licenciado

Si creemos que en las escuelas y universidades, los que mejor puntúan son los más inteligentes, también debemos creer que la mayoría es tonta y que la democracia que tenemos, no es más que un juego de tontos.

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La democracia “moderna” (Nada que ver con la que tenían los antiguos griegos) es un sistema en el que la mayoría elige a una minoría para que la represente. ¿Y quién necesita ser representado sino un tonto, un incapaz? Es un sistema en el que muchos eligen a unos pocos para que propongan cambios sociales. ¿Eligen al menos a los más inteligentes? Para ello, ¿No deberían saber qué es la inteligencia? ¿Quién lo sabe?

Los tontos no pueden hacer otra cosa que votar a tontos, y los que aspiran a ser votados, más votos obtienen cuantas más tonterías proponen. El alcalde de Vigo, por ejemplo, propuso llenar la ciudad de lucecitas de colores, y muchos que no pueden pagar la luz, le votaron, y se quedaron confinados en sus casas, las pasadas navidades, mientras los perros disfrutaban del espectáculo. ¿No es el tipo que propuso tal derroche energético del mismo partido que propone disminuir las emisiones de ceodós?

Así pues, para tener éxito entre los tontos, los partidos tienen que proponer a los partidarios con menos luces. Para que esto fuera posible, aprobaron una ley que dice que, para dirigir un país, no hace falta tener conocimiento alguno. No por otra cosa tenemos ahora ministros que sacaron pésimas notas e incluso ministros Nini.

Con todo esto, es fácil adivinar hacia dónde progresamos. ¿Sería la solución votar a los que sacan mejores notas? No porque, ¿Quién propone los planes de estudios sino los políticos tontos? Hoy, los que sacan mejores notas están empeñados en luchar contra el ceodos, eso es, están obsesionados en disminuir el gas que respiran las plantas, cuando su aumento hace que estas proliferen y proliferen los animales herbívoros. ¿Por qué se llamaba “el gas de la vida” sino porque su aumento hacía aumentar toda forma de vida?

Es evidente que, con más ceodos, más comida para los humanos (Que se lo digan a los que cultivan en invernaderos). Pero el caso es que lo que proponen ahora los políticos es reducir la población, y la mayoría de tontos aplauden tal propuesta, pese a ser ellos mismos los que están siendo “reducidos”. ¿No es eso el no va más de la tontería? Y así, la humanidad camina hacia su propia auto-aniquilación, elegida, eso sí, democráticamente. ¿Se puede hacer algo para remediarlo? Eso intentamos los que dejamos de creer en los políticos y en sus escuelas y universidades. ¿No es inteligente reconocer la propia tontería?

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