competitividad

Los datos que siguen a continuación son los oficiales del INE, del Banco de España y del resto de registros oficiales, refundidos por mí.

[Nuevas ofertas de empleo publicadas por Angulas Aguinaga]
competitividad
(*) Datos provisionales 3T 2021

Se aprecia claramente que la Deuda Pública ha subido el 230%; la Bolsa ha perdido el 24%; el euribor pasa a ser un tipo de interés negativo; la morosidad bancaria disminuye, aunque habría que hablar mucho más sobre ello al haber cambiado los métodos de amortización y contabilización de los impagados; los concursos de acreedores, que bajaron a partir del 2015 vuelven a subir desde el inicio de la pandemia por coronavirus, de forma exponencial entre los particulares, y a los muchos problemas existentes en la España actual, se ha unido el de la inflación, la mayor desde 1992 en el que pagábamos en pesetas, lo que va a dejar obsoleto los Presupuestos Generales del Estado antes de aprobarlos.

Estancados en la España de las tres -C-, cemento, cerveza y corrupción, con unos ideales, al menos aparentes, idílicos de ríos canadienses cristalinos como en el siglo XVIII, verdes praderas inalcanzables en su totalidad a simple vista, y asueto la mayor parte del tiempo porque trabajarán otros, los robots, resulta que con Franco, los que nacimos pobres y tierra adentro, conocimos las gambas y los chuletones cuando teníamos dieciocho años y tras trabajar, y cotizar, más años que tienen de vida los que ahora nos gobiernan, resulta que ahora tampoco podemos comer chuletones porque las vacas contaminan el ambiente, ni bocadillos de jamón porque ofende a los musulmanes, ni gambas de Denia o Palamós porque solo están al alcance de sindicalistas y políticos que pagan con tarjeta de crédito en las que ellos únicamente son autorizados, no titulares. El futuro parece que va a ser maravilloso, pero para llegar al futuro hay que comer todos los días del presente, y estoy empezando a pensar que mi generación estamos destinados a hincharnos de lentejas, judías, garbanzos y sardinas saladas durante toda la vida.

Y a desempolvar el brasero, que se encendía con ascuas y se avivaba con el soplillo, se colocaba sobre una tarima, se protegía con la alambrera y se removía con una badila, muy atentos para no atufarse con el humo.

Los árboles, muy bonitos y en primer plano, del ecologismo, del medio ambiente, de la sostenibilidad y del consumo procedente de la realidad virtual impresa, no nos deja ver el bosque de los, probablemente, dos problemas mundiales más acuciantes fuera del tema sanitario: el agua y la energía.

Refiriéndonos a España, cuando murió Franco había casi 36 millones de ciudadanos; ahora, 11 millones más. Nos guste o no, la verdad es que estamos bebiendo agua de los pantanos que se construyeron bajo los gobiernos de Franco y más bien antes que después, tendremos problemas con el agua, bien preciado y escaso que comenzó a cotizar en diciembre 2020 en el mercado de futuros de materias primas de Wall Street debido a su escasez, a un precio inicial de 40 centavos por metro cúbico. Claro que el “no va más” de la insensatez es el de alguien, con presunta disfunción neuronal profunda, que ha asegurado que todos los embalses y pantanos deben ser destruidos para que los ríos recobren su ecosistema.

En cuanto al problema de la energía, ya lo tenemos aquí. Se han dinamitado diez centrales térmicas, las hidroeléctricas ya no pueden rendir más kilovatios, las nucleares que había se paralizaron y cerraron quedando solo cinco de ellas a medio funcionar y todavía las estamos pagando, a los molinos de viento y a los paneles solares no se le está obteniendo el rendimiento inicialmente previsto, y compramos energía procedente de centrales nucleares de Francia, que tiene más de cincuenta instalaciones de este tipo, y que si algún día explotaran alcanzarían a una parte de España exactamente igual que si estuvieran instaladas en Guipúzcoa, Huesca o Lérida.

