fin del mundo

Desde octubre de 1990, y a lo largo de varios años, tuvieron lugar en el instituto de Alhama de Murcia una serie de reuniones en torno al pensamiento de Raymond Abellio, una de las figuras claves del esoterismo francés contemporáneo. Dirigidas por el profesor de Filosofía y experto en historia de la gnosis Emilio Saura, en ellas aparecía de forma recurrente el tema del fin del mundo, enmarcado tanto dentro de la visión cíclica del tiempo a lo René Guènon como en el esquema bíblico y neotestamentario  de la Historia, que tiene un principio con la creación del mundo por Dios y un final marcado por una crisis sin precedentes, la aparición del Anticristo y el establecimiento definitivo del Reino de Dios.

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Recuerdo que, en aquellos apasionantes debates celebrados en la sala de profesores del instituto, la noción de “acontecimiento apocalíptico” la solíamos relacionar entonces con fenómenos históricos como las apariciones de Fátima, el nazismo, el Concilio Vaticano II, el atentado contra Juan Pablo II en 1981, la caída del Muro de Berlín o la Guerra del Golfo contra Saddam Hussein. En años posteriores, tendríamos que referirnos a hechos como el atentado contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 o la crisis financiera de 2008 para encontrar el tipo de fenómenos que, en un sentido o en otro, nos hicieron pensar por aquellos años que nos aproximábamos al final de nuestra civilización e incluso, desde una perspectiva teológica cristiana, a lo que se conoce como “el fin del mundo”.

Sin embargo, la moderna civilización occidental parecía poseer la rara virtud de conjurar todos los peligros que la amenazaban, de fagocitar e integrar todas las contradicciones, de manera que, contra todo pronóstico, su buque conseguía seguir navegando sin apenas daños reseñables en su casco. En efecto, y a causa de ser una civilización carente de forma propia, era capaz de apropiarse de todo tipo de fenómenos, desactivando así su posible acción subversiva. El universo consumista e hiperindividualista posmoderno analizado en la década de 1980 por el sociólogo francés Gilles Lipovetsky debe entenderse precisamente así: como una hábil estrategia de supervivencia de Occidente, convertido en un inmenso supermercado de productos, tendencias y creencias. Y, además, si surgía una crisis realmente peligrosa -como sucedió en 2008 tras la caída de Lehman Brothers-, allí estaban expertos como Mario Draghi, presidente por aquel entonces del Banco Central Europeo, para, como por arte de magia, estabilizar los mercados y los flujos monetarios internacionales, de manera que Occidente pudiera seguir viviendo de una manera más o menos tranquila. Era la época en que, en un mundo cada vez más caótico y con, por ejemplo, una presencia cada vez más inquietante del terrorismo islámico, Europa era percibida como ese inexpugnable oasis donde la gente se dedicaba a desayunar croissants en las terrazas de las cafeterías parisinas y a tomar Martinis al mediodía, mientras escuchaba en las noticias de televisión que se había producido un nuevo tiroteo en cierto instituto de Estados Unidos o un nuevo coche-bomba había explotado en un mercado callejero de Kabul.

Sin embargo, esta aparente tranquilidad sólo era un espejismo. En las discretas esferas de instituciones como el Club Bilderberg o el Foro Económico Mundial, y también en la cúpula de la ONU y la Unión Europea, existía desde hacía tiempo un consenso generalizado acerca de que el tipo de sociedad y de sistema económico construidos en Occidente desde 1970 eran, a la larga, absolutamente insostenibles. Y al menos desde 1990 se venía repitiendo un mismo concepto: el de New World Order o “Nuevo Orden Mundial”. El proyecto, largamente acariciado por las élites globalistas, consistía en establecer un único Gobierno Mundial de corte masónico que dirigiese el mundo de manera tan racional y eficiente como carente de escrúpulos y de cortapisas morales. Que convirtiese el planeta Tierra en una gran mega-corporación organizada con la eficiencia de un almacén logístico de Amazon. Que lo convirtiese, en fin, en ese lugar racional, pero a la vez deshumanizado, con el que siempre ha soñado la Masonería, en último término al servicio de la gran ambición de Satán: expulsar para siempre a Dios del mundo.

