La ofensiva que Federico Jiménez Losantos está llevando a cabo contra quienes no se quieren inocular, persiguiendo incluso a Santiago Abascal, es cuando menos irracional y sospechosa de perseguir algún objetivo económicamente avieso. El recurso de la descalificación personal, como forma de argumento único que tantas veces le ha llevado a los tribunales, ha sobrepasado todos los límites: “nazis, burricie, ratas, bebe lejías, estafadores, antivacunas, negacionistas…” Eso es lo que somos muchos de los que coincidimos con lo que normalmente dice este señor.

Losantos está utilizando el mismo lenguajo de la narrativa única de la plandemia, cual hembrista defendiendo la perspectiva de género en sus palabros. Por ello, lo primero es evidenciar de antemano esa manipulación lingüística, recordando el significado real de conceptos farmacológicos, microbiológicos y periodísticos elementales, pues como diría cierta cateta, “nos va la vida” en esto de la “vacuna”. 

Vacuna: no es una vacuna, porque ni está aprobada como tal en España, ni en la UE (EMA), ya que no terminará con sus ensayos previos hasta mediados de 2023. De momento es algo que se ha autorizado sólo para uso de emergencia, conforme a una redefinición de “pandemia” que la OMS modificó a los efectos que estamos viendo.

SARS-CoV-2: es un supuesto coronavirus, como pudiera ser el SARS-CoV-1. A diferencia de los anteriores, ni ha sido clínicamente identificado, ni ha sido aislado ni secuenciado. Es más, se han prohibido hasta las autopsias por las que pudiera saberse del mismo. Por tanto, es un supuesto virus cuya identidad y conocimiento se lleva ocultando de forma proactiva y oficial durante ya casi dos años, es decir, incontestablemente.

Covid-19: es una enfermedad que supuestamente proviene del supuesto virus. Lo que no es ningún supuesto es que en España se contabilizaron menos de veinte casos de gripe estacional en la temporada 2020-2021, cuando todos los años se han dado varias decenas de miles de casos. Dice la narrativa de rebaño que es por el uso de las mascarillas, cuando las mismas nada pueden hacer contra un virus (siguiente definición), como pueda ser un coronavirus, por lo que no es contestable que se está metiendo en el cajón desastre del covid todo lo que entra por los hospitales, como se han hartado de testimoniar los sanitarios a los que nunca darán espacio de expresión en los planmedios de Losantos y todos los restantes que van hacia su izquierda.

Mascarilla: tejido para evitar el supuesto contagio de un supuesto virus, por el que protegerse de una supuesta enfermedad ligada al supuesto virus. En términos de exactitud matemática, es decir, nuevamente de forma incontestable, es un tapabocas que, en el mejor de los casos (FFP2) tiene una anchura de permeabilidad cincuenta veces mayor a las dimensiones de un coronavirus. Así, su utilidad no puede ser otra que la de despersonalizarnos, al no poder mostrarnos como somos, ni ser reconocidos, al igual que para ir adoctrinando a la infancia y testando nuestro grado de servilismo.   

Caso clínico: supuesto enfermo de covid conforme a un test PCR, cuyo inventor –que por ello recibió el Nobel–, el bioquímico Kary Mullis, ya señaló que no sirve para los coronavirus. En la propia web del Ministerio de Sanidad reconocían que arroja “al menos, un 50% de falsos positivos”. Sin embargo, la realidad estadística nos lleva a que son más del 90% los falsos positivos, ya sea por los llamados “asintomáticos” (concepto aplicable a cualquier enfermedad…), como por lo cuantificable respecto de los casos que requieren atención médica, es decir, lo que ha delimitado siempre si se tiene una enfermedad o no. La propia FDA ha decretado que este 31 de diciembre dejarán de utilizarse las pruebas PCR, al igual que apenas veinte Gobiernos del planeta siguen haciendo un uso interesado de la incidencia basada en esta prueba.   