Y el gas, necesario a su vez para que funcionen algunos de los elementos que generan electricidad, dependemos mayoritariamente, vía Marruecos, de Argelia, que ha cerrado el gaseoducto el 31 de octubre dadas las malas relaciones entre ambos países, por lo que España se queda sin ese proveedor, pese a los intentos de la ministra Teresa Ribera y de lo publicitado por el todopoderoso ministro Bolaños. Depender mayoritariamente de un solo proveedor o vender a un solo cliente, tanto en la empresa privada como en la pública, es suicida.

Durante la visita de nuestra ministra a Argelia (¿tuvo algo que ver el caso Ghali en este asunto?), su homónimo argelino ha solicitado a España que construya un cable submarino directo con Argelia para transferir energía eléctrica a su país, entre otros proyectos de interés común, alternativa a potenciar el gaseoducto que pasa por Almería para el suministro de gas, insuficiente actualmente a todas luces.

Es de suponer que se intentará poner una “tirita” a la gran herida abierta, contratando barcos-cisternas al por mayor, en caravana, para poder traer el gas a España desde otros países proveedores, cuyos transportistas a su vez tendrán que pagar más caro el combustible de su transporte.

Estos sí son graves problemas para toda la ciudadanía, no algunas canonjías que solo sirven para colocar adictos y amiguetes que traten de justificar lo injustificable dando patadas al Diccionario de la Academia Española de la Lengua.

Porque en este contexto, la inflación ha venido para quedarse; aunque pudiera controlarse, que dudo, nunca se volverá a los precios en los que se inició su escalada, por lo que siempre habrá un decalaje entre los precios reales de adquisición y los incrementos salariales, y mucho más si a los convenios laborales se aplican los IPC medios como se va a hacer con las pensiones. El Gobierno dice que es un problema coyuntural; pero la espiral ya está en marcha.

En un país en el que “de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”, las fuerzas políticas de todo ideario y color, sindicales obreras y empresariales, de todas las regiones, altos como Romay o gordas como estatuas de Botero, han censurado y puesto en contra de la propuesta del ministro Escrivá de subir las cotizaciones un 0,5% durante 10 años a partir de 2023 para rellenar la hucha de las pensiones de la generación baby boom nacida en los años 60 y 70 del siglo pasado. Es una de las pocas buenas ideas financieras que ha tenido el Gobierno de Pedro Sánchez desde que llegó a la Moncloa, es más, creo que se queda corto, debiendo complementarse con un sistema de capitalización adicional. El dinero no “es del viento” y el que quiera disfrutar de su cobro en la vejez, antes tiene que contribuir con su pago. No aportar nada o tendente a nada, y querer un reparto igualitario de las pensiones, únicamente es posible en un sistema comunista.

España está perdiendo competitividad. El aumento de los precios energéticos y de los impuestos, inciden de forma decisiva en quienes intervienen en la cadena de intermediación de todo tipo de productos y mercancías y, en consecuencia, en el precio con el que llegan al poder adquisitivo del consumidor final. Sería bueno ponerse las pilas, trabajar más e invertir en realidades tangibles de futuro, y dejarse de visiones provocadas por porros más grandes de lo que sería de desear, porque a todos y cada uno de nosotros nos contratan para solucionar problemas, no para crearlos.

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Antonio Campos
Antonio Campos nació en Ciudad Real, en la España del queso amarillo y la leche en polvo de los americanos. Licenciado en Económicas, Diplomado en Humanidades, PDG por el IESE. Ha trabajado durante muchos años en un importante grupo multinacional del sector financiero, al que reconoce estar agradecido por haberle dado la oportunidad de desarrollarse profesional, académica, personal y humanamente. Conseguida cierta estabilidad profesional y dineraria, volvió a su verdadera pasión de juventud, escribir; desde entonces, han sido cuatro libros y unos dos mil artículos de opinión, económica y política, publicados en diferentes medios de comunicación, pretendiendo conjugar la libertad individual o personal (el progresismo) con la libertad económica (el conservadurismo), elogiando las ideas y no las ideologías. Y lo hace, dice, pretendidamente independiente, ideológica y socialmente, con la libertad de quien tiene libre el tiempo, el pensamiento y la palabra.