución es una ley que se impone sobre todas las demás para garantizar que los representantes no puedan esclavizar a los representados. Es una ley que debe interpretarse, siempre, a favor de estos últimos. Hacer lo contrario es destruir la garantía. Buen ejemplo de estupidez jurídica es la interpretación que da el estado al “derecho a la educación”, que convirtió en “obligación de asistir a las escuelas autorizadas por el estado”. El derecho a la educación no es más que el derecho a ocupar una plaza escolar, a exigir a los representantes que mantengan las escuelas en buenas condiciones, como el servicio de agua potable, como cualquier otro servicio público pero ¿No puedo beber agua del manantial si me da la gana? ¿Acaso teme el estado que no aprenda suficientes estupideces si no voy a su escuela autorizada?

El jurista delata su estupidez cuando da por supuestos los “Límites de los derechos fundamentales”. Sin duda, cambiar “hecho fundamental” por “derecho fundamental” fue una astuta jugarreta. ¿Quién iba a fijarse, a dar importancia, a una sílaba? El derecho a la vida no lo otorga ningún juez, ninguna “autoridad”. ¡Surge del hecho de nacer! ¡El hecho de vivir y el derecho a vivir son una misma cosa! Los derechos fundamentales son, en realidad, hechos fundamentales y como hechos deben tratarse. Los hechos no se pueden limitar. Son las piezas que forman la realidad. Es la realidad el fundamento del derecho ¿Cómo podría el derecho fundamentar la realidad? ¿Podría haber vida solo porque lo disponga un juez? ¿Sabe algún juez lo que es la vida? ¿Quién puede atreverse a “limitar” aquello que no comprende sino un loco?

Y la estupidez  llegó a todos los rincones de la sociedad. ¿Cómo si no hubieras visto a ingenieros, arquitectos, notarios, psicólogos, informáticos, embozados, limitando su propia respiración? El grado de corrupción máxima, se alcanzó, sin duda, cuando se aceptó poner en riesgo la vida de los niños para tranquilizar a los adultos. ¿Cabe un hecho más mezquino, más cobarde, más miserable, más estúpido? ¿Nos jugamos el futuro de la humanidad entera inoculándoles una sustancia desconocida con efectos desconocidos, solo porque lo ordenaron unos delincuentes autorizados por el estado?

¿Y ahora qué? ¿Qué se supone que haremos, habiendo llegado a la más alta cota de corrupción? Pues no pudiendo subir más, solo queda bajar. ¿Qué se puede hacer, cuando se hace lo peor, sino mejorar? Mejorar, para un corrupto, es ganar honestidad. Por una vez, podemos estar seguros de que nos espera un futuro más honesto, más verdadero, y por tanto más libre y se lo tenemos que agradecer a los niños. ¿Qué hubiera podido neutralizar la corrupción máxima sino la máxima inocencia?

 

6 Comentarios

  1. Interesante artículo, pero la conclusión peca de optimismo. Lo cierto es que:

    “las cosas nunca están tan mal como para que no puedan empeorar”.

  2. La igualdad de oportunidades es sagrada, desde mi punto de vista. La gravedad acelerada de la situación actual es consecuencia entre otras cosas de la infiltración marxista en todas las esferas de la vida, especialmente en la Educación -que debería llamarse Enseñanza y devolver la misión principal de educación a las familias- que por los complejos personales de los devotos de esa religión pagana exige el enrasamiento del grupo y de los individuos al nivel medio-bajo. De la mano de esto, se sustituye la sagrada igualdad de oportunidades por la artificiosa igualdad de resultados. La “educación” diseñada por los políticos en España lleva muchos años saboteando la motivación y al que destaca. Porque todo, lo que se dice todo, está politizado. Cuando además ya casi nada debería estar politizado, pues las cosas por sí mismas y sin la manaza corrompedora de los políticos tienden a ir bien por propia inercia, y a pudrirse hasta los cimientos cuando interfiere el virus político. Los políticos podían ser necesarios en el pasado para cosas muy puntuales, y hoy para relaciones exteriores siempre y cuando haya unos mínimos de patriotismo protector. Todas las demás áreas de la vida deben ser desinfectadas de lo político. Porque es que además estos engendros de los partidos y las “ideologías” ni siquiera son ya política, son otra cosa asquerosa y falsa.

  3. En España la mal llamada educación ha sido el arma arrojadiza predilecta del teatro concertado pp-psoe. Pero dentro de este teatro no hay duda de que la mayor voladura de la enseñanza y la educación -en el sentido que gusta a los totalitarios, el de reeducación- la ha perpetrado el psoe. La ha ido vaciando de sustancia y de veracidad, y ha robado a cada promoción de alumnos horas de su tiempo para llenarles el cerebro de las mil batallitas de su pseudorreligión, tanto a través del currículum como de bombardeo ambiental en colegios e institutos. La ley Celáa ha asestado el golpe final a la enseñanza pública. Una de las últimas atrocidades ha sido iniciar el desmantelamiento del currículum de Lengua. Cualquier dictador y demagogo sabe que cuanto más flojo sea el manejo del lenguaje, más limitadas son las ideas y más fácil de manipular es el individuo.

    A todo esto recuerdo que toda esta gentuza política de todo signo lleva a sus vástagos -con nuestro dinero- a los mejores colegios que encuentran, bien lejos de la “educación pública” con su tapa hermética. Si la masa no estuviese tan exitosamente estupidizada se les podría explicar la necesidad de hacer una de esas desparasitaciones periódicas, sin piedad.

  4. Muy buen artículo . Solo añadir que , justicia, médicos y una parte de la población, son mala gente no encuentro nada más suave. Dicen que un loco vuelve a cien y de ahí a un” Corredor sin retorno” ya ni un paso. Si el mundo sigue destruyéndose , los que ya no comulgamos con ruedas más que de molino de carros blindados tendremos que crear cooperativas, de enseñanza, de salud, de todo o estamos bajo el yugo para siempre de unos ENFERMOS MENTALES SIN RETORNO Y LO PAGARAN LOS NIÑOS QUE YA LLEVAN SU CUOTA DE HORROR¡

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