Casos personales: no son un dato estadístico. Y yendo por delante el máximo de los respetos y las más sentidas condolencias hacia todos los familiares y allegados de los fallecidos CON covid, todos hemos perdido a familiares y amigos cercanos. Por tanto, valerse de un concepto que es sensacionalista por definición, –al ser un sentimiento, durísimo sin duda, pero un sentimiento, es decir, sensacionalismo a efectos argumentales–, es tan vil como pueda ser el hacerse política con las víctimas del terrorismo. 

Losantos campa a sus anchas en el insulto, en la inversión de todo concepto clínico y se adscribe a la narrativa única del Gobierno. Ya saben, cuando algo no se entiende, sigan la pista del dinero. Ahora bien, ni quienes no nos inoculamos tenemos por qué ser objeto de sus injurias y calumnias diarias, ni Abascal tiene por qué ser objeto de coacciones, por las que llamándosele públicamente gallina (es muy gracioso que esto se lo diga Losantos a Abascal…), deba estar a revelar información médica de su más exclusivo ámbito privado, además de legalmente protegida como dato personal, porque así lo quiera imponer un particular al que nadie ha votado. Aunque Abascal no necesita que nadie le defienda, ha hecho un ejercicio de responsabilidad que le define una vez más, máxime cuando, en este caso, su opinión sobre la inoculación podría influir en la decisión de otros. Y que otros miembros de Vox, mediante fotos o declaraciones, se hayan posicionado en un lado, esto es, alterando el pronunciamiento oficial del partido sobre la libertad de elección, no implica que todos deban hacerlo.

El Dr. Losantos podrá estar en el ajo o le podrá estar pasando como con los diez años que tardó en pronunciarse e identificar las mafias y leyes de la ideología de género. Nunca es tarde para despertar, muchos hemos sido objeto del adoctrinamiento de la izquierda y se sale de ello, tiene cura. Pero es que en este caso, basta con acudir a las bases de datos de los sistemas de salud para verificar la simple y llana evidencia de las muertes y efectos secundarios severos que está produciendo la “vacuna”. 

Tomando sólo los datos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA – EudraVigilance), nos encontramos con 982.444 personas con efectos secundarios reportados, ya sean muertes o lesiones, a 25 de septiembre de 2021, conforme a la suma de lo que desglosan respecto de cada una de las cuatro marcas de “vacunas” que se han inoculado en Europa (pinchar en la “C” y bajar hasta los enlaces de “Covid-19”: https://www.adrreports.eu/en/search_subst.html#). 

Las dosis que se han distribuido hasta ahora en la UE son 510M, de las que 55M corresponden a las dosis de una sola pauta de Johnson & Johnson (pinchar en puntos 6 y 7: https://ec.europa.eu/info/live-work-travel-eu/coronavirus-response/safe-covid-19-vaccines-europeans/questions-and-answers-covid-19-vaccination-eu_es#vacunaci%C3%B3n). Es decir, se han distribuido dosis para “inmunizar” a 282M de personas. Especulando a favor del tragacionismo, pongamos que todas esas personas se han inoculado ya las dosis recibidas en sus respectivas pautas. Así pues, los efectos graves y/o mortales de esta “vacuna” representan el 0,35% de quienes se la inoculan (282M x 0,3484% = 982.444).

Resulta inviable entrar en el debate de cuántas personas han fallecido a causa directa de la inoculación, porque los reguladores, esto es, los promotores de la vacuna, jueces y parte, no están precisamente por la labor de reconocer sus asesinatos. De ahí, que en todo momento hablen de reacciones adversas, descargando toda responsabilidad en el inoculado, en vez de sobre el veneno que lo ha matado o destrozado de por vida. Tampoco son lo que se dice muy rigurosos, cuando no certifican una sola muerte que no tenga un estudio de meses, con médicos de varias especialidades que así lo certifiquen… Es decir, que incluso ante las miles de muertes que se han dado en la misma semana, cotejables en todo medio decente, ya fuera sin patologías previas o aun teniendo 15 o 25 años, se quedan tan anchos diciendo que no hay certeza alguna sobre tales asesinos, como si la simple estadística no fuese ya una certeza primordial en todo campo médico para determinar un patrón.

