Hace más de veinte años que existe constatación de determinadas anomalías coincidentes con el bombardeo de emisiones HAARP. Buceando en los archivos en busca de ejemplos, cuando los rusos iniciaron la emisión en 1976 de las transmisiones WP, a los pocos días se produjo el terremoto de Tangshan (China), de 7,8 en la escala de Richter. El temblor fue precedido de un resplandor fuerte y la vegetación quedó chamuscada. Unos días antes y durante el terremoto también se registraron fuertes perturbaciones electromagnéticas que interrumpieron las comunicaciones por radio. Cuando se produjeron las inundaciones de 1993 en Alaska, se vieron resplandores encima de las nubes.

El 6 de junio de 1996, coincidiendo con unos días de frío inusual para la época del año, aparecieron en el cielo unas extrañas nubes fijas que no eran arrastradas por el viento; fueron achacadas al HAARP por su similitud con otras aparecidas y fotografiadas en Ottawa (Canadá).

Más próximo a nuestros días, los datos siguen apareciendo y transformándose en evidencias cada vez más aceptadas. Los fuegos de California del 2008, según las investigaciones extraoficiales y libres, fueron debidos a los rayos; nada menos que 8.000 en un fin de semana. La explicación oficial a través de las noticias fue, una vez más, el calentamiento global, causado por el hombre. Pero la triste realidad y explicación a esto es que las estelas intencionadas han convertido nuestro aire en plasma, es decir, cargado eléctricamente, lo cual ante un pequeño fuego actúa de acelerante.

La NASA nos habla mucho del Sol en la última década. Por un lado están las tormentas solares, de las que sabe poco, y mucho menos, cómo paliar sus consecuencias imprevisibles sobre los seres vivos y las comunicaciones. También se nos habla del oscurecimiento solar. La luz del sol habría descendido un 20 por ciento. Desde la oficialidad no se dice que es debido a los aerosoles expulsados por los “extraños” aviones que cuadriculan nuestros cielos; muy al contrario, se informa que la causa de esta pérdida de luz son las estelas de los miles de aviones convencionales que surcan nuestros cielos, llevándonos de vacaciones de un lado a otro del planeta. Es decir, el culpable es el pobre ser humano, que no se resiste a usar el progreso en su beneficio.

En un artículo de la investigadora Sofía Smalstorm leemos que deberíamos alegrarnos por el oscurecimiento solar, ya que esto enfriaría la tierra. No obstante, reconoce a continuación que esto no es positivo para la vida de las plantas, que necesitan la energía solar para la fotosíntesis. Por otro lado, nos recuerda que el sol es el fungicida natural más potente; por tanto, un planeta con menos sol estaría mucho más expuesto a los hongos.

La energía que se emite en el HAARP es como altas frecuencias, pero las frecuencias muy bajas ELF (Extremely Low Frequency) juegan un papel complementario, porque pueden ser reflejadas desde la ionosfera para causar movimientos sísmicos. Varios terremotos devastadores, como el de Haití, se sospecha que han sido provocados. Las ELF son capaces de influir en el cerebro humano y producir efectos imprevisibles. En el congreso de Costa Rica, organizado por los hermanos Vílchez Navamuel, conocimos a Andrija Puharich, un científico “loco” muy interesante, que hablaba de las ELF. Él llevaba un dispositivo de su invención, en forma de pulsera, que consistía en un sistema de campos electromagnéticos rotatorios, que distorsionaban las nocivas ondas dirigidas al cerebro.

“Nubes” que blanquean el azul del cielo dejando un polvillo blanco

Hace ya tres décadas que se habla de los chemtrails, abreviatura de “chemical trails”, es decir, estelas químicas. Se trata de esos rastros que nos hemos acostumbrado a ver en los cielos de todo el mundo, a los que solemos dar interpretaciones lógicas a partir de lo que conocemos. En efecto, estas estelas en el cielo pueden deberse a: nubes tipo cirros, aviones civiles o militares, aviones fumigadores, aeronaves de publicidad, de festivales aéreos, o aviