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Atendiendo a la rama específica a la que se quiera orientar; finanzas, marketing, política… se pueden encontrar decenas de definiciones de economía. No obstante, la economía siempre ha existido, incluso antes de que aparecieran todas esas disciplinas. La economía se centra en la mejor manera de administrar recursos escasos ante necesidades ilimitadas. Es decir, el peso de la palabra economía radica en la imposibilidad de atender las necesidades de toda una población; cada vez más numerosa (unos 7.800.000.000 habitantes en todo el planeta en 2020) y con mayores exigencias (como resultado de una calidad y nivel de vida crecientes, que aumentan por consiguiente nuestra esperanza de vida).

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En las últimas décadas, se ha avalado, promocionado o incentivado desde la mayoría de medios de comunicación la búsqueda de la “igualdad social”; un concepto político que beneficia los intereses de aquellos que quieren aumentar el tamaño del Estado y el poder de influencia sobre sus habitantes. Si bien es cierto que ha servido a muchos totalitarios para “eternizarse” en el poder (véase los casos de Cuba, Venezuela, Corea del Norte, China…), este concepto político tiene tantas grietas que lo hacen insostenible ante Estados democráticos (entiéndase el eufemismo “democrático”), y es que si por algo se caracteriza este concepto (“igualdad social”) es porque se trata de una estrategia de marketing que no se acompaña de ningún producto concreto.

Ahora bien, ¿qué sucedería si todo el mundo pudiera ver la falta de producto más allá del marketing?… en ese caso, ¿alguien compraría el relato oficialista? En este sentido, tiene relevancia destacar que la economía no es una ciencia exacta, por lo que depende de la acción humana, la cual no es predecible. Por ello, a todo comerciante que se preste, le gustaría poder controlar los gustos, preferencias y deseos de sus potenciales clientes y así, atraerlos a los productos que quieren venderles y, como esto no es así, el riesgo por invertir en ofrecer ciertos productos nuevos es demasiado elevado.

Llegado el momento y las circunstancias, ¿qué pasaría si un comerciante tuviera tanto poder que, en vez de invertir la mayoría de su capital en el lado de la oferta decidiera hacerlo del lado de las necesidades (para controlarlas)? ¿Se podría representar este escenario en el plano de la economía aplicada? De ser posible, ¿podría ser sostenible por primera vez el concepto de “igualdad social” que tanto anhela cierta élite política?

Si bien es cierto que los comerciantes de bajo perfil no cuentan con recursos para perseguir ese sueño dado los problemas financieros que subyacen a tal propósito, no se puede decir lo mismo de las corporaciones que controlan a las clases políticas de todo el mundo. Esta élite política cuenta con la estimable “colaboración”, entre otros, de los Bancos Centrales (o Reserva Federal en el caso de EE.UU.) y la “solidaridad” de los ciudadanos que pagan a través de impuestos, sanciones, tasas, contribuciones… Es decir, los Estados no presentan problemas de financiación para iniciarse en un proyecto magnánimo como es la consecución de la “igualdad social”. Como se mencionaba anteriormente, si se utilizase el poder de la coerción que tienen los Estados para regular e imponer (sí, así es, imponer) necesidades y que éstas no superasen nunca la oferta de productos que quieren que sean consumidos… ¿qué pasos habría que dar (o se están dando) para ser coherentes con los mensajes lanzados por el Foro Económico Mundial? 1) alineación ideológica de la mayoría de Estados posibles, 2) reducción de los índices de la natalidad y esperanza de vida, 3) desarrollar una población dependiente biológicamente del sistema impuesto (pase de movilidad, sistema de crédito social…), 4) robotizar el mercado de trabajo mediante inteligencia artificial, 5) desprogramación de la obsolescencia programada, 6) imponer la oferta de productos a consumir (como por ejemplo la carne artificial), 7) desligar a las personas del concepto de propiedad privada y/o acumulación (acumulación de riqueza), 8) limitar el alcance del pensamiento a través del neolenguaje, 9) erradicar la intimidad y libertad individual en su totalidad y 10) creación de un ejército único que corrija las posibles deficiencias del sistema global. En cierta manera se parecería a vivir en un paraíso, por fin, en un escenario de “igualdad social”, un momento donde «nadie tendrá nada y será feliz», pero ¿qué papel jugaría el ser humano en la economía “globalista”? Sin duda, un papel donde bastará con ser agradecidos.

En pro de una política internacionalista-utilitarista, donde el fin justifica los medios… Es posible que estemos ante el mayor reseteo (“The great reset”) de la historia, un síndrome global y transversal de la línea base cambiante. En otras palabras, estamos sentando las bases de un nuevo orden mundial para las próximas generaciones, quienes sentirán el nuevo mundo como si siempre hubiera sido así, normal. Una generación que apenas se comunique (y no sepa el porqué), que esté vacía de libertad (y que de tenerla no supiera qué hacer con ella), que no se esfuerce ni sacrifique (y que tampoco sabrían qué implicaría), que se dedique simplemente a ver pasar la vida mientras son mantenidas por unas instituciones globalistas sin precedentes.

En mi opinión, no se puede decir que no lo vimos venir, ya que innumerables películas (In time,…), series (Utopía,…), libros (1984,…) comics y documentales dan cuenta de ello a través del primado negativo. Una creación de estas dimensiones sólo es posible con la participación de toda la sociedad y al parecer una gran parte de ella no solo participa, sino que parecen sentirse orgullosos del legado que están construyendo para las futuras generaciones.

De seguir así, como si de una agenda se tratase, en el año 2030, lo que pareciera imposible dejará de serlo. Y lo más importante… ¿sería sostenible este modelo económico? Pues por supuesto, ¿acaso no viven así los perros y gatos domésticos, los canarios enjaulados, los conejos en departamentos de 30 metros cuadrados? Ellos no se preocupan de nada: sólo se dedican a comer, beber, hacer sus necesidades y pasear por donde nosotros (sus dueños) les obligamos; y sin embargo, son felices y bien agradecidos, ¿por qué debería ser distinto con la raza humana?

*Un artículo de Nicola Bartali de la Meca

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2 Comentarios

  1. Me niego desde lo más profundo de mi ser, aceptar estos primados negativos impuestos por el NOM masonico. Me he llegado a dar cuenta que todas estas gentuzas empezando por Henry Kissinger, hasta Soros o el propio Schwab viven demasiado no?. El primero 98 años y sigue, el segundo 91 años el tercero 83 años y estos son los que hablan que hay que cargarse a la población jubilada?. Que raro no?. Todo para el pueblo pero sin él. ¿Se acuerdan?. ¿Será que el ADRENOCROMO a parte de inyectarle adrenalina los rejuvenece?. Estos peones del NOM a los que se le suman las “famiglias” y el propio Vaticano con un Papa jesuita impuesto por toda la cara, como lo suele hacer la mafia. Estamos desgraciadamente ante una nueva guerra mundial, en la que los fusiles y bombas son la prensa y televisiones, pagadas con nuestros impuestos, por eso decía tanto Sanchiflas aquello de la nueva normalidad, ¿normalidad para quien psicópata?. Saludos

  2. Mucha gente ve positivo esa seguridad en el modo de vida y reducción de la población que implica seguir la agenda 2030. No es cuestión de política, es una cuestión de replantearse si queremos ser o si simplemente queremos estar.

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