689.933 son los fallecidos CON covid en la UE desde el 27 de diciembre de 2020, hasta hoy, 28 de septiembre, periodo de nueve meses desde el que se inició la vacunación (pinchar en raya de UE, en día 298 y actual: https://www.worldometers.info/coronavirus/worldwide-graphs/#europe-usa-deaths). Es decir, fallecieron con CON covid un 0,15% de los 447M que habitan la UE.

Por tanto, por muy Federico, tragacionista, rebañero o super guerrero de la mascarilla que se pueda ser, la matemática no engaña (y, por favor, el que tenga dudas, que entre un momento en los enlaces directos que se han aportado y haga sus cuentas): más del doble de posibilidades de morir y/o contraer una enfermedad severa con la “vacuna”, que de morirse por covid (0,35% vs. 0,15%). Y teniendo en cuenta que las probabilidades de NO morir por covid son del 99,85% conforme a lo anterior, pero del 99,99% siendo menor de 50 años, –es decir, la inmensa mayoría de los que no se han inoculado–, más alto y claro no se puede decir ante el dilema de inocularse o no. 

Se puede ir a hacer cola al polideportivo vacunal para que, por lo pronto, le metan una paliza inmediata a todo tu organismo, con riesgo de posteriores daños severos y terminales, o se puede vivir la vida sabiendo que tienes más riesgo de morir por la próxima gripe estacional. Y si uno teme estar en ese 0,01% de riesgo de muerte, puede protegerse con vitamina D, C, Zinc y con todos los nutrientes que existen para fortalecer el sistema inmunológico (plantas medicinales, ajo, orégano, curry, cebolla…). 

La narrativa oficial y criminal del Gobierno social-comunista, a la que se apunta incondicionalmente Losantos, puede especular todo lo que quiera sobre cuántas muertes se han evitado con la inoculación. Entre tanto, para los que estemos a los datos, ahí están también los del ya mayor número de “vacunados” fallecidos, en la avanzadilla de Israel, o la comparativa de fallecidos en España entre los agostos de 2020 y 2021, los meses menos sospechosos de gripes adjudicables al cajón covid (460 vs. 2.802 muertes, un 509% más: https://www.worldometers.info/coronavirus/country/spain/). De la proporción de “vacunados” en las UCI’s ya dejaron de informar los planmedios, tan pronto vieron, hace un mes, que aquellos empezaban a superar a los bebe lejías, lo cual irá despejando dudas respecto de su implicación en el encubrimiento de lo que ya es una matanza o, cuando menos, una colosal generación de daños severos que dichos miedos siguen promoviendo hasta las máximas consecuencias posibles. Si bien, lo grave es que morirán sin duda más inoculados que bebe lejías.

Y a pesar de las evidencias de exactitud matemática, contrastables en los datos oficiales, llega Losantos y nos anima a todos para que nos inyectemos un producto que ni un solo médico ha prescrito en certificado oficial y que se ha llevado ya por delante, ha dejado parapléjico o con lesiones cardiovasculares y cerebrales severas a centenas de miles de personas. Si bien, lo peor es la previsión que hacen los médicos y biólogos decentes para los próximos años, pues tampoco es contestable que son tratamientos de ingeniería génica cuya inoculación sólo acaba de empezar. Eso sí, los planmedios seguirán participando de la matanza, bajo las tesis de las nuevas cepas que Fauci y Gates nos irán anunciando para seguir haciendo caja con sus respectivas inversiones en las “vacunas”, cuando tales nuevas cepas, como la delta, no son otra cosa que la “vacuna”. 

