vueltas

En el verano, visitamos, en muchas ocasiones a nuestros familiares, amigos y como no, a amigos compañeros. Hace muy pocos días, un compañero de trabajo vino a Córdoba, llevaba 40 años que no visitaba esta bendita ciudad, localidad donde estudió veterinaria. Durante muchos años de trabajo, cada año nos veíamos dos o tres veces en nuestras reuniones de empresa, bien en Madrid o en cualquier otra ciudad. Me decía este gallego y compañero, llamado Camilo, que yo le traía loco con mis charlas sobre mi Córdoba. De vez en cuando parecía que no quería saber nada de mí, le miraba de soslayo, pasaba de mí. Yo me hacía el interesante, como no verlo, ya que mis charlas eran siempre dándole vueltas a mis antiguas conversaciones sobre mi Córdoba. Pero… mira por donde, siempre procuraba sentarse al lado mía cuando íbamos a almorzar y cenar, incluso en nuestras horas libres, cuando íbamos a degustar unas copitas.

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En su llamada, me dijo que venía a mi ciudad a pasar siete días con su señora, una vez juntos y montados en un coche de caballos le comentaba el cambio que ha tenido la ciudad en estos años; el cambio de la estación del AVE, nuevos y grandes edificios.  Le comentaba los nuevos hallazgos de Medina Azahara, le explicaba lo bonita que se había quedado la plaza de la Corredera, el aseo de la Mezquita por fuera. Una vez dentro la Catedral, se quedó pasmado, con la boca abierta de ver tanto esplendor y boato después de su arreglo en el interior. Ahora se quedaba con los ojos abiertos por cuanto yo le glosaba de mi ciudad, ciudad que conocía y le recordaba de su estancia en la facultad de veterinaria.

En un momento, me dice mi amigo y compañero Camilo: ¿Pepe, pasamos por la Avenida del Generalísimo?, le comuniqué lo del cambio de nombre de las calles, ahora se llamaba Avenida de los Tejares. Así mismo del cambio experimentado en numerosas calles. Una vez que el coche de caballos llegó a su fin, nos fuimos a comer al Churrasco, Camilo conocía este restaurante, pero el cambio que le ha dado Rafael, su dueño y gran amigo mío, no lo recordaba de esta manera. No voy a recordar las visitas que hicimos a Medina Azahara, al Museo julio Romero, la Sinagoga, el Alcanzar de los Reyes Cristianos, la calahorra y su puente Romano con la vista monumental hacía la majestuosidad de la Catedral. También vimos el Palacio de Viana, la Judería, la calle de las Flores y la torre de la Catedral al fondo y como hay que verla es de noche, pues, de noche la vimos. Y, como no, las nobles tabernas, donde degustamos los vinos, Montilla-Moriles y sus buenas tapas.

Escudándome, las vueltas que da la vida me vinieron a la memoria los nombres de las calles después de la Transición. Buscando razonamientos y reflexionando estos cambios que se esgrimen, se podría decir que deberían quitarse los nombres y santos y Papas porque molestan a los ateos; de todas las calles con nombres de reyes porque molestan a los republicanos; Las calles con nombres de Papas y santos porque molestan a los ateos. A sí mismo, las calles con sobrenombres de conquistadores porque incomodan e insultan a los sudamericanos; las calles de nombres de cineastas porque insultan a los que no les gusta el cine. Etc. etc. De la noche a la mañana hubo que enterrar todo lo que se refería al Movimiento Nacional.

Todo es borrado de un plumazo. Fue borrado todo, menos, aunque siempre lo digo, menos la Paga del 18 de Julio. Ni las centrales sindicales, la Iglesia y ayuntamientos con todos sus chiringuitos, todos los gobiernos que hemos tenido en España, ONG y Ejercito, diputaciones, vendedores de globos de las ferias; abogados e incluso médicos y enfermería en general. Así mismo las monjitas, taxistas, panaderos y vendedores de higos chumbos y panaderos.

