realidades

A pocos días del final de septiembre ya inmersos en el otoño, comienzan a tomar cuerpo las afecciones depresivas provocadas por el cambio de tiempo y la consiguiente reducción de las horas de sol y la crisis existencial en la que estamos sumidos. Y nada de esto sale en los medios, a lo sumo aprovecharán la cuestión para rellenar sus espacios con unos minutillos en los que el psicólogo de turno definirá el síndrome con algún nombre rimbombante.

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Llegado a este punto y revisando las noticias de los últimos días del mes no es para menos entrar en barrena pues los titulares de los principales medios son apocalípticos “aprovechando que el Pisuerga ahora pasa por La Palma”. Y verdaderamente da lo mismo de lo que se hable por los mentideros porque de cualquier forma llegaremos a conclusiones confusas y depresivas. Decían en “OK diario” que la esperanza de vida de los españoles debido a los efectos de la pandemia ha disminuido en 1,4 años siendo los segundos por la cola después de los EEUU.

Olvídense del resto de asuntos de momento… Ahora los españoles nos morimos antes. O sea que ni la dieta mediterránea ya es capaz de remediarlo al precio que podemos pagarla con la nueva normalidad. Desde hace mucho somos incautos consumidores de aceite de oliva virgen refinado en Italia, de jamón serrano “duroc” -rumano de pezuñas negras- del bueno y de pescado del norte – como poco de Marruecos-, y de frutas y verduras importadas de África por los distribuidores franceses que operan en España. Ojo al dato que los mismos agricultores españoles también lo hacen para ahorrarse los jornales a precio del nuevo SMI o para evitar que les ocupen las fincas los jornaleros africanos con más derechos que el propio contratista -por el covid o por la cara-. La nueva normalidad social comunista provoca que la mayoría nos muramos antes y peor, que haya más personas malviviendo con una prestación mientras  cada vez hay más que disfrutan a cuerpo de rey de la mamandurria del Estado. No obstante la parte positiva es que por lo menos hay más gente que lo denuncia y cada vez son más los que a la fuerza, van reflexionando sobre el tema a la hora de malcomer.

El auge de la vida sana con las calles llenas de famélicos atletas urbanos de distinto pelaje según su grado de profesionalidad e inconsciencia, correteando como roedores por las ciudades proyectadas como limpias y sostenibles pero llenas de mierdas de perro, restos de botellón y patinetes, infectadas de carriles para bicicletas cuidados por la Policía Municipal –preocupadisimos por multar a los pobres propietarios de coches sin pegatina eco-, en detrimento de cuidar y salvar las vidas del resto de sorteadores de obstáculos mortales de las aceras -especialmente los más mayores-, es la nueva norma. Y es curioso porque por ejemplo en la última carrera celebrada en Madrid, el número de atendidos por los efectos del sobresfuerzo fue de registros casi escandalosos, pero… ¡Allá penas! Porque el mundo ya no se ve según el color del cristal con que se mire sino dependiendo de las miopías que gastemos o de lo trastornados que estemos…

Con esto no quiero decir que no haya que cuidarse dejando de hacer deporte ni por supuesto abandonar las buenas costumbres del buen yantar, sino adaptarse a las posibilidades reales de cada cual para sobrellevarlo mejor. Y fíjense que decía anteriormente que nos morimos antes y seguimos sin culpar de ello a quien gestiona nuestra pandemia dejando de momento que se vaya de rositas mientras nos habla de lo bien que vamos y lo guapos que estamos.

Por lo tanto y entonces… si usted ahora está cobrando el paro porque forma parte del mayor club de España, o es uno de los casi 300.000 afortunados a los que la Ministra comunista de trabajo -Yolanda Díaz-, gracias a su esfuerzo y dedicación en mantener los acuerdos -con los sindicatos colaboradores del régimen y la patronal rehén de su propia idiosincrasia-, le permite seguir tirando mientras cobra el 70% de lo que hacía antes, sin al menos perder tiempo acumulado de paro para cuando llegue la hora de la verdad; pues…, perdóneme que le diga que puede darse con un canto en todos los dientes a la par que darse paseítos por el parque y cebarse de pasta y legumbres de marca blanca, que son baratas y aunque le implique ganarse unos kilillos de más, le permitirá disfrutar de su nueva realidad.

Morimos antes, somos más pobres por lo que comentaba antes y para todos porque el IPC esta desbocado, contaminamos mucho y nos suben los impuestos por ello y por si fuera poco, ahora para los que tengan trabajo, el Ministro Escrívá -repanchingado en el sofá mientras lo entrevistaban-, suelta que hay que trabajar hasta los setenta y cinco años porque debemos ir cambiando la cultura del trabajo sencillamente porque cada vez nos morimos más tarde ¿Pero no habíamos quedado en que ahora nos morimos antes? Menos mal -dirán algunos-, los de Podemos han entrado al quite y ya están pensando en legalizar el cannabis para que los nuevos usuarios del mismo lo sobrelleven mejor.

Decía alguien en un artículo que leía recién, que correr en cinta era mucho peor que hacerlo por las calles, los parques o el campo porque el disfrute de la vista, el solecito, notar la brisa o las gotas de la lluvia en la cara recarga de energía el organismo; mientras que hacerlo encerrado en una sala sobre una maquina sin avanzar más que lo que el contador te marque era mentirse a uno mismo. Pues bien, permítanme que les diga que lo que el Gobierno hace con nosotros es lo mismo. Nos lleva por la cinta falseando la verdad y nos muestra la realidad del marcador controlado por ellos mientras nos morimos 1.4 años antes.

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2 Comentarios

  1. No olvide usted el impacto en la mortalidad de esa huelga encubierta y ese desmantelamiento de facto de la sanidad pública perpetrado por las “mareas blancas”, charos, chonis, tiktokeros, covidianos cagones y vagos, y corruptos ideologizados y politizados que infestan los centros sanitarios. Desmantelamiento que venía de muy atrás, y que no sólo se debe a la corrupción e ineptitud de políticos, y sus cargos elegidos por afinidad corrupta e inepta, sino por una degeneración cultural que ya sólo piensa en clave de dinero, y no de trabajo. Así, a la caída libre en informe PISA sobretodo por lo que respecta a ciencia y comprensión lectora, y cuyos frutos son ahora los que visten batas blancas y verdes, se unen los problemas de presupuesto y de la nefasta gestión del mismo, pues sufren:
    – recortes, si habla el partido palurdo
    – disminución de la inversión (sic), si lo dice el psoe, experto en elegir las palabras que mantienen bajo hechizo de estupidez a su lerda masa votante

    A todo esto, y con mucho sentido de la oportunidad, se aprobó la ley de eutanasia, aunque también de facto se lleva aplicando eutanasia masiva encubierta en los hospitales públicos desde finales de la primera década de los dos mil, en forma de “errores de diagnóstico”, y de “errores en la administración de medicamentos”.

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