El Dr. Losantos seguirá compeliendo a representantes públicos, al objeto de que prescriban un fármaco que ni sus fabricantes están revelando todo su contenido… Entre tanto, a muchos militantes, votantes y simpatizantes de Vox, –los que nos encontramos en las manifestaciones y fiestas de la espuma de lejía–, nos sigue costando mucho entender la postura del partido con esta “vacuna”. Así se lo pregunté en julio a uno de sus dirigentes, pues Vox identificó desde sus inicios todo lo que supone el globalismo, en cuanto a las élites y gobernantes que nos manejan en un formato de comunismo global nunca visto. 

No se entiende qué más tiene que pasar, tras casi dos años de esto. Son cinco millones de muertes atribuidas a esta guerra vírica mundial, con un iniciador debidamente localizado, China. Se ha impuesto la censura total (el inicio de toda dictadura) en las principales redes sociales y medios de comunicación. Se han dado golpes de Estado simultáneos en infinidad de países, cerrando Parlamentos, decretando estados de sitio, imponiendo bozales incluso al aire libre, cierre de negocios, prohibición de trabajar, de convivir… Y la mal llamada vacuna es la pieza central del mismo plan. Un plan que no tiene soporte clínico alguno desde mayo de 2020 y mucho menos en el ámbito económico, al no haberse rebasado, también desde dicha fecha, la ocupación de UCI’s de cualquier gripe estacional. Y eso sin tener que recurrir siquiera a la de 2018… 

Confiemos en que, como ha hecho Bolsonaro, tan pronto los datos se impongan al miedo, asistamos al pronunciamiento de Vox sobre la “vacuna”, confirmándose de verdad lo que expresa su actual eslogan, porque está claro que a los demás partidos nadie los espera. Y también está claro que las 370.000 personas que dice el Gobierno que rehusamos la inoculación es un dato que no se creen ni ellos. Losantos lo dio directamente por bueno, en uno de los cuatro artículos de su ofensiva vacunal del pasado domingo, pues como buen planmédioco ya va incluso más allá de la narrativa de su socio en todo esto, el Gobierno social-comunista. Si bien, la pregunta hubiera sido cuántos de los menores de 70 años se han “vacunado” por miedo irracional (mediático), por facilidad para viajar, por imposición en el trabajo, por presión social… Esa pregunta, aun inviable en el Congreso y de imposible respuesta precisa, sí la tenemos todos contestada en nuestra pequeña estadística de allegados y conocidos. Esto no es la vacuna del covid, es la vacuna de la coacción, del miedo y de la Agenda 2030

Y dónde estará Losantos cuando la narrativa ya no tenga dónde agarrarse. Confiemos también en que su actual lapsus de memoria pase, pues como bien sabe él, ya pueden empeñarse muchos libros de Historia en mantener las tesis oficiales, que éstas siempre han sido eclipsadas por la realidad de los hechos y de los datos posteriormente conocidos; es decir, por la realidad de las “teorías de la conspiración”. Hemos sido engañados en todo acontecimiento de gran dimensión histórica, sin excepción. Pero un experto en Historia cree que ésta va a ser la única excepción y se posiciona proactivamente con los mismos que utilizan siempre los modelos de ataque hacia quienes tan solo revelan datos: falacias ad hominem, coacción y patrones de coerción y manipulación psicológica, entre tantas cosas que están haciendo… 

El Sr. Losantos se pasa el día denunciando la aprobación de leyes por las que se normalizan las patologías terminales del consenso progre, pero considera que en lo de la plandemia y su “vacuna” sí debemos creer a esos mismos enfermos. Ver para creer.

