barrio

Esa es la única alternativa que les queda a los pocos vecinos “autóctonos” que quedan en este barrio: vender o alquilar sus propiedades y abandonar una zona que se ha convertido en una NoGoZone por donde los bilbaínos hace tiempo que hemos dejado de transitar.

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Un ambiente enrarecido, con hombres que pasan el día entero apoyados en las fachadas de los edificios, ausencia de mujeres por la calle, peleas nocturnas, infracomercio y locales insalubres, conflictos por ruidos, problemas de convivencia en las comunidades, robos… toda esta amalgama de problemas que nos trae la impuesta multiculturalidad.

Es cierto que han existido intentos de los vecinos por enfrentarse a una degradación evidente y exponencial de esta área, una de las más céntricas de la villa, sin haber obtenido ningún resultado. Cualquiera que conozca a los políticos sabe que para ellos las asociaciones de vecinos solo sirven para visitarles en la campaña electoral, sacarse una foto, pasarles la mano por la espalda y olvidarse de sus reivindicaciones en el mismo momento en que están jurando su cargo. Máxime si tenemos en cuenta que las peticiones de estos ciudadanos van en contra de todo el marco ideológico y entramando institucional que han puesto en marcha quienes nos gobiernan: la ideología globalista.

No es que el Ayuntamiento o el Gobierno Vasco quieran acabar con la situación de “sustitución poblacional” que se está produciendo en San Francisco, ni mucho menos. Este modelo de sociedad es el que quieren, no solo para el resto de Bilbao, también para toda Euskadi. No hay más que ver el interés que ponen en solicitar que traigan mas Menas de la frontera de Ceuta o el ofrecimiento para recibir refugiados en la última crisis de Afganistán para cerciorarse de este “afán repoblatorio”. Que nadie piense que esto acabará aquí, el Casco Viejo, en plena decadencia comercial y con menos gente por sus calles que de costumbre pronto empezará a verse invadido por esos locutorios y tiendas de “no se sabe que” que conforman la imagen del nuevo Bilbao. La zona baja de Irala, la plaza Zabalburu y algunas calles de Mirivilla ya están sufriendo este “estrés poblacional” que nuestros políticos fomentan con las ayudas sociales, el apoyo a las Ongs que lo organizan y este caldo de cultivo que respiramos proclive a cualquier cultura menos la nuestra.

En muchas ciudades de nuestro continente, gracias al apoyo de los gobiernos al globalismo y la multiculturalidad miles de europeos deben abandonar sus casas, como está sucediendo en San Francisco, por la degradación, la insostenible convivencia y la presión de “otras formas de vida” diferentes a las nuestras. Kabul, la necesidad de huir de nuestras propias ciudades ante el avance de la barbarie, no esta tan lejos de lo que pensamos.

*Un artículo de David Pasarin-Gegunde

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2 Comentarios

  1. Durante años algunos veniamos advirtiendo que esto es lo que iba a pasar, y nos llamaban locos, fachas, retrogrados, antitodo y un sin fin de apelativos y ninguno bueno.
    ¿Saben que? Que se jodan, tienen lo que se merecen, haber hecho algo cuando aun se podia.
    La historia de España nos ofrece lecciones magistrales, como aquella de “llora como mujer lo que no has sabido defender como un hombre” que hoy la progresia corrupta y miserable tildaria de expresion machista, pero subnormales aparte ¿recuerdan esa leccion historica? Pues eso,

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