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Dicen que en uno de los descansos de las maratonianas reuniones de preparación de los tratados de adhesión de España a las Comunidades Europeas, hoy Unión Europea, Fernando Morán, a la sazón canciller español, confesó a algunos funcionarios españoles que en lugar de estar allí, España debería estar mirando a la otra orilla del charco.

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Lástima que históricamente Portugal y España hayan tenido una extraña relación de vecinos bien avenidos, sin más, pero distantes, muy distantes. No pocos propios y extraños dedicaron sus vidas a minarnos; ni mentar quiero a la malhadada Leyenda Negra. Nuestros poderosos convecinos, los de más al norte, siguen moviendo piezas en el tablero tranquilamente, mientras los ibéricos seguimos entretenidos haciendo nada.

Más hete aquí, que estamos principiando un inequívoco desperezamiento histórico, lo que nos llevará, a ojo de mal cubero, no menos de cincuenta años, eso si no hay grandes descarrilamientos de por medio. Por doquier aparecen libros, ensayos, películas y hasta tebeos, reivindicando, no un pasado imperial, sino una revisión de la historia que se nos ha contado. Parece que por fin, el viejo portaviones ibérico, trata de enderezar su derrota, por momentos, da toda la impresión de que el viejo dinosaurio ibérico sigue vivo.

Desde hace dos siglos y pico, casi tres, españoles y portugueses hemos embestido siempre, asustados y de forma muy dócil y mansa, a cuantos capotes nos han echado a los hocicos. Cuán diferente habría sido todo, si Iberia se hubiese constituido en una entidad política comme il fallait, hoy la Unión Ibérica, o como se quisiere denominar, sería la gran potencia europea y, por consiguiente, uno de los grandes centros de poder mundial. Sin embargo, hogaño, somos lo que somos.

Enfrascados como estábamos en nuestras pequeñeces a ambos lados de la raya, no tuvimos mejor idea que aceptar las leoninas reglas del juego impuestas desde allende los Pirineos. El absurdo complejo de inferioridad, hizo que festejásemos el acceso a tan taimado club, como nuestra gran y única victoria del siglo XX; eso sí, como simples extras del péplum al que, más que invitar, se nos conminó a entrar. Hoy vemos, que aquellos agasajos no fueron más que el preámbulo del desastroso descalzaperros en el que, nos desempeñamos con suicida fruición.

Si, como con melancolía confesaba Morán, Portugal y España hubiesen puesto rumbo a América, otro gallo nos hubiese cantado, empezando por las hostilidades que nos hubiesen llovido desde todos los flancos, que hubiésemos tenido que capear. Sigo pensando, erre que erre, que aún estamos a tiempo, la tarea es ardua y empieza en casa, primero limpiar nuestro hogar de traidores, empeño homérico, acaso quimérico, sin embargo, noto un ánimo inequívoco en el bostezo del viejo dinosaurio, y me niego a creer que sea una mera expresión de deseo.

No sé qué pensarán ustedes, pero el hecho de haber visto más banderas de España en los últimos cinco años, que en los cuarenta anteriores, debe ser algo más que una anécdota. En cualquier otro país, este barómetro es completamente inexistente, mas en nuestro terruño da para algo más que para un articulito. Los compatriotas que nacieron a caballo entre dos siglos, desconocen o conocen de aquellas maneras nuestra historia, quizá, pero desde luego, son completamente ajenos a los humillantes complejos con los que crecimos millones de españoles. Empezando, sin ir más lejos, por el oprobio de sentir vergüenza de nuestra enseña nacional.

Razones para el optimismo hay, por ello, y considerando a Portugal, condición sine qua non en la aventura americana, abogo por una Unión Ibérica desacomplejada en pos de nuestros millones de hermanos americanos.

*Un artículo de Francisco Córdoba

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2 Comentarios

  1. Unión Ibérica, vale. Pero ¿dónde estaría la capital, en Lisboa, como dice el título? Supongamos. ¿Y entonces el idioma oficial sería el portugués? ¿O eso ya no? ¿Y sería una monarquía o una república? La idea está bien, pero para ponerla en práctica habría que superar muchos obstáculos e intereses. Nada indica que lo que no se pudo arreglar en siglos vaya a arreglarse en 50 años.

  2. Recuerdo, que existen varias asociaciones en Portugal, cuyo objetivo es anexionarse a España, desde tiempo de la Transición. Saludos

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