okupar

El derecho a la propiedad ha constituido a lo largo de la humanidad un pilar fundamental que da sentido a nuestra existencia desde el momento en que el hombre fue abocado bíblicamente a “ganar el pan con el sudor de su frente”. Entiéndase por pan aquellos bienes que le hacen posible una vida propia y social con dignidad, si este es su deseo: esencialmente comida y alojamiento familiar.

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Las personas, en cualquier sociedad, se han ocupado desde siempre en hacer posible esta necesidad vital, que por su importancia, debía quedar blindada y asegurada, dando lugar al término de propiedad privada.  Este sentimiento de propiedad es tan connatural con la persona que pocos sentimientos pueden ser más humillantes que el que siente una persona a la que le han privado de algún bien propio.  Evidentemente el robo es el delito común más despreciable para las personas y fuertemente penalizado a lo largo de la historia. El ladrón es todavía hoy la persona más denostada por la sociedad[1].

Pues bien, como los hechos encadenados y terribles[2], no suceden por motivaciones materiales, sino que es la maldad, siempre engañosa y paciente, la que se termina manifestando entre bastidores, me permito completar la última versión de este sainete tragicómico cuyo título encabeza este escrito.

Tengo la edad suficiente, como para   haber vivido este fenómeno claramente antisocial[3] desde sus comienzos. Creo que es de dominio público que todos estos personajillos (okupas) son obreros pagados, a los que en tono humorístico  llamaría los nuevos “sindicalistas”: sindicalistas por aquello de trabajar para sus amos políticos, a costa de los trabajadores, y en este caso el amo es el NOM con su dinero y su agenda 203040.., viviendo a costa de los propietarios robados y esquilmados.

Pues bien, configurado el terreno, en la fase de okupar la propiedad más privada como la vivienda, fenómeno producido a nivel mundial, sin mayores altercados sociales. Esta élite preparó, con toda su artillería antisocial, la okupación del espíritu de la propia sociedad a nivel general y personal. Ambición máxima de las mentes satánicas y que la pasividad enfermiza de la sociedad, claramente trabajada y buscada principalmente, por medio del uso y abuso del conocido móvil:  revelador y supresor de la propia identidad por adaptación a la masa, que estos personajes fabrican con anulación de la discrepancia; y que decir de la televisión y sus “periodistas”: hoy verdaderos y consentidos okupas de nuestra mente desinformada.

La acción final ha necesitado de un preámbulo trágico, acompañado[4] de un terror que hoy deja en evidencia con toda claridad, una preparación y desarrollo totalmente artificial, con el miedo como arma de sometimiento de masas y seguido de unos inyectables experimentales para toda la población como única posibilidad de introducir un código MAC[5]  (elemento de identificación personal) acompañado de un material como el grafeno capaz de interactuar con las ondas electromagnéticas (antenas).

Pero toda maldad y la soberbia que le acompaña, tiene la mentira como base, y dice la sabiduría popular:“ la mentira tiene las patas muy cortas”. Hoy sabemos que el virus no existe porque nadie lo ha

encontrado, las muertes indican que la vacuna es un medio de control y genocidio a nivel global y lo que parece de momento más importante, que sus efectos no son duraderos por la repetición de “vakunas” bajo el pretexto de las inexistentes cepas.

Mientras tanto cuidado con las antenas que hoy también sabemos pueden manipular su potencia de radiación. Siendo ellas las causantes de la enfermedad COVID 19 entre otros posibles motivos, y siempre producto de la composición de los inyectables, que no vacunas.

La dignidad siempre por encima de la cacareada solidaridad.

*Un artículo de Pablo Blas Villarmín

 

[1]Que no por las leyes, gobernantes y periodistas.

[2]Aborto primero despenalización después derecho de la mujer.

Eutanasia primero yo decido, ahora decide el médico, juez..

Gais y lesbianas primero igualdad hoy ideología LGTBI..etc.

[3]No okupan los clalets de los “coletas”.

[4]Muerte de miles y miles de personas por radiaciones y protocolos médicos asesinos.

[5]Se detecta con moviles con SO Android y versión inferior a la 10.

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3 Comentarios

  1. Es natural porque es común a todos, y no ocurre solo con los mamíferos. Creo que la principal razón es ni mas ni menos que la conservación de la propia especie.

  2. La propiedad privada no es consustancial al ser humano. Informarse mínimamente, desde una perspectiva jurídica y antropológica, sobre el tema desmontaría la premisa sobre la que se asienta el artículo. Es más, resultan más habituales de lo q parece (etnocentrismo puro e incluso chauvinismo) las sociedades sin un claro concepto de propiedad privada. Y una cosa es la propiedad privada (que dentro de ciertos límites es algo más o menos usual) y otra la propiedad privada sin limitaciones, que es algo que no ha existido nunca jamás, pues hasta los estados teóricamente más liberales han admitido siempre tales limitaciones en atención a un interés difuso y colectivo con diversas denominaciones

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