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Lo que ocurre en Cataluña -en general- y en el Barcelona club de fútbol -en particular- es para estudiar en profundidad la historia de un descalabro colectivo con protagonistas muy concretos. Tanto si nos fijamos en la Generalidad como si lo hacemos en el mimado y separatista club de Barcelona (el otro no cuenta prácticamente por ser decente), sacaremos parecidas conclusiones.

Ambas instituciones (a las que hay que sumar el municipio barcelonés, y un sinnúmero de ciudades y partidos políticos) hace tiempo que están podridas porque sus dirigentes con muy poco talento, menos vergüenza y excesiva prepotencia, han hecho de su capa un sayo, tomando decisiones con las que han llenado sus bolsillos y debilitado la economía.

Lo que todo el mundo intuía, ha llegado a ser una lamentable realidad. Solo hay que mirar hacia atrás para ver al enano Pujol con proclamas de una decencia política inexistente, reclamando al Estado español supuestos robos, que él, su esposa, sus hijos y sus afines (Más y compañía), cometían regular y metódicamente.

O contemplar a las distintas directivas de lo que ellos llaman más que un club que hacían más políticas separatistas, que futbol. La realidad de hoy es tan ruinosa para el Barcelona, como para toda Cataluña.

Lo que era “más que un club”, es ahora “menos que un club”; con un entrenador despreciado por el presidente y un grupo de jugadores (añorando a un Messi que los ha dejado en la estacada) con unas nóminas que no tienen reflejo en el insulso juego del equipo. La ciudad de Barcelona (con una alcaldesa que ha “colao” suciedad e ilegalidad en sus actos; un Bartomeu que ha traído la ruina del club; un cobarde y delincuente Puigdemont huido de la justicia española; un Aragonés -la voz de su amo- demostrando su incapacidad para pensar por si mismo y una caterva de separatistas como Jorge Sánchez, Oriol Junqueras y un gran etcétera, salvados por la campana generosa del plagiador, cateto y traidor Pedro Sánchez) es hoy, como el resto de esa Comunidad Autónoma, carne de un gigantesco Concurso de Acreedores.

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2 Comentarios

  1. Todo el país está igual de podrido y degenerado. En Cataluña es más notable porque son más ególatras y vociferantes, pero la situación es equivalente en todas partes.

  2. Recuerdo cuando mi padre me llevó a ver a Cruyff jugar en el Trofeo Joan Gamper, allá por 1974. Yo tenía unos 8 años. Las banderas eran todas catalanas, es decir: la de la Corona de Aragón. Esto siguió bastantes años igual…no sé en qué momento empezaron a verse las que llevaban una extraña estrella…pero, en ese momento, me hice del Real Madrid, el equipo de mi padre.

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