El dióxido de cloro según el equipo médico del Dr. Losantos  

Más allá del lenguajo de la narrativa única, Losantos hizo gala de un vacío argumental absoluto en su despliegue de artículos del pasado domingo contra los bebe lejías. Ni un dato sobre nada y, en su incontinencia de insultos, Losantos confundía la sal de mesa (cloruro sódico) con la lejía, lo cual no resulta muy convincente si pretende rebatir o debatir nada sobre el asunto (https://tv.libertaddigital.com/videos/2021-09-22/federico-jimenez-losantos-responde-al-acoso-de-los-antivacunas-6820468.html?utm_source=POR_D&utm_medium=grande&utm_campaign=relacionada). Pero iba aún más lejos cuando se valía de un doctor en química que trabaja para el Gobierno de Sánchez y la Agenda 2030 (CSIC). ¡Buen compañero de viaje, Federico! ¿Qué será lo próximo, citar al New York Times o a El País como fuentes solventes? 

Dicho doctor reducía el argumento de su entrevista a dos datos únicos. Al hablar de lejía confundía –expresamente se entiende– su agente con el dióxido de cloro, al igual que señalaba que una molécula de tres átomos tiene las mismas propiedades que una de dos (“básicamente, su modo de actuación es el mismo”; léanlo por favor, no tiene desperdicio https://www.libertaddigital.com/ciencia-tecnologia/salud/2021-09-25/el-timo-del-dioxido-de-cloro-es-lejia-un-veneno-para-el-organismo-6821418/?utm_source=POR_D&utm_medium=grande&utm_campaign=relacionada). Es decir, que es lo mismo el agua que el hidrógeno y la química que la mímica. A fin de cuentas sólo varía un átomo, una sílaba… ¡Qué más da! ¡Todo cabe en el título de un doctor! 

Todas estas burradas se contestan con cualquier vídeo de los médicos que prescriben el dióxido de cloro, así como en la propia página de Andreas Kalcker (https://andreaskalcker.com/), quien ya no da de sí para rebatir a todos los trileros de la química y medicina del patrocinio farmacéutico e institucional. En cualquier caso, la diferencia no es tan difícil. El hipoclorito sódico (NaCIO; átomo de sodio, cloro y oxígeno) es la lejía, la que el doctor pretende decirnos que es lo mismo que un gas que además se extrae de otro agente. El cloruro sódico o cloruro de sodio (NaCl; sodio y cloro) es la sal de mesa, la que tomamos los bebe lejías según Losantos. El clorito de sodio (NaClO2; sodio, cloro y dos de oxígeno) se utiliza sobre todo para fabricar papel. Pero, a poco que se escuche y vea un momento cómo se sintetiza el dióxido de cloro (ClO2) a partir de la reacción del clorito de sodio con un activador, terminando como gas soluble en agua, puede uno comprobar cómo este doctor en química nos está intentando engañar. Equipara la acción del hipoclorito sódico con la del clorito de sodio. Y, sobre éste, un agente líquido, lo confunde a su vez con un gas, el CDS (siglas en inglés de la solución acuosa de dióxido de cloro) resultante de la citada reacción. Así, es lo mismo que si nos dice la obviedad de que si respirásemos agua moriríamos, cuando la analogía con el CDS sería el oxígeno del agua, no el H2O. Y eso sin entrar en que pasa también por alto los porcentajes de concentración, las ppm del CDS final para consumo, su estructura electrónica, etc.

Parece que el doctor también milita en algún partido político del globalismo plandémico, pues siendo absolutamente innecesario y gratuito, algún interés directo tendrá que tener para él, insultar también alegremente a quienes hacen uso del CDS. Concretamente nos tacha de secta y estafadores. Esto, viniendo de su clase magistral sobre cómo engañar con la química elemental… Tome asiento doctor y relaje su ira, que en no más de quince años, cuando esté tranquilo viendo la tele, mientras corrige los exámenes de sus alumnos, podría aparecer un tal Kalcker pronunciando un discurso en Estocolmo. 

