meditación

Meditar es “lo más sencillo del mundo”. No requiere ningún escenario en especial, ninguna herramienta, ningún método, ningún maestro ni acompañante. Ni siquiera requiere esfuerzo alguno, porque meditar no es otra cosa que “hacer nada”. ¿Qué puede hacer falta para hacer nada? ¡Pues nada! Eso no te lo dirán en ninguna escuela, porque todas ofrecen “algo”. ¿Qué podrían cobrarte por nada?

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Meditar es “hacer nada” pero no debe confundirse con “no hacer” pues “no hacer” sería “no meditar”. Meditar es situarse en un estado en el que no se hace nada, pero pensar ya es hacer algo, por tanto, es situarse en un estado de “no pensar”, y eso ya no es tan sencillo, pues tampoco se trata de “poner la mente en blanco” -Eso es concentrarse, empeñarse, empantanarse, y meditar es permitir, es fluir, es “dejar venir y dejar ir”-. Y es que, una cosa es “practicar la meditación” y otra cosa es “alcanzar el estado meditativo”; lo primero es un medio, lo segundo es el fin. El fin es situarse en un estado de calma, de paz mental, en el que no hay perturbaciones provocadas por pensamientos, deseos. miedos. El fin es acallar la mente, que la mente no emita, para lograr la máxima receptividad.

Al practicar la meditación, todo meditador se ve asaltado por pensamientos cuyo único objetivo es seducirle para que siga pensando y olvide su intención de alcanzar el estado de no pensamiento. Un gran meditador, que todos conocemos con el nombre de Jesús, lo explicó muy bien al hablar de “sus tentaciones en el desierto”, pero ninguno de los que se autodenominan sus ministros lo entiende, porque ellos no meditan, no saben lo que es la meditación. La prueba es que utilizan la palabra meditar como sinónimo de pensar.

Tu mente no quiere que medites, porque “pensar es su vida” y tiene por seguro que no pensar sería su muerte. Tu mente quiere mantener el control y entiende que, si “aprendes” a no pensar, podrás desactivarla cuando quieras -¿Recuerdas a HAL, el ordenador de 2001?-. Tu mente tiene acceso a toda tu memoria, por eso, cuando intentas meditar, te proyecta los pensamientos que entiende que más pueden seducirte. No es que sea “mala” tu mente. ¡Para ella es pura cuestión de supervivencia! Así, si te gusta mucho el sexo, proyectará pensamientos sexuales -Si, por ejemplo, has visto hoy a alguien que te ha provocado deseo, te lo recordará-. Si crees en seres mágicos, proyectará todo tipo de monstruos. Si eres músico, inventará para ti las más bellas melodías y si eres escritor, los más ingeniosos guiones. ¡Y si sientes alguna culpa, te la mostrará! Todo ello con la única intención de perturbar tu práctica meditativa, para que no llegues a ese estado de no pensamiento que es la meditación propiamente dicha.

Es por eso que el mismo Jesús aconsejaba deshacerse de toda culpa, perdonando. Es por eso que Buda recomendaba deshacerse de todo deseo. Es por eso que Sócrates aconsejaba deshacerse de toda creencia. No se trata de sacrificarse ahora para que Dios te recompense, en el futuro, con “el cielo”; eso es una creencia, un pensamiento, una ilusión fabricada por la mente. No hay que verlo como una cuestión “moral” sino práctica: Para no ser perturbado hay que deshacerse de todo aquello que perturba. Es así de sencillo y lógico. No hacer aquello que genera culpa -O karma-, para que la culpa no pueda perturbar nuestra meditación, no desear para que no nos arrastre ningún deseo. No creer para que no nos asuste ningún “fantasma”. Esta es la preparación que pocos siguen, por eso pocos tienen conocimiento empírico de lo que es meditar. Por eso pocos de los que practican meditación alcanzan el estado meditativo.

Si cuando inicias tu práctica meditativa estás libre de creencias, de deseos, de culpas, alcanzar el estado meditativo es “lo más fácil del mundo” pues ¿Qué puede hacer la mente para distraerte? Pero si cuando inicias tu práctica estás lleno de esas “cosas”, tu mente formará pensamientos con ellas cuyo único objetivo es sacarte de ese “camino estrecho” que citó Jesús. Utilizará “esas cosas” como piedras que irá arrojando, una tras otra, para provocar ondas que no te permitan ver lo que verías si “el agua estuviera calmada, espejada”. Mientras albergues creencias, deseos, culpas, no podrás alcanzar el estado meditativo, no podrás experimentar ese estado y, por tanto, lo que tú opines sobre ello no será más que eso, una opinión, un pensamiento, una creencia, una ilusión que te impedirá la experiencia. Aunque, eso sí, con cada práctica meditativa podrás ir conociendo, más y más, a ese diablillo que tentó a Jesús. ¡Podrás descubrir lo que es capaz de hacer tu propia mente!

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2 Comentarios

  1. Vamos a ver qué es La Meditación según lo que está escrito en El Libro de La Vida.

    Josué 1

    8 Este rollo de la Torah no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. 9 ¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Yehováh tu Elohim estará contigo dondequiera que vayas.

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