Ahora bien: para establecer el Gobierno Mundial Masónico, era necesario vencer la resistencia de la población, que no aceptaría de buen grado un proyecto que necesariamente coartaría la libertad de los individuos hasta límites inimaginables. Las élites estaban de acuerdo en que, para implantar el Nuevo Orden Mundial, se necesitaba una gran crisis. Y a preparar esa gran crisis han dedicado los últimos veinte años. Ya en 2010, como se sabe, la Fundación Rockefeller había diseñado un plan que incluía los cierres y confinamientos que hemos padecido desde marzo de 2020. Y, a estas alturas, huelga insistir aún más en la pública querencia de Bill Gates por las “vacunas” como “método para reducir la población mundial”. En cuanto al plan de futuro diseñado por el globalismo, es claramente el de la “Cuarta Revolución Industrial” y el “Gran Reseteo” impulsados por Klaus Schwab desde el Foro Económico Mundial, en colusión con la ONU y  su “Agenda 2030” y con toda una larga serie de instituciones internacionales.

La pandemia del Covid-19 sólo es un instrumento más dentro del progresivo despliegue de este gran plan del globalismo. Un instrumento que, además, constituye básicamente una excusa o señuelo para conseguir un objetivo mucho más importante: el de implantar procedimientos de control social cada vez más invasivos (como el “pasaporte Covid”) y, sobre todo, llevar a cabo la vacunación de virtualmente toda la población del planeta: una vacunación que, por supuesto, persigue finalidades políticas y de ningún modo sanitarias. Dado el nivel alcanzado por la biotecnología actual y conociendo la mentalidad psicopática y amoral de los globalistas, ¿quién podría ser tan ingenuo como para creer que iban a desaprovechar una oportunidad como la ofrecida por la vacunación contra el coronavirus? Los innegables fenómenos de magnetización que presentan en su cuerpo la mayor parte de los inoculados y los descubrimientos de la Quinta Columna y del profesor Pablo Campra sobre el óxido de grafeno contenido en los viales de las vacunas se inscriben precisamente en este orden de ideas.

Vamos a ser claros: las vacunas Covid-19 son sofisticadísimas armas de guerra biológica que persiguen un doble objetivo: por un lado, convertir a los inoculados en emisores-receptores de ondas electromagnéticas en conexión con la red de antenas 5G; y, por otro, provocar un “genocidio a cámara lenta”, un holocausto global de muertes a lo largo de los próximos años, para reducir la población mundial en varios miles de millones de habitantes, con el horizonte ideal de la cifra de quinientos millones de seres humanos prescrita por las Piedras Guía de Georgia, nuevas Tablas de la Ley de la Masonería. Esto último, la existencia de una operación de despoblación planetaria masiva, a mí mismo aún me parecía algo imposible o al menos muy difícil de creer a mediados de 2020. Sin embargo, los estudios científicos realizados durante este último año sobre la acción de la proteína Spike en el organismo humano no dejan lugar a dudas: se trata de una auténtica bomba de relojería, de un arma de guerra biológica diseñada para debilitar nuestro sistema inmunitario y la capacidad de nuestro ADN para auto-repararse y evitar mutaciones  de consecuencias desastrosas. Los inoculados se burlan de los negacionistas diciendo que “yo me puse la vacuna hace tres meses y no me ha ocurrido nada”. Ignoran que la acción de la Spike está diseñada para retrasarse y escalonarse en el tiempo, de manera que la ola masiva de muertes que nos tememos que se producirá en los próximos años pueda ser convenientemente atribuida a otras causas y factores (un nuevo virus, una nueva variante, una nueva pandemia etc.) y el grueso de la población no se dé cuenta de que está siendo asesinada. Sea cierta la teoría biológica de la proteína de espiga o bien la alternativa del óxido de grafeno, lo que parece evidente es que la “vacuna” ha servido para introducir en el torrente sanguíneo de miles de millones de inoculados un pernicioso Caballo de Troya que irá manifestando su poder destructor a lo largo de los próximos años.

En las operaciones de guerra psicológica, resulta esencial que el enemigo no entienda lo que está pasando. La desinformación, los datos contradictorios, la acción de la disidencia controlada, los señuelos, las pistas falsas, la difusión de todo tipo de teorías y mensajes: tal conjunto de elementos colabora todo él para producir ese desconcierto que tan conveniente resulta para que el bando objeto del ataque, no entendiendo lo que ocurre, tampoco sepa qué hacer. Ahora bien: lo que puede parecer más sorprendente es que, como en un juego de matrioshkas, ni siquiera los propios globalistas que han orquestado la operación Covid-19 sepan realmente lo que está ocurriendo; lo que ellos, sin darse cuenta, están ayudando a provocar.