La ingesta humana de CDS no ha matado a una sola persona en doscientos años de uso, ni tampoco a ninguno de los millones que lo han tomado para curarse del covid, mediando todo un país, Bolivia, que lo viene tomando de forma regulada por Ley expresa. La “vacuna” lleva bastantes miles de muertos, tal y como reconocen a regañadientes sus propios promotores. Y, aunque no ando en el negocio de la sal ni del cloro, un kit completo de CDS cuesta 12 euros y dura toda la vida, por mucho que te hinches a tomarlo cada vez que tienes una dolencia. Por tanto, tampoco se entiende muy bien a cuento de qué viene esa estafa que idea Losantos y su doctor, sobre algo que han evidenciado desconocer de principio a fin o que, peor aún, demonizan por algún interés que sólo podría ser espurio. 

Lo que seguro que es una estafa, periodística y deontológica si se quiere, es vender miedo cuando no hay razones, aterrorizar al personal con una planmedia que no existe desde hace año y medio, vendernos sal por lejía o idear estafas de 12 euros para algo que puedes usar treinta años. Y, todo ello, cuando lo que se propone a cambio es un aniquilador de seres humanos que cuesta tres veces más y que te quieren colocar al menos dos veces al año sin ya razón alguna de ser.

 

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19 Comentarios

  1. Losantos ha sido siempre un sujeto de la más baja condición moral e intelectual. Es un nazi disfrazado de liberal, un vividor de la subvención. Durante los tiempos de esta Plandemia, a él y al resto de sus “colaboradores” se les han caído completamente las caretas. Son basura. Y se está pasando por alto una cuestión gravísima, delictiva, como fue preguntarle públicamente a Santiago Abascal si se había inoculado el veneno. Es gravísimo, es delictivo, el mayor atentado a la privacidad, a la libertad, nunca visto en un medio de comunicación. Inocularse un tratamiento forma parte de la más estricta intimidad médica de una persona y nadie tiene derecho a preguntar semejante cosa. Cuando algo así se permite es que estamos viviendo una especie de apocalipsis.

  2. Cuando salga el informe pericial definitivo del doctor Campra, muchos estúpidos van a tener que pedir perdón, pero desde la cárcel.
    No sé ustedes, pero yo estoy HASTA LOS COJONES DE TANTA MENTIRA Y MANIPULACIÓN y espero que el karma y la justicia hagan su trabajo de una puta vez.

  3. ¡¡¡ Que alegría !!!!
    ¡¡¡¡ Que descanso!!!!!!

    ¡¡¡ Que renovación de optimismo!!!!!!! De ver que NO ESTOY SOLO!!!!!!!!!!!
    ¡¡¡¡ Que frisson, miedo me da pensar siquiera que la población en general pueda abrir sus ojos, sus oídos y su entendimiento, al golpearse la cabeza con medio periodísticos apolítcos profesionales, a profesionales de todo tipo, con datos verdaderamente científicos, ….!!!!!!!

    Veo y diviso a lo lejos, una Inmensa OLA!!!!!!!

    ¿Podría servir este escrito como prueba que interese la Justicia?

  4. “Chapeau” al artículo y a su autor, y una vez más a El Diestro. Después de muchos años escuchando y varios libros leídos, se acabó Federico, en principio PARA SIEMPRE. Desde el principio me “mosqueó” su cruzada provacuna y su encarnizada persecución a los que no tragamos la plandemia ni las fraucunas.
    R.I.P. fede, con minúsculas, gran decepción, una más.
    Como siempre, compartiendo a tope.
    Muchas gracias y seguid honrando el Periodismo. Sois un orgullo y un lujo para la gente de bien, y vuestro trabajo es impagable.

  5. Primero fue el ‘doctor’,Bill Gates,y ahora el nuevo fenómeno de los ‘doctores’,periodistas.

    En un vídeo titulado “Seguimiento a las vacunas Covid 19” (Den Covid 19 Impfstoffen auf der Spur), los médicos alemanes Bärbel Ghitalla, Dr. Med. Axel Bolland, RA Holger Fischer y RA Elmar Becker siguen la pista a las vacunas Covid-19 al analizar, bajo el microscopio, muestras de sangre de personas que recibieron la inyección de ARNm.Video imprescindible,que todos deben ver:
    https://odysee.com/analisis-sangre-vacunados:64a4897278f2f7748c459a4972cc6271c2ff29cb?src=embed

  6. A ver si nos vamos dando cuenta de una vez que este histriónico perrodista es a la política lo que el chiringuitero Tomás Roncero al fútbol. Por favor: búsquense referentes más serios. Su postura, está claro, no es fruto de la cortedad que disimula tras su fanfarria, sino que es otro traidor vendido. Como diría la gitana: “así se lo gasten en botica”.