Nadie movió un dedo para quitar esta paga. La llamada paga de Franco. Pues yo les digo que, no tuvieron bemoles- por decir algo fino- ni plumazo para quitar la paga del 18 de Julio. Me viene a la memoria una frase de Charles Bukowski que dice: La diferencia entre democracia y dictadura, reside en que, en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes. Hay que ver, ¡LAS VUELTAS QUE DA LA VIDA! No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética: lo que más me preocupa, es el silencio de los buenos. Pues eso, ni más ni menos.

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1 Comentario

  1. Hoy le he entendido mejor, por eso le contestaré por primera vez.

    A mí no me molesta ese silencio de los corderos señor mío, me inquieta más bien. Con ese desasosiego y todo, prefiero y agradezco incluso ese silencio aunque pudiendo ser cómplice. Preferible mil veces que no se manifiesten ni en un sentido ni en otro, a que lo hagan para verter ponzoña como viene ocurriendo con tanto borrego ansioso de gloria efímera.

    Antes el simple de plano razonamiento, ni tenía conciencia de su simpleza, ni mucha capacidad por si mismo de convertir lo dicho por su boca en certero objetivo, ahora sí y eso es lo preocupante. Antes, al carecer de riqueza mental, su pobreza argumental lo convertía en inocuo, más molesto que peligroso. Si a esto le añadimos que por su propia condición de patán mediocre, desacreditaba todo lo por él dicho, lo dicho – valga la redundancia – por más que fuera certero caía en saco roto. Ahora no, ahora señor mío tienen esos inocuos de antaño quien les provea de lo que carecen, porque otra cosa no, pero la mente inductora sabe cómo llegar a la mano ejecutora. Así, nos estamos encontrando en una selva tropical, tórrida, asfixiante y claustrofóbica donde no entra apenas luz y los árboles no dejan ver lo que pulula en el bosque; con cientos de papagayos replicando los ecos inquietantes y aterradores del rapiñero explorador y sus negros porteadores a la fuerza o no.

    Las voces catetas podían ser molestas, irritantes e incluso de h.ostia con la mano abierta hasta ahora, pero hubo un punto de inflexión en el que todo cambio, cuando aceptamos que todas las opiniones eran válidas y aceptables, olvidando que una cosa es dejar hablar por respeto y otra muy distinta seguir consejos destarifados, irreflexivos, absurdos, mera verborrea producida por mentes en clara descomposición diarreica o, evidentemente mal intencionados.

    Es algo más que molesto ésto, es inquietante y peligroso que mentes incapaces tengan predicamento, pues por debajo de ellas son legión los ansiosos por darse importancia dispuestos a “caca”rear cualquier maligna consigna con tal de obtener su dosis de aplausos inducidos y nada espontáneos, de, a su vez, otros mediocres como ellos.
    Creo que es vital el valorar en justa medida la situación actual. Molesta es la conversación sobre trapitos, involuntariamente escuchada en el bus, lo que hoy estamos escuchando de tanto incontenido verbal es munición letal y no debemos restarle importancia. Ya sabe aquello del exceso de confianza y su consiguiente paso en falso. El creído suele cometer ese error, seamos humildes para ser prudentes, de sobrados están llenos los cementerios.

    Si uno no quiere dos no riñen reza el dicho. Pero es que, en esta ocasión y circunstancia de delirio colectivo, queramos o no habrá que reñir porque empieza a ser una realidad palpable y más que plausible que, “nos vaya la vida en ello”.

    Esto no es un juego de a ver quien la tiene más larga y después de la bravuconada tan amigos y a otra cosa. Van en serio, van a por nosotros y silentes o desatados de lengua, su objetivo es claro: nuestra eliminación en sentido figurado o en sentido real. Esto último el tiempo lo dirá y otras generaciones futuras lo tendrán que contar por nosotros – porque estaremos muertos – si les dejamos.

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