alcalde

Hola, Pepe: Acabo de ver, en el Facebook del Ayuntamiento, que has decidido respaldar esa orden ilegal, inconstitucional, inhumana, dictada por el dictador Ximo Puig. Una orden que viola los derechos más fundamentales de todo ser humano, al imponer un régimen de aparheid (Como aquel que prohibió compartir espacio a blancos y negros) a todos aquellos que hemos decidido no consentir que unas empresas privadas, cuyo único interés es el lucro, adquieran el derecho a meternos en el cuerpo lo que les dé la gana, cuando les dé la gana. Porque de eso se trata. ¡No nos engañemos!

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No te preguntaré esta vez, en qué ley pretendes amparar tal barbaridad, pues no te dignaste responder preguntas similares que te hice hace meses. No respondiste porque no tenías ningún amparo legal (Lo ha dicho el Tribunal Constitucional, que ha dado respuesta a todas las cuestiones que te planteé, declarando ilegales, inconstitucionales, los estados de alarma). Entonces podías haber alegado ignorancia. Hoy ya no puedes. Sabes perfectamente que lo que estás haciendo es ilegal, inconstitucional e inhumano. Ni siquiera hay que ser experto en derecho para saberlo. Es suficiente con tener algo de sentido común. Porque ¿Quién le pedirá el teléfono al ciudadano que entre en el local? ¿Obligarás también a los hosteleros a contratar porteros? ¿Con qué autoridad podrán exigir esos porteros la revelación de información médica protegida por las leyes de Sanidad y Protección de Datos? ¿Y cómo sabrán distinguir los certificados auténticos de los falsos? Todo el mundo sabe que, en los lugares donde se exige el pase, la gente pasa, enseñando cualquier cosa.

Sabes que te respeté, en el pasado, y sé que me respetaste. Ambos sabemos que me metí en la lista socialista de nuestro pueblo cuando nadie se atrevía, y que lo hice por el simple hecho de que me lo pidió Juanín ya que, ni siquiera siendo él alcalde, ni siquiera siendo el mejor alcalde que ha tenido nuestro pueblo, podía completar la lista. Eran los tiempos de Roldán y compañía. Los votantes no se habían acostumbrado aún a la corrupción. El partido  entero estuvo a punto de desaparecer. Nadie me dio nada por aquello, ni yo lo solicité. Nunca pedí ningún “favor”, ningún “reconocimiento”. Lo único que saqué fue el reembolso de la gasolina que consumí en todos aquellos viajes que tuve que hacer desde Valencia para asistir a los plenos. Todo eso también lo sabes, porque nos conocemos bien, y nos llevamos bien hasta aquel día en el que no me viste ir a votar. Ya ves, no lo agradeciste cuando te voté pero me censuraste cuando no lo hice. No eres justo, Pepe, y esa es la razón por la que respaldas órdenes ilegales, inconstitucionales e inhumanas: Porque no sabes ser justo (Pero se puede aprender). Deberías haber comprendido que ni siquiera fue por razones personales. Fue, sencillamente, porque mi conciencia me impedía respaldar la deriva totalitaria del Partido Socialista. Fue el Partido Socialista el que dejó de ser socialista, no yo, entendido el socialismo como libertad. Tú sabes que era así como lo entendíamos entonces.

Ahora, mírate, censurando, obligando, violentando a la gente, como Stalin. Los socialistas no éramos comunistas ¿A qué no? ¿En qué momento pasaste tú, de amar la libertad, a defender a los tiranos? Máscaras obligatorias (Inútiles según sus fabricantes), vacunas obligatorias (Con las que sigues contagiando y contagiándote, según sus fabricantes) y pasaportes verdes ¿Por qué no llamarlos “rojos”? ¿Por consejo del experto en “marketing”? Si la gente se fijara en el rojo en vez de fijarse en el verde, tendrían menos aceptación ¿No? ¿En qué momento los políticos se convirtieron en comerciantes?

Piensa bien lo que haces, Pepe. Estás segregando a una parte de la población, más numerosa de lo que imaginas (Pues muchos ‘no vacunados’ dicen que sí lo están para evitarse problemas). Estás impidiendo reuniones de amigos, de parejas, de familias. Estás favoreciendo el enfrentando de la población. ¿No es eso instigar una guerra civil? Entiéndelo, señor alcalde: No voy a ponerme esas inyecciones, así me den todo el oro del mundo. No negocio con mi vida ni me la juego a la ruleta rusa. Por mi parte, el asunto es pues, innegociable. Lo considero un intento de violación. ¿O es menos violación si te violan con jeringas? Mi cuerpo, mi decisión. ¿Entiendes?

Y si decides seguir respaldando a aquellos que quieren obligarme a inyectarme una pócima que puede resultarme mortal, de la que ni se hace responsable el médico ni el fabricante (Prueba a decirle a tu agente que te haga un seguro de vida porque vas a vacunarte y verás qué risa). Si tú mismo estás dispuesto a consentir que inyecten esa pócima, que puede resultar mortal, a los de tu propia sangre, incluso a los niños, incluso a ti mismo, entiende, al menos, que te pregunte antes de despedirme ¿Por qué lo haces? Aunque esta vez tampoco te dignes responderme.