Ciertamente, la comprensión de los acontecimientos que desde marzo de 2020 han venido produciéndose en el mundo puede abordarse desde múltiples perspectivas complementarias entre sí. Los globalistas que han provocado la pandemia del Covid-19 creen entender lo que está sucediendo; pero, aun contemplando -como lo hacen- el mundo desde las atalayas de sus rascacielos, también a ellos les falta una perspectiva realmente espiritual totalizadora que unifique -como en la metáfora de las matrioshkas que se van conteniendo las unas dentro de las otras- la diversidad de perspectivas parciales. Y es que existe, sin duda, toda una serie de teorías y marcos conceptuales y explicativos que pueden sernos de utilidad a la hora de interpretar lo que está sucediendo en este momento decisivo de la historia del mundo que atravesamos hoy. Consignemos sumariamente algunas de tales teorías, sin detenernos ahora en analizarlas de manera pormenorizada.

El final del capitalismo consumista basado en el crédito y el dinero fiat y la pretensión de implantar un tecno-comunismo mundial tomando como referencia el modelo social chino, incluido su sistema de crédito social.

El paso de la era del humanismo a la del transhumanismo de Klaus Schwab, Ray Kurzweil y los tecno-gurúes y tecno-profetas de Silicon Valley, generosos financiadores de la Singularity University, que sitúa el salto cualitativo definitivo de la humanidad a la transhumanidad en 2045.

La puesta en práctica del sueño del eugenismo universal de la familia Gates, admiradora de Malthus y muy implicada en el avance del abortismo en Estados Unidos y últimamente en el desarrollo, junto con la OMS, de “vacunas” de efectos esterilizantes para mujeres del Tercer Mundo.

La transición desde un mundo humano-terrestre a un mundo posthumano que deja atrás la mera esfera terrestre y se proyecta hacia el espacio, según el sueño de Jeff Bezos.

La perspectiva demográfica del Club de Roma y de Paul Ehrlich en La bomba demográfica (1968), para quien era urgente una drástica reducción de la población del planeta Tierra.

La preeminencia de Gaia sobre el ser humano, con sus corolarios inevitables (animalismo, veganismo, antinatalismo, antiespecismo, antihumanismo, ecologismo radical, ecofascismo).

La confluencia luciferina entre el arte contemporáneo (Marina Abramovich) y las élites plutocráticas globales (familia Rothschild). La icónica e intencional fotografía de Marina Abramovich con Lord Jacob Rothschild ante el cuadro Satán invocando a sus legiones.

La visión profética del futuro ofrecida por Aldous Huxley en Un mundo feliz, con el filantrópico y sofisticado Mustafá Mond representando a Klaus Schwab.

La teoría del profesor Charles Tainter sobre el colapso de las sociedades complejas: con la consiguiente analogía entre el momento histórico actual y el derrumbe del Imperio Romano (lo cual nos abocaría también hoy a una “nueva Edad Media”).

La doctrina estoica sobre el tiempo cíclico y la purificación del mundo por el fuego, mediante una conflagración universal que dé paso a un nuevo ciclo ascendente del mundo.

La idea gnóstica de Raymond Abellio en La fosa de Babel: la figura de Drameille acelerando y exacerbando todos los conflictos y contradicciones (cual una Spectra de Ian Fleming de sentido esotérico) para provocar el caos definitivo y posibilitar el principio de un nuevo ciclo en la historia del mundo.

La teoría de Spengler sobre la decadencia de Occidente y las cuatro edades biológicas de toda civilización. El “alejandrinismo” como destino final de nuestra civilización en su fase invernal (y como nigredo del proceso alquímico).

La idea hegeliana sobre el proceso histórico de desplazamiento de la civilización de Este a Oeste, con la consiguiente transición actual desde California hacia Shangai. También la idea de un nuevo protagonismo de Eurasia en el pensamiento del filósofo y politólogo ruso Aleksandr Duguin.

El odio absoluto de la masonería anglosajona a la visión católica del mundo, simbolizado por la destrucción de la Abadía de Montecassino durante la Segunda Guerra Mundial.

El triunfo en diferido del nazismo político y esotérico a través del mito cátaro contemporáneo y de ideologías gnósticas y neopaganas asumidas por la izquierda radical (véase, por ejemplo, la querencia de la izquierda cultural feminista por el arquetipo de Lilith y por la neobrujería de la Wicca).

La doctrina esotérica del Gran Año y el tránsito de la Era de Piscis a la Era de Acuario, entendida como paso de la era cristiana a la era gnóstico-transhumanista del Superhombre.

La teoría guenoniana sobre la moderna civilización occidental como momento del Kali Yuga, dentro de la doctrina hinduista de los ciclos cósmicos.

La conexión entre la idea de Matrix (1999) sobre los seres humanos utilizados como pilas o baterías por las máquinas y la patente 060606 de Microsoft sobre un sistema de generación de criptomonedas utilizando como base la actividad corporal humana.

