disenso

El penúltimo proyecto de Fernando Sánchez Dragó, tuvo su puesta de largo en el marco incomparable del Gran Café de Gijón de Madrid. Algo tan simple como una cena entre desconocidos unidos por el amor a la palabra y al pensamiento, algo así como reverdecer el olvidado ejercicio de la tertulia, sin más. Claro que el bueno de don Fernando, no nos reunió a los cuatro desnortados que allá nos fuimos y nos dejó solos ante el peligro, no, para evitar nuestra orfandad, nos trajo a Ramón Tamames, para entre los dos y la participación solidaria de los comensales, sacar adelante una velada de lo más fructífera.

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Ya quedó claro desde el principio, que los sabios de la tribu llevados por la senectud y la experiencia (sabe más el diablo por viejo…), iban a tratar de seguir poniendo guijarros para terminar de arrumbar a la ideología, y empezar a sacar adelante la tan depauperada idea de la idea. Esta es la ambiciosa idea de esta batalla de Ideas: poner a la Idea en el frontispicio del debate y dejar a la ideología que se siga deshaciendo, entre sectarismos y su correspondiente coletilla de insoportables dogmatismos. Sus catódicas y millonarias cajas de resonancia, resultarían obscenas ante la intimidad y calor que la cripta del mítico café ofrecía, si no fuese porque tanto el ponente como el anfitrión, se vieron arropados por unas tres docenas de participantes que, en absoluto, desmerecieron la charla. Las pertinentes cuestiones que se plantearon, dejaban bien a las claras el nivel de la audiencia. Y eso que la perorata de don Ramón, fluyó sin guion prefijado. Improvisación y brillantes cerros de Úbeda, fueron los invitados, que de rondón y en buena hora, se apalancaron entre las mesas.

Ramón Tamames, ochenta y ocho años lo contemplan, hizo gala de una agilidad mental y clarividencia impropias de un anciano, polemizó, argumentó, habló un castellano purísimo y, a ratos, hasta convenció. La grandeza de este pequeño proyecto, no es otra que poner en valor la escucha, la discusión argumentada y sin voces, ni las alharacas que todo lo desvirtúan y, cual tinta de calamar, ciegan a la masa consumista.

Elvira Roca Barea, José Luis Garci, Esperanza Aguirre o Pedro Baños, ya están en capilla, esperando hacer el paseíllo que les volverá a dar lustre. Aunque dudo mucho que este insigne elenco necesite de las martingalas del neón del candelabro de la actualidad. Todos los mentados, hace rato, cumplieron con su dosis de vanidad, lo cual hace que estos encuentros adquieran el regusto que da la, cuasi, clandestinidad.

Ciertamente resulta un ejercicio la mar de placentero, escuchar, sobre todo a quien no piensa igual que nosotros, mas se toma la molestia de argumentar, tratando a los clásicos de tú y respetando al heterogéneo auditorio. Lo bueno de la iniciativa de Sánchez Dragó es que, como es marca de la casa, no deja indiferente a nadie, pero en el fondo, todo el mundo, o mucha gente, gracias a su intercesión, hace acopio de nuevas capacidades y nuevas formas de entender el mundo.

La Fundación DISENSO, es otro tentáculo más de VOX y, da toda la sensación de que se va a quedar entre nosotros, para mal de unos cuantos malvados, analfabetos y vividores, algún tiempo más.

Eso de que un movimiento político dé cancha al pensamiento, así como suena: pensamiento, no deja de resultar, cuando menos, sospechoso. Bienvenidas sean estas iniciativas, por estrambóticas que puedan resultar. Pero ya les adelanto en exclusiva, que son cualquier cosa, menos estrambóticas.

Mis parabienes a don Fernando y a la Fundación DISENSO; y a don Ramón Tamames, que tan brillantemente abrió el brillante cartel, de la luminosa feria que se ha anunciado.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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