ojos de Pastora

Hoy queremos compartir una nueva anécdota que se le atribuye al gran Rafael Gómez, El Gallo, y que hemos titulado los ojos de Pastora. Resulta que una tarde había hecho Rafael una faena redonda.

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Una tarde redonda como muchas otras, llena de garbo, de valor, de inspiración, de rcreación primorosa de pases, lances y filigranas. El toro era grande, y Rafael lo había dominado sin el menor asomo de “espantá”.

Llegó la hora de tirarse a matar, el toro ya no ofrecía el meor peligro; estaba agotado. La plaza hervía de entusiasmo y ya se habían sacado algunos pañuelos para pedir los trofeos. Se cuadró Rafael y de pronto, sin que el toro pestañease, tiró los trastos y salió corriendo hacia la barrera. El público quedó atónito, algunos reían, otros casi lloraban de rabia. Rafael llegó al lugar donde estaba su mozo de estoque:

-¿Qué ha pasado, Rafael?- preguntó extrañado.

-Na, que al tirarme a matar he visto los ojos de Pastora, ¡por la gloria de mi madre!- respondió El Gallo.

Hemos de indicar que el maestro se refería a la que fuera su esposa, Pastora Rojas, más conocida como Pastora Imperio, con la que estuvo casado durante un año, entre 1911 y 1912.

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