La pulsión del sionismo anglo-norteamericano hacia el dominio total del mundo a través del capitalismo financiero y la visión del Mesías esperado como un Anticristo de aspecto benigno y humanitario.

Hasta aquí esta sucinta enumeración de ideas, nociones y teorías que, de un modo u otro, pueden resultar útiles para entender la situación en la que se encuentra el mundo cuando ya estamos a punto de entrar en 2022. Y justamente la idea que hemos mencionado como última de esta lista -totalmente asistemática y sin pretensiones de exhaustividad- la utilizaremos como puente para enlazar con la noción de “fin del mundo”, clave para comprender los acontecimientos sin precedentes a los que asistimos en la hora actual.

Y es que, en efecto, no se puede entender la situación del mundo en el momento presente sin tener en cuenta el proceso de mundialización desarrollado a partir del siglo XVI y, de manera más acelerada, desde el siglo XVIII. Este proceso se encuentra íntimamente relacionado con el despliegue del sionismo político desde finales del siglo XIX. Desestimando como vanas e inanes supersticiones las esperanzas mesiánicas del hasidismo tradicional, el sionismo político impulsado por Theodor Herzl busca el triunfo de Israel de abajo hacia arriba, bajo una lógica política secularizada, una vez descartado que su salvación pueda producirse more religioso, es decir, de arriba hacia abajo. La pulsión de dominación mundial propia, desde el siglo XIX, del judaísmo internacional, constituye una forma de secularización de las esperanzas mesiánicas judías propiamente religiosas. Los Protocolos de los Sabios de Sión revelan el modo secreto de proceder de una élite que, asentada principalmente en el mundo anglosajón y confluyendo con la ética protestante-capitalista estudiada por Max Weber, persigue como máximo mito la unificación del mundo bajo el mando de un Mesías tecno-político-financiero inmanente, Señor de Babel y generado a la manera en que los israelitas construyeron el Becerro de Oro a los pies del Monte Sinaí. Y ese Mesías presenta todos los caracteres propios de lo que el Apocalipsis llama “el Anticristo”. En realidad, se trata, una vez más, de un símbolo de Lucifer actuando como Simius Dei, imitador obsesivo e impotente de Dios.

Así pues, la denostada noción de “conspiración judeo-masónica” o “contubernio judeo-masónico”, tan utilizada por Franco en sus artículos de Arriba bajo el pseudónimo de Jakim Boor, lejos de ser una entelequia inane, un mero flatus vocis, un “significante vacío”, contiene una profunda carga significativa. La conspiración judeo-masónica es otro nombre para designar lo que hoy se conoce como Nuevo Orden Mundial. El Gobierno Mundial proyectado por Henry Kissinger para tiranizar tecnocráticamente a toda la humanidad es el sueño -la pesadilla- de un mundo unificado bajo un Anticristo que es un Mesías invertido, un Mesías luciferino. En la década de 1960, el filósofo humanista Lewis Mumford hablaba del “mito de la máquina”, es decir, de Occidente como lugar de la construcción -admirable, aunque siempre problemática e imperfecta- de una “máquina técnico-cultural” que, a través de los siglos, busca una cooperación humana cada vez mayor, una integración creciente de los espíritus no en pos del mito titánico y fáustico de Babel, sino de una “Europa espiritual” en el sentido del Sacro Imperio Romano-Germánico, cuya última versión fue el Imperio Austro-Húngaro añorado por Stefan Zweig en El mundo de ayer. El Nuevo Orden Mundial, el proyecto de Jacob Rothschild y Klaus Schwab, constituye la contraimagen de ese ideal: una unificación no bajo principios humanos, sino bajo la lógica infernal de la deshumanización del hombre.

