Como muchos de ustedes ya sabrán, el pasado sábado una joven de 18 años fallecía en un restaurante de Palma de Mallorca el pasado sábado de forma repentina. Los hechos sucedieron cuando repentinamente, la joven sufrió un fuerte dolor en el pecho y cayó desplomada en el restaurante. Al lugar acudieron rápidamente dotaciones de la Policía Local de Palma y de la Policía Nacional, que iniciaron los intentos de reanimación. Posteriormente se unió a estas prácticas el equipo de una ambulancia del 061, pero todo fue inútil y la joven falleció allí mismo.

El pasado día 20 de diciembre le fue practicada la autopsia y los forenses determinaron que esta pobre chica había sufrido un episodio de muerte súbita, provocado por un fallo cardíaco repentino. Recordemos, 18 años y sufre un fallo cardiaco fulminante que le provoca la muerte. Tan solo 18 años.

¿Cuántos casos como este habían oído ustedes antes de este año de inoculaciones? Porque no parece demasiado normal que personas jóvenes sufran infartos fulminantes como el sufrido por esta joven.

Mientras tanto, la mayor parte de la población ni se inmuta y sigue viendo este tipo de casos como normales, pero a nosotros nos parece que son demasiados, ¿no creen? Los jóvenes también pueden morir, por supuesto. Pero no ha sido nunca lo normal y mucho menos por motivos como estos.

Cuando el año que viene se publiquen las estadísticas de muertes de este año, es muy probable que nos echemos las manos a la cabeza.

 

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