tambores

Si los psicópatas tuvieran la consideración de “enfermos mentales”, como los psicóticos, seguro no tendríamos el problema que tenemos. Pero es evidente que estamos gobernados por psicópatas y ningún psiquiatra puede encerrarlos. ¿O acaso no se puede llamar psicópata a alguien que pretende iniciar una guerra civil? ¿Cómo lo llamamos pues? ¿Puede ser que las palabras se queden cortas?

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No hace mucho, el presidente del gobierno aprobó la imposición de un régimen de apartheid, violando todas las normas nacionales e internacionales sobre derechos humanos. ¿Cuál podía ser su intención sino separar a la población en “bando vacunado” y “bando no-vacunado? ¿Y para qué querría formar bandos sino para hacerles pelear entre ellos? ¿Qué están fomentando los medios de comunicación pagados por el gobierno sino el odio al no-vacunado?

Hoy, el presidente vuelve a la carga, y se atreve, ya no a imponer sino a re-imponer el uso de máscaras en exteriores, una medida que, aparte de no estar avalada, ni siquiera por la OMS, ha demostrado sobradamente su absoluta ineficacia. Con ello no ha hecho sino ratificar su anterior declaración de guerra. La guerra civil está servida pues, solo que no será como él se imagina. Será una guerra de ciudadanos hastiados contra gobernantes farsantes, será una guerra de ciudadanos que no pueden vivir contra gobernantes vividores, será una guerra de ciudadanos honrados contra políticos delincuentes. ¿Acaso puede haber, para un político, una falta más grave que violar la Constitución? ¡Promover una guerra civil!

Solo hay que ver las reacciones que ha desatado su “comparecencia” para darse cuenta de que ha dejado bien prendida la mecha. Supongo que, en el fondo, lo único que pretendía era provocar más miedo, pues es de lo que se ha servido todo este tiempo de “pandemia” para gobernar sin oposición. Pero servirse del miedo es muy peligroso pues la gente se acostumbra, acaba normalizando lo que antes temía y hay que ir aumentando, más y más, la dosis. Solo hay que ver las reacciones a su “comparecencia” para darse cuenta de que el presidente llegó a la dosis máxima. Esta vez no provocó miedo sino hastío.

Hoy, como un ciudadano más, hastiado de que nos gobiernen psicópatas, degenerados, vividores farsantes, recojo el guante que me ha lanzado el presidente: ¿Quieres guerra? ¡Pues eso tendrás! Pero no esperes, presidente, que utilice las mismas armas que tú. ¡Eso sería de tontos! Como primera contraofensiva, voy a poner, a todo volumen, ahora mismo, “Paquito el Chocolatero”. Tú atacas con miedo, yo contraataco con alegría ¿Qué te parece? ¡Seguro que nunca has visto a nadie que, estando alegre, tenga miedo! Esta guerra no será de vacunados contra no-vacunados, como tú quieres. Será de gente que aprecia la alegría contra aquellos que pretenden prohibirla.

Así pues, si un día escuchas por la calle las notas de esa canción, sabrás que tienes cerca a un individuo que no te teme y que no tiene intención de cumplir ninguna de tus estúpidas medidas. Sabrás que tienes cerca a un tipo que apuesta por vivir unas navidades alegres y una vida alegre después de navidades, dure lo que dure. Tal vez sea yo o tal vez otro el que pase por tu lado pues ¿No cabe la posibilidad de que se sume más gente? Al fin y al cabo, solo conozco dos tipos de personas: Aquellos a los que les gusta bailar “Paquito” y aquellos a los que les gustaría hacerlo y no pueden. Tú nos quitaste la música y yo la vuelvo a poner. Porque si el miedo es contagioso, la alegría no lo es menos, y no conozco una pieza más alegre ¡Y libre de derechos de autor! Tal vez pronto suene en cualquier sitio, en el sitio que menos te esperes, y puedas ver cómo va contagiando alegría,  cómo la alegría va creciendo y acaba con el terror que nos has impuesto.

Hemos tenido que llegar al punto de ver a nuestros niños amenazados, de ver amenazada nuestra última reserva de alegría, pero hemos despertado y eso es lo más importante. Por desgracia, no es la primera vez que una nación se deja arrastrar por los delirios de un gobernante psicópata. La psicopatología es contagiosa, lo sabemos bien, pero solo por un tiempo, pues el poder del psicópata se basa en el miedo que pueda provocar, y tú ya no provocas miedo sino hastío. Así que ya lo sabes, presidente: A partir de hoy voy a tomarme en serio esto de cultivar la alegría, voy a dedicar un tiempo, cada día, a estar alegre… ¡Aunque te joda!

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5 Comentarios

  1. Sres. Diestro,

    Entiendo la indignación de muchos escritores y articulistas, pero siempre he sabido que una respuesta grosera, aunque sea verdadera pierde efectividad por palabras ofensivas y mal sonantes. Pablo les recordaba a los Colosenses: ‘Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis como debeis responder a cada uno.’ Col. 4:6

  2. Pena de muerte para todos los ejecutores y colaboradores necesarios de este golpe de estado mundial y de este genocidio. Pena de muerte para todos ellos, no nos conformaremos con menos.

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