La crisis del Covid-19 forma parte de un plan que persigue la implantación del Reino del Anticristo, es decir, la instauración de un mesianismo invertido impulsado por el Imperio Sionista Anglo-Americano (entendido tal como lo viene analizando desde hace años Daniel Estulin, máximo especialista mundial en el Club Bilderberg). El Anticristo es el Mesías del judaísmo masónico. En este contexto, la increíble adhesión del Papa Francisco a las consignas globalistas constituye también, sin duda, un “signo de los tiempos”. Mientras que el arzobispo Carlo María Viganò efectúa un desesperado llamamiento a la resistencia internacional contra la campaña de vacunación Covid-19 y la introducción del “Pasaporte Covid”, el Papa Bergoglio hace obligatoria la vacuna para todo el personal laico y eclesiástico del Vaticano y dice que vacunarse es un “acto de amor”. Estamos ante un caso de alta traición y, en último término, de apostasía del Papa Francisco, embarcado en el proyecto de la “Gran Casa Abrahámica”, cuyo templo está proyectado construir en Dubai  Según indican todas las apariencias, Francisco ha aceptado desnaturalizar la Iglesia Católica y erigirse él mismo en cabeza visible de la nueva Religión Mundial cuya instauración está prevista por el globalismo para un futuro inminente. Se trata, sin duda, de una tragedia para la Iglesia Católica; pero seguramente también de algo que debe cumplir un papel necesario en los planes de Dios. Al fin y al cabo, y tras el papado del hamletiano y atormentado Pablo VI, los de Juan Pablo II y Benedicto XVI sólo han consistido en un intento de detener y retrasar una crisis final cuya llegada era inevitable. Esta crisis se desencadena con el jesuita Bergoglio, aunque ya estuvo anticipada, en tiempos de Juan Pablo II, con el padre Arrupe como general de la Orden, como denunció en su momento el también jesuita Malachi Martin. Desde este punto de vista, cobran hoy ante nuestros ojos todo su sentido las apariciones marianas de Garabandal (1961) y el mensaje de la Virgen transmitido por la niña vidente Conchita acerca de una futura ruina de la Iglesia y perdición de numerosas almas atribuible a sus propios pastores. La alianza entre Bergoglio y la familia Rothschild, su aceptación de la tiranía tecno-comunista planeada por la élite y de la Marca de la Bestia que supone la vacuna Covid, forma parte de los acontecimientos escatológicos que han de preceder a la batalla definitiva entre los Hijos de las Tinieblas y los Hijos de la Luz. Se interpreten de una u otra manera, la profecía de los Papas de San Malaquías apunta de manera inequívoca a una ruptura decisiva tras el Papa número 111: si no consideramos al actual Bergoglio como un Papa legítimo, sino como un usurpador, impostor o Antipapa, todavía quedaría un último Pontífice, “Petrus Romanus”, no adepto a la Religión Mundial del globalismo y que dirigiría el timón de la Iglesia Católica en los tiempos de la Gran Tribulación.

En medio de la angustia que hoy nos acongoja mientras se lleva a cabo la peligrosísima y completamente irracional campaña de la vacunación infantil anti-Covid, es pertinente recordar en este momento un libro como El fin del mundo y los misterios de la vida futura (1881), del sacerdote jesuita francés Charles Arminjon y cuya lectura produjo un efecto tan profundo en una Teresa de Lisieux -futura Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz- apenas adolescente. Allí se recuerda que, de acuerdo con la fe de la Iglesia Católica, la Parusía o segundo advenimiento de Cristo, la instauración del Reino de Dios y la renovación de todas las cosas en Cristo, en “un cielo nuevo y una tierra nueva”, no puede producirse sin atravesar la previa prueba de una confrontación suprema, de un duelo a muerte y a cara descubierta con las fuerzas del Mal. La inoculación de la “vacuna” no es, en sí misma y por sí misma, la “marca de la Bestia”; pero sí lo es en la medida en que vaya acompañada de un acto de sumisión explícito o implícito por parte de los seres humanos que, al contemplar la imponente estructura de poder de las élites globalistas, que finalmente se recapitulará toda ella en la figura única del Anticristo, considere que es mejor someterse al todopoderoso Gobierno Mundial y estar de su parte. Entonces, una parte de la humanidad hará como el mago Saruman de Tolkien ante el poder de Sauron, el Señor Oscuro: renunciar a la preservación del Fuego Sagrado, traicionar a su amigo Gandalf y aliarse con el Reino de las Sombras. En la hora presente, se nos coloca a nosotros en la misma tesitura: o bien aceptar la protección de los poderes de este mundo (gobiernos traidores, instituciones globalistas) o bien no confiar en más defensa que la que nos concede el ser Hijos de Dios y autoorganizarnos haciendo una enmienda a la totalidad del mundo creado por los globalistas y empezando a edificar, bajo la luz de Dios, un mundo completamente nuevo.