  7. Que gran decepción con este señor. Oiga su cadena todos los días porque me parecía el único oasis donde oír información independiente.
    Se ha vendido y nos ha traicionado.
    No olvidaremos

  8. ¡Excelente!

    Sobre la aclaración química a la demagogia barata sobre el número de átomos de cloro para poder dedicar un genérico y caricaturesco “lejía” a todos los compuestos de cloro, precisamente planteaba hace unas semanas esta cuestión: ¿qué diferencia metafísica hay entre aplicar oxígeno O₂ a los pacientes, o aplicar ozono (O₃) a dichos pacientes?
    Química la hay, metafísicamente no la hay.
    Y sin embargo da igual el número de átomos para que Losantos, pePino, la Yesi y numerosos “científicos” vuelquen su odio y desprecio sobre los partidarios del dióxido de cloro ese -que no he probado nunca y no lo defiendo ni dejo de defender- asociándolo sí o sí con la lejía. Lleva cloro, es lejía, y punto.

    Pero no da igual el número de átomos para que los sanitarios apoltronados protocolarios pasen de meter O₂ compulsivamente a los enfermos, porque “es ciencia” a pesar de las evidencias de que han provocado muertes crueles en muchos casos, a tener los ojos inyectados en sangre de rabia ante el uso del O₃ (“pseudociencia”), a pesar de las evidencias de que ha salvado vidas.

    Repetimos:
    – hay cloro ⟶ es lejía, independientemente de la fórmula → Curanderismo anticientífico.
    – hay oxígeno , depende ⬎
    * si hay dos átomos → ciencia
    * si hay tres átomos → pseudociencia
    ¿No es fascinante?

    En serio, si a estas alturas alguien sigue pensando que los activistas, colaboracionistas o tragacionistas rigen, están en su sano juicio y razonan con perspectiva, independientemente de sus estudios y profesión, que vaya descartando la idea. Son máquinas, máquinas programadas. Carne de dictadura.

  9. Ya lo han dicho, pero como consumidor de lejía y a pesar de tener en mi dieta sacarosa, almidón de maíz, almidón de patata y otros excipientes, un Omeprazol diario por presquincion facultativa…….aclarando. Pues me repito.
    Un gran artículo, bajo mi punto de vista, y totalmente de acuerdo con cada uno de los puntos que Moncho Tamames a expuesto con pruebas y evidencias.
    Chapo, señor Tamames, gracias.

  10. ¿Por que se tienen que vacunar los que han pasado la enfermedad y portan muchas mas defensas
    (anticuerpos) que los que se vacunan?.
    Este señor Losantos no demuestra tener mucha lucidez cuando se traga como un trucho lo que diga el mundo sanitario oficial.

  11. FJL es un puerco capitalista lameculos de masones globalistas. Seguramente el gobierno le habrá “inoculado” una buena subvención a cambio de injurias hacia Vox. Es una rata pijoprogre putrefacta que se vende a cualquiera por un manojo de euros. Nunca más Esradio ni Libertad digital. Que le financie su PM.

  12. Muy buen artículo, pero dudo que las personas que se han puesto los productos experimentales mal llamados “vacunas”, o quienes piensan hacerlo porque siguen las consignas gubernamentales, cambien su opinión en el caso de que lo lean. Y dado que el autor es licenciado en Psicología Clínica creo que lo sabe, puesto que hay un fenómeno que recordará y que se da en todas las personas (en mayor o menor grado) llamado disonancia cognitiva.

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