maldición

“Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso.” Con este preámbulo arranca el juramento hipocrático clásico que inspiró el que realizan los Licenciados en Medicina antes de ejercer su actividad profesional. Para ser médico, ser tratado con honores propios, y gozar del prestigio social de tal noble labor (algo que va mucho más allá de recibir los aplausos que las focas de circo realizan desde sus balcones), se juran unos áureos y eternos principios que se cierran con esta lapidaria sentencia: “Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario.” Sólo a estos últimos ignominiosos médicos mal avenidos atañe esta maldición, y sólo Clío, musa de la Historia, dictaminará si fueron pocos, muchos o todos, los malditos médicos que colaboraron en la esclavitud y muerte de la humanidad a la prometieron servir.

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Ignorantia non est argumentum. El “yo es que no lo sabía” no servirá como excusa ante la deontología hipocrática del Olimpo, ni como coartada ante un juicio por crímenes de lesa humanidad según la ley de los hombres. Los médicos saben que las diferentes mal llamadas “vacunas contra la covid-19” provocan trombos y muerte. Lo saben porque lo están viendo. Los médicos saben que, entre su lista de efectos indeseados, cada vez hay más fenómenos reportados graves y desconcertantes, como miocarditis, pericarditis, ictus, así como extrañísimos fenómenos magnéticos hasta la fecha inexplicados y quizás inexplicables por la Medicina. Lo saben porque lo están viendo. Los médicos saben que las razonables y razonadas dudas sobre la composición de las diferentes vacunas se van disipando con informes de laboratorio que identifican al óxido de grafeno, un potente neuro-tóxico, como componente principal de lo que a todas luces se muestra como un sofisticado envenenamiento encubierto de la población. Lo saben porque lo están viendo, y lo saben porque saben que nada de ello sería posible sin su colaboración. ¡Médicos, la humanidad a la que jurasteis servir, sanar y proteger os exige que detengáis esta locura ahora mismo! ¡Sólo vosotros podéis hacerlo!

Primum non nocere. En primer lugar, no hacer daño. Ante la duda científica de que este tratamiento experimental pueda ser peligroso para la salud de tus pacientes, oh médico, detente. Detente y detén contigo esta maquinaria de enfermedad en la que ninguna tradición médica jamás tuvo que envolverse. Juraste “No daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten.”, y dispones de ciencia y conciencia de lo que significa tu juramento, así como de su incumplimiento. Juraste “No admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad, aun bajo amenazas.”, porque sabes que infinitamente peores que esas amenazas, serán las consecuencias que sufrirás tras la violación de tu sagrado código ético. Juraste “Tendré absoluto respeto por la vida humana.”, y es ahora ese humano vivo el que apela a la conciencia de lo que todavía eres. ¿O es que por ventura ya no eres humano?

Una salus victis, nullam sperare salutem. La única salvación de los vencidos es no esperar salvación alguna. En esta guerra en la que yo me sé caído a cierto tiempo vista, mi derrota y muerte no se antojan peores que tu continuidad en el cargo y supervivencia compradas con silencio, vergüenza y deshonor. Al contrario; cuando mi alma dance libre entre las llamas de la pira, tú contarás los larguísimos y tortuosos días de sumisión e indignidad que te resten como el castigo que aquí vaticino: los muertos se te aparecerán como fantasmas cada noche, y no te dejarán descansar jamás, ni en el sueño ni en la vigilia, ni en este mundo ni en el Hades, ni en esta vida en la que vagas, ni en la otra desde la que te escribo.

*Un artículo de Ibn Asad

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2 Comentarios

  1. Un dicho de Jesucristo que aparece en los Evangelios. En Mateo 15, versículo 14, dice «Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo».
    Un médico que deja le inoculen un experimento guía mal a sus pacientes cuando les aconseja que hagan lo mismo.

  2. El problema aquí es que no son médicos quienes están poniendo las vacunas. Habrá 4 gatos que hablan en TV, pero son enfermeras bajo órdenes administrativas, ellos saben lo que hacen, pregunten a sus médicos de cabecera y verán que ninguno les receta la vacuna, a la vista, no hay responsables directos, simplemente la administración, y así es con todo. El sistema está hecho para reprimir sin responsables, en todo, impuestos, normas, leyes, vacunas, etc. Todo es impuesto sin responsables.

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