Es en este contexto en el que creo que se puede decir que las élites globalistas no entienden que Dios está aprovechando sus planes criminales para actuar contra ellos mismos. Como explicaba San Agustín, Dios no permitiría la existencia del mal si de éste no pudiera sacar un bien mayor. Y si en efecto termina produciéndose la enorme mortandad a escala planetaria que muchos están denunciando como finalidad perseguida por la masonería luciferina del Nuevo Orden Mundial y consecuencia en diferido que producirán las mal llamadas vacunas (bien sea a través del mecanismo biológico de la proteína Spike o bien del óxido de grafeno nanotecnológico en combinación con las microondas del 5G, o por la acción conjunta de ambos medios), ello habrá de ocasionar tal conmoción en el mundo, que dará la oportunidad de un arrepentimiento postrero pero decisivo en quienes -inoculados o no inoculados- hayan de morir en medio de esta hecatombe; y desencadenará a la vez tal terremoto en los espíritus, tal catarsis colectiva, que servirá a la humanidad como un impulso ascendente definitivo hacia el Reino de Dios. Dicho de otro modo: los globalistas, los luciferinos y satánicos, pueden causar mucho sufrimiento, pueden morir matando, pueden elegir una suicida huida hacia delante, pueden apuntarse victorias parciales en tal o cual batalla; pero lo que en ningún caso pueden hacer es ganar la guerra contra Dios. Satanás lo sabe perfectamente, pero, aun así, no puede evitar desplegar sus planes contra la humanidad con un encono y una tenacidad infinitos.

Aunque sea imposible prever el desarrollo concreto y pormenorizado de los inauditos acontecimientos que están por venir, podemos contar con que los últimos tiempos, en los que sin duda ya nos encontramos, comportarán una enorme cantidad de sufrimiento para la humanidad y la tentativa de implantar la dictadura definitiva del Anticristo-Gobierno Mundial. Sin embargo, tras la noche angustiosa de todo ese dolor, nos espera un amanecer en Cristo bajo un cielo renovado, con una tierra y una humanidad que desplegarán entonces, ya fuera del curso habitual de lo que hemos llamado “la Historia”, una miriada de potencialidades que hasta ahora sólo han permanecido latentes y germinales, actualizadas y plasmadas en el mundo aún en muy escasa medida. El “cielo nuevo y la tierra nueva” del Apocalipsis será un mundo de frondosidad ontológica exuberante, en el que los seres humanos volverán a vivir como los niños cuando son felices inventando juegos y aventuras bajo la luz protectora de Dios.

Son muchas las cuestiones que quedan fuera del breve análisis que hemos intentado en las presentes páginas. Por ejemplo, la de qué relación existe entre los acontecimientos escatológicos a los que hoy asistimos y el tema de las inteligencias extraterrestres o interdimensionales que, según apuntan múltiples indicios, son completamente conscientes de lo que ocurre en la Tierra e incluso influyen de manera secreta en la historia de la humanidad. Estaríamos hablando de temas como el de los Círculos de las Cosechas, el Mensaje de Sparsholt, la llamada “Exopolítica” o la sugestiva teoría del Principio Subantrópico y la Conjetura de la Indetectabilidad, desarrollada por la física española del CSIC Beatriz Gato-Rivera. Estaríamos aquí en el campo de la “filosofía de la ufología”, desarrollado, entre otros, por Jacques Vallée y, entre nosotros, por el recientemente fallecido ufólogo sevillano Ignacio Darnaude Rojas-Marcos, conocido como el “filósofo de los ovnis”. O bien, incluso, en el campo de la teología de la ufología, del que se ocupó el célebre sacerdote y ufólogo Enrique López Guerrero, cuyo legado sigue reivindicando actualmente su discípula Cristina Martín Jiménez, periodista especializada en el Club Bilderberg y, entre nosotros, una de las voces más solventes y combativas en la denuncia contra la plandemia del Nuevo Orden Mundial.

En el juego sorprendente de matrioshkas que es el universo, algunos creen que, al “superar” el campo de la teología cristiana en el “más amplio” campo de la ufología (incluso de una “ufología filosófica o transcendental”), han accedido a una matrioshka más grande, de mayor nivel, un poco como cuando Hegel entiende el cristianismo como un momento del despliegue del Espíritu Absoluto dentro del devenir de la Historia. Su sorpresa habrá de ser mayúscula cuando finalmente se den cuenta de que aún hay otra matrioshka superior donde lo que creían superado vuelve a ser lo que a ellos los supera. Pasa aquí como en la interpretación de la “Danza del Sol” en Fátima como un simple “fenómeno ovni”. Como se recordará, en la hermenéutica de Gadamer se habla de una “fusión de horizontes” necesaria para acceder a la plenitud del “círculo hermenéutico”. Y, como parece insinuar el rostro de la Sindone o Sábana Santa aparecido en uno de los campos de cereales del Sur de Inglaterra hace unos años, dentro del inexplicado fenómeno de los Círculos de las Cosechas, las inteligencias extraterrestres también son conscientes de que no hay un nombre más alto que el de Cristo ni en los cielos ni en la tierra. Tampoco en el cielo de las galaxias y mundos cósmicos, ni en los universos paralelos o interdimensionales en toda su complejidad laberíntica y en su inmensidad.

