salvador

Es cierto que todos tendemos a dejar que otros arreglen el problema. Porque, en admitir que el problema existe, en eso no tenemos problema, pero todos pensamos -¡Ya cambiaré cuando vea cambiar a los demás!-  Y como todos pensamos lo mismo, todos esperamos, y nadie cambia, y se sigue agravando el problema.

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Cuando uno de todos se da cuenta de lo absurdo que es dicho planteamiento, de que pensar así nos aboca al abismo más negro, se da cuenta de que, necesariamente, uno debe pensar de otra manera, para que el mundo tenga una posibilidad, al menos. Entonces piensa –Si cambia uno solo, es poco probable que cambie el mundo, pero si no cambia nadie, es imposible- Entiende que tener una oportunidad es infinitamente mejor que tener ninguna, comprende que del cero al uno hay un infinito ¡Y da el paso, sin problema!

Cambia por haber comprendido, no por creencias. Se arma de valor porque entiende que es necesario, no por capricho. Se arriesga porque sabe que es la única manera de estar seguro de que existe una posibilidad, al menos, de que se arregle el problema; porque piensa en una oportunidad para su hijo, o porque piensa en sus padres, o en su pareja, o en sus amigos, ¡O en sí mismo! Por eso, uno cambia y da una oportunidad a todos. ¡Y se convierte, por necesidad, en el salvador del mundo!

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