Aurelio

Aurelio y yo somos amigos desde que teníamos seis años; íbamos juntos a la escuela, queso amarillo y leche en polvo de los americanos en el recreo, fila de niños demacrados que no sabían que existía la leche, cada uno sujetando en su mano un pequeño bote de hojalata, que en su momento había sido una lata de tomate, a la que se le habían remachado los bordes y añadido un asa.

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En los ratos libres, recogíamos jícaras rotas para llevarlas al trapero, y bajábamos maletas desde la estación, algunas de ellas más grandes que nosotros, hasta el Gran Hotel, que era donde se hospedaban los representantes de las mejores marcas del momento.

A los doce años se colocó de camarero, una de sus funciones era la de recoger y transportar las barras de hielo, asidas con un saco de esparto y cuyo frio helaba las manos y calaba hasta los huesos.

Nunca tuvo un trabajo fijo, pero nunca estuvo parado ni un solo día. Honrado, trabajador, responsable, fue creciendo en su profesión hasta llegar a ser maitre/sommelier de un famoso hotel de cuatro estrellas.

Muy aficionado al futbol, obtuvo el título de entrenador regional, y empleaba su tiempo libre en sacar de la calle a niños problemáticos de los de entonces, que no tienen nada que ver con los de ahora, hijos de damas que ejercían en el barrio chino, gitanillos, todos pobres en el más amplio sentido de la palabra.

Se multiplicaba, tanto en tiempo de dedicación a entrenamientos y educación de los jugadores, como a buscar vestimenta y balones para ellos, puerta a puerta de la ciudad. Su santa mujer lavaba las camisetas y los pantalones de todos los jugadores, los tendía, secaba, planchaba y dejaba listos para su uso.

No paró hasta que el Ayuntamiento le cedió un terreno pedregoso a la salida de la ciudad, que limpiaron, nivelaron y pintaron para convertirlo en algo parecido a un campo de futbol, de tierra, pero suficiente para que los niños, y no tan niños, estuvieran ocupados en el deporte en vez de zascandilear buscando bronca o delinquiendo.

Socialista de cuna, convicción y hechos, militaba en el partido desde muy joven, antes de morir el General Franco. Era de los que pegaba pasquines con engrudo, corría delante de los grises y confabulaba en privado para montar la manifestación pública.

Cuando llegó la democracia, enarbolaba banderas, asistía a todos los mítines que podía y colaboraba en la caseta de ferias del partido, portando una camiseta roja. O sea, alguien que no llegó ni llegará nunca a nada, porque ¿han visto a Felipe González, a Aznar, a Guerra, a Casado y a otros de igual o similar rango despachando botellines de cerveza en el bar ambulante de su partido?

Nuestras vidas se separaron hace muchos años, pero siempre hemos mantenido esa profunda amistad de los años de inocencia, de saber que uno puede contar con el otro esté donde esté. Y hemos seguido manteniendo contacto a través de los nuevos medios de comunicación que han aparecido desde entonces.

Le comento que hace falta un cambio, que la corrupción ha sido, y es, en personas y en importes, mayor que en la etapa franquista, que ya no existe la socialdemocracia que nos situó en Europa, que la política se ha convertido en un medio de vida y subsistencia en la que cualquiera que no ha acabado el bachiller puede convertirse en asesor de no sé qué ministro, alcalde o consejero autonómico.

Que es evidente el desencanto político, la mentira constante con la que nos prometen un futuro verde y esplendoroso, pero que la realidad lo convierte en fuego de rojas llamas y cenicientos resultados, protagonizado por los nacidos en los albores de la democracia, probablemente la generación más preparada en la historia de España, los mejores médicos, arquitectos, ingenieros, abogados o informáticos.

En cambio, a la política no digo que hayan llegado los más tontos de esa generación, pero desde luego, no los más listos e inteligentes. Estos son los que quieren hacer el cambio del cambio, pero deberíamos hacerlo desde dentro, no con planteamiento extremistas, que no han provocado en el mundo nada más que contiendas y miserias.

Mi amigo, socialista convencido, calla, permanece pensativo, serio, su mirada se pierde en el horizonte y, estoy seguro, vive en una lucha interior constante entre su razonamiento y su sentimiento. Y él, como yo, como la gran mayoría de ciudadanos españoles, estamos cometiendo el mayor pecado que puede darse en una democracia, estar callados.

Uno puede ser socialista, antifranquista, progresista, feminista, ecologista, sindicalista, republicano, y cuantas cosas quieras que tengan desinencia no verbal en ista o en ano, esa es la grandeza de la democracia.

Pero si hay algo con lo que nunca se debe transigir en con la mentira, cuya magnitud aumenta exponencialmente a medida que se va ascendiendo en la pirámide del poder político, siendo grosera e insoportable cuando es constante por parte del primer ejecutivo del gobierno.

Y no pasa nada, aceptamos como normales cosas que en cualquier país verdaderamente democrático llevarían aparejada la dimisión o cese inmediato de quienes así actuaran. Y callamos.

Porque se ha creado una cohorte de subvencionados en personas que no quieren trabajar, en organizaciones paragubernamentales, en sindicalistas, en medios de comunicación, en agraciados digitales (de digitus, dedo, en latín) para puestos públicos, en dádivas proindependentistas y en problemas de conciencia en socialistas históricos honrados y cabales, a lo cual se une “el efecto pikolín” – a mí plim, yo duermo en pikolín- de la derecha y la ausencia de una persona que la lidere y movilice en masa, un verdadero líder a quién sigan con la misma intensidad y fidelidad que a esa izquierda hoy en el poder. Y callamos.

“Suspiramos en silencio lo que callamos a gritos”. Ulises Sánchez. “Les gusta cuando callas porque estás ausente”. Pablo Neruda.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.

1 Comentario

  1. Puedes ser lo que quieras,si…pero la realidad es que los que ocupan los ministerios son los social-comunistas y en consecuencia son los responsables de lo que ocurra políticamente en España,hasta nuevas elecciones,hasta que les hechen o hasta que renuncien.Creemos que muchos socialistas estarán pagando las mismas facturas de electricidad que los demás,se les estarán muriendo familiares por la vacunita,o tendrán que soportar llevar la mascarilla de mierda aunque no les guste,por orden de sus colegas de partido,que no consideran ninguna situación sanitaria,sino cívica como lo del pase COVID,así que la procesión irá por dentro de ‘su amigo’.Y es además triste,que habiendo socialistas trabajadores y buenas personas,incluso que van a misa,permitan que Sánchez,su líder,prohíba la Navidad en España,los nombres católicos o los adornos navideños católicos o tradicionales en las vías públicas,y que permitan símbolos satánicos,símbolos del juego como el bingo o la lotería,reinas magas utópicas o todo tipo de blasfemias y ofensas hacia los católicos ,hacia los españoles incluso hacia sus votantes.

    Cruces satánicas disfrazadas de adornos navideños inundan las calles de España.
    https://ayl.tv/granada-zaragoza-cruces-satanicas-disfrazadas-de-adorno-navideno-inundan-las-calles-de-espana/

    Será que entre los damnificados de la Palma
    los que ven como llegan los turistas a los hoteles desde sus tiendas de campaña…ninguno es votante del PSOE?.

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