Siendo así todo lo anterior, y estando ahora mismo donde estamos -escribo las presentes líneas, ya conclusivas, en la mañana del sábado 1 de enero de 2022-, ¿de qué tenemos que ocuparnos en la hora actual? ¿De oponernos con todas nuestras fuerzas a los criminales designios globalistas? Sin duda; pero no sólo de eso. Nos urge también encontrar el Aleph, el punto inicial de un nuevo mundo. Y, como nos enseñó John Huizinga en Homo ludens, el principio de la cultura -que es como decir el del mundo humano- se origina siempre en alguna forma de juego. Ergo: si queremos conjurar las tinieblas de los satánicos globalistas creando un nuevo mundo que impugne sus proyectos de raíz, parece que lo más urgente ahora mismo es… que nos pongamos a jugar.

No otra cosa que una forma críptica de juego fueron allá en su inicio, en 1990, esas reuniones filosóficas en el instituto de Alhama de Murcia, tan decisivas para el autor de estas líneas y evocando las cuales comenzábamos el presente escrito. En una época en la que lo “lúdico” goza de tanto predicamento en campos muy variados, resulta sorprendente que estemos asistiendo a una crisis sin precedentes de la vigencia social y cultural de la categoría del juego. En todos los sentidos, jugamos cada vez menos (es decir, creamos cada vez menos cultura real y efectiva). Cocinamos cada vez menos, cantamos cada vez menos, hablamos y escribimos cada vez peor y con menos sprit: en definitiva, hacemos cada vez menos todas las cosas que hacen que la vida merezca la pena. Entonces, la industria del entretenimiento viene a distraernos de nuestro tedio, con unos sucedáneos del auténtico juego incapaces de contrarrestar nuestra profunda insatisfacción.

Tras las convulsiones sin precedentes que se avecinan en el mundo, nos daremos cuenta de que debemos construir un nuevo amanecer. Veremos que hace falta un nuevo Aleph. Comprenderemos que el Domingo -hoy último y residual día de la semana- tiene que volver a ser el primero. Comprenderemos que ningún árbol de ramas frondosas puede existir sin un tronco recio y sin una profunda raíz. Recordaremos aquella frase de Arquímedes que pedía “un punto de apoyo para mover el mundo” y nos preguntaremos dónde está ese punto que necesitamos para pasar de un mundo caduco a otro matinal y completamente renovado. Y entonces, recordando a Nicolás de Cusa, entenderemos que el centro del universo o está en todas partes o termina no estando en ninguna.

Como se sabe, el momento más oscuro de la noche es justamente, y de forma paradójica, el que antecede al amanecer. Es ahí donde nos encontramos ahora. Rodeados de un silencio ominoso y de una espesa negrura, pero sólo un poco antes de que los gallos empiecen a cantar.

*Un artículo de Antonio Martínez Belchí

6 Comentarios

  1. Excelente articulo pero olvidan mencionar a David Icke que antes de Stulin y Cristina Martin fue el primero en hablar del NOM, las vacunas, reptilianos etc… lo dice todo en sus libros, saludos y feliz existencia

  2. Gran artículo, pero cuidado con la adherencia a teorías ufo lógicas. El proyecto Blue Beam de la Nasa acecha. Y con ello uno de los golpes finales con el que seguramente, tratarán de hacer creer en la llegada de un mesías externo.

  3. Fenomenal artículo y excelente reflexión. Pienso que ya están perdiendo. Tienen a buena parte de la humanidad en contra, de entrada a la India, con más de 1000 millones de habitantes (un 15% de la población más o menos),Japón, Polonia, Hungría, tienen y van a tener muchos problemas en Rumanía, Países Bajos, Austria, Alemania y Francia, entre otros. Y aquí también los tendrán. En Brasil no lo veo tan claro, tienen una posición muy frágil en el mundo, pero en Estados Unidos también se va formando una masa crítica notable. En fin, a bote pronto, tienen 1/3 de la población mundial (de momento) en contra. En cuando dicho porcentaje ascienda a los 2/3, están acabados. Más vale que se escondan en un búnker o en algún desierto remoto o se vayan a tomar por culo a Marte o acabarán sentenciados con penas capitales. No podrán llevar a cabo lo que pretenden. De hecho, les está saliendo el experimento torcido, porque se han dado cuenta de que la mayoría degrada la basura que les han puesto en poco tiempo y por eso están tan desesperados que ya quieren pinchar cada dos meses o menos y te sacan nuevas “variantes” y cepas, cada cual con un nombre más risible. No saben mentir, porque Satanás, representado por la mentira, la miseria, la injusticia, el crimen, etc., es un saco de mierda mediocre que no puede hacer nada frente a la Justicia y la Verdad, que no emanan del hombre, sino de Dios. Insisto : están acabados y efectivamente, van a intentar hacer todo el daño posible en su huída. Pero hasta en eso fracasarán, como lo han hecho siempre a lo largo de la historia, con todo el daño generado. El ser humano se ha acabado multiplicando y expandiendo sin problemas, a pesar de los intentos de estos genocidas de mierda de reducir la población a un mínimo cada dos por tres.

  4. Podemos estar de acuerdo en la idea central de que una serie de siniestros personajes están desde hace tiempo adueñándose del mundo y que están a punto de entronizar a su mesías.
    Estamos de acuerdo, sin la menor duda, que este montaje sanitario es una operación de DOMINACIÓN y EXTERMINIO. Y que viene a ser un ensayo de la marca de la bestia para aplicarse ya sin disimulo dentro de poco a aquellos que adoren a Satanás a cambio de poder comprar o vender (es decir, subsistir).
    Hablando de apariciones, me llama la atención que se preste la atención a algo tan mediocre y de dudosa divinidad como es el tema de Garabandal, obviando las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso (en época de Pizarro), de La Sallette, Guadalupe, Lourdes y, la ya citada de Fátima (que se atribuye por algún retorcido a extraterrestres) que son apariciones ejemplares y se preste atención a algo minúsculo y cuestionable. Es como las observaciones de los fariseos fijarse en una paja y no en una viga, fijarse en un grano de arena y no detectar la playa.
    También es más que discutible el tema de los extraterrestres –jamás se ha demostrado su existencia- aquí sí que podríamos hablar de tener fe en algo no visto por ninguna parte –aislado, estudiado y demás- (y no me refiero a los objetos o fenómenos no identificados que es otra cosa). Los que padecen el delirium tremens ven arañas y bichos espantosos atacándoles, lo viven con auténtica desesperación pero es en su mente alucinada. No confundir extraterrestres con seres infernales que sí existen y que hay una legión entre nosotros e incluso dentro de muchos por ellos poseídos.
    Ya que hablamos de papas, decir que desde Roncalli, pasando por el muy degenerado Montini, incluyendo a Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio son todos demoledores. No entiendo que se pueda defender a Wojtyla y a Ratzinger siendo elementos tan perversos y cooperadores en este derrumbe de la Iglesia.
    Identificar bien a nuestros enemigos es el primer paso para saber de qué va el tema y de las alternativas a tomar.

  5. Quisimos vivir no bien que es justo queríamos todo, y todo lo que nos parecía LIBERTAD O DEMOCRACIA ( DE LA CUAL YA RECELABAMOS ) era esclavitud y sometimiento al mal. Religión cristianismo retraso mental , los hijos una carga aborto normal si no la mujer era una beata,hombres basura, movimientos de las siglas que me da urtiria acordarme los primeros en la lista lo iban a conseguir, y llega el PLAN DIABOLICO y comprados los medios DEL TERROR EN ESTA DIAGONAL DEL LOCO, jueces sin puñetas, gobiernos depravados, Satanidad que antes se llamaba Sanidad , la partida parecía ganada . Pero no contaban con que los peones se replegaban para envestir a estos bichos vivientes, y un elemento muy importante el catolicismo se volvió progre progre y la religión islámica que no retrocede un paso les gano la partida, sin valores, sin nada nuestros valores y vidas ya estaban casi aniquilados . ESA VACUA CON EL NUMERO DE LA BESTIA PARA SER EFECTIVA , YA SABEMOS, ALGO QUE NO CUADRABA TANTA INOCULACION PUES NECESITARIAN VEINTE INOCULACIONES PARA EL CONTROL MENTAL , SE TIENEN QUE ENSAMBLAR Y SI LAS PIEZAS DIABOLICAS NO ESTÁN BIEN Y SI SON DE LOS CHINOS VA A SER QUE NO ESTÁN BIEN , PUES SE ACABO SU DICTADURA. Su error tomarnos a todos por borregos idiotas. Pase lo que pase ellos no retroceden ni nosotros, veremos quien tira la toalla antes. Y si todo fracasara crearíamos UN MUNDO APARTE ESTA ES UNA PROPUESTA QUE YA SE HACEN MUCHOS Y YO LA DEJO ABIERTA A TODOS . Al final la esperanza de Dios es lo que nos conducirá acabar al fin con este engendro globalista con apariencia humana

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