Llevamos meses preguntándonos para qué narices sirven las leyes en España si los primeros que se las pasan por el forro son los primeros que deberían cumplirlas: los miserables políticos que padecemos en gobiernos y parlamentos carísimos. Van a su aire e imponen lo que les da la gana, a la espera de que el Tribunal Constitucional les tumbe esas normas años más tarde.

Pero siendo todo lo que hace esta gentuza política malo, lo peor es esa parte de la sociedad que obliga a cumplirlas como miserables cobardes colaboracionistas que demuestran ser. Hoy nos hemos encontrado ya con el acabose. Una discoteca de Vigo, Ferré y Atlanta, anuncia una fiesta para fin de año en la que, además de exigir el pasaporte COVID, da un número de WhatsApp por si alguien quiere reservar las entradas por ese medio. Y, por supuesto, dando la posibilidad de enviar el pasaporte de marras también por ese mismo medio.

Esto es, atentos porque es muy fuerte, no solo exigen una documentación privada, pueden incluso quedarse con un archivo de la misma si hay mucho despistado que le envía el documento ese comunista por WhatsApp. O sea, rizando el rizo de las ilegalidades. Cometiendo el delito con luz y taquígrafos.

Vamos, que además del individuo que tienen de dictador en la Junta de Galicia, también hay descerebrados que colaboran con las ilegalidades de una forma bo-chor-no-sa. Si de nosotros dependiera, los tipos de esta discoteca celebraban el Fin de Año con la sala vacía.

 

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2 Comentarios

  1. Los propietarios de las discotecas están cooperando con el nuevo orden mundial, estos sinvergüenzas seguro que no se creen lo del nuevo orden mundial y creen al animal paquidermo de Feijóo, pues por culpa de estos sinvergüenzas que colaboran con la dictadura la vida va a ser muy oscura y las discotecas van a desaparecer, parece mentira que esos cara duras no se hayan dado cuenta que ya estamos en una dictadura al estilo de la China comunista.

  2. Los cotillones de a 60 papeles la noche son para adolescentes dipsomaníacos o para desechos adultos con el número de neuronas justo para mantener la bipedestación sin cagarse encima, salvo cuando están borrachos claro.

    Sus medidas coercitivas de mierda me producen una reacción a medio camino entre la carcajada absoluta y el profundo desprecio. Sinceramente, van a tener que idear alguna amenaza más severa o alguna oferta más sugerente para que me decida a inoencularme.

    Yo que sé… algo como campos de cuarentena o vales para putas y coca. O mejor aún: todo junto a la vez. Igual así me lo pensaba.

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