De las distintas clases de octavas conocidas, una de las más extrañas e incomprensibles son las octavas dobles. Pues son octavas que nacen en pares y se desarrollan juntas pero en distintos avatares, o en el mismo avatar pero en distinto tiempo. Todos hemos sabido alguna vez, de personas que separadas por la distancia y el tiempo, han tenido vidas similares en sucesos, acontecimientos, fechas y hasta forma de partir. Pero también ha ocurrido en lo particular que hemos experimentado una extraña similitud de acontecimientos en distintas circunstancias, como un extenso Déjà vu, dándonos cuenta que hemos vivido la misma circunstancia pero en otro día. Estos sucesos inexplicables son producto de las octavas dobles que intentaremos comprender a continuación.

No se conoce mucho el porqué de esta clase de octavas, tampoco se conoce su funcionamiento fuera de este espacio matricial, pero se sabe que estas están generadas por una especie de cigoto doble en la nota (do) que inicia la octava. Es como una octava desdoblada paralela, pero iniciada no por números primos, sino por resonancia en la nota (do), es como que la nota reverberara por un tiempo (x) y en ese tiempo un acontecimiento diera paso a la nota (re) antes que terminara de vibrar (do) iniciando una octava que se desarrolla de forma gemela y asociada muchas veces a distintos avatares (unidades de carbono). No voy a extenderme en la matemática de estas octavas porque la desconozco, sólo sé que son como dos instrumentos tocando a la vez, dos violines ejecutando la misma melodía simultáneamente, en espacios y tiempos diferentes. 

Se asocian estas octavas al concepto de almas gemela, concepto que particularmente no comparto, pues el alma es un cuerpo de enlace perecedero y degradable que no perdura en la eternidad, y el término gemelo es acotado a la dualidad de esta realidad, prefiero el término Seres hermanos, que describe de forma mucho más real, la naturaleza incorruptible y eterna de la creación, sin acotarla a la dualidad de los opuestos. Volviendo al tema de las octavas, éstas no tienen nada que ver con esta idea, y su asociación es meramente ilusoria. Una octava gemela cuando se encuentra en el mismo avatar y dentro de una octava corta rápida, por ejemplo la iniciada en un lapso no mayor a unos años, puede transcurrir una parte en el presente y la otra, su doble, en el futuro inmediato de esa misma octava corta rápida, dando la sensación de un extenso Déjà vu, hasta que se recuerda que esa situación ya le pasó un tiempo atrás, de forma casi idéntica, dando la sensación de un extenso Déjà vu, hasta que se recuerda que esa situación ya le pasó un tiempo atrás, de forma casi idéntica. También se da el caso de octavas dobles en determinados gemelos que experimentan y comparten las mismas experiencias y emociones, hasta el punto que el deceso de uno, provoca al poco tiempo el del otro.

Esta clase de octavas, cuando se encuentran en el mismo avatar y dentro de una octava corta rápida, por lo general no se generan en el EMmental, son generadas directamente en el EMfísico como pentavas y siguen durante todo el proceso como pentavas. En cambio cuando son generadas fuera de esta realidad y desarrolladas por distintos avatares como octavas cortas lentas, se cree que comienzan y terminan como dodecavas sin perder un solo semitono, por eso mantienen la similitud entre ellas, pero no se conoce en profundidad su funcionamiento por ser octavas aisladas y con leyes diferentes a las conocidas, posiblemente porque su naturaleza dual choca con la dualidad de nuestro universo, que paradójicamente es como las octavas dobles, pero pendular. 

En la historia hay casos muy significativos de octavas dobles o gemelas, que casi siempre son asociados con la reencarnación, simplista deducción de un proceso tan extraño y complicado. Un buen ejercicio sería encontrar estas octavas en la historia, encontrar esas vidas paralelas que tanto misterio y fantasía han producido, y también intentar encontrar esas octavas en nuestras vidas si alguna vez se produjeron, quizás al ser conscientes de ellas, dilucidemos nuestra propia dualidad para poder transmutarla en la trialidad de un universo en equilibrio, pero sin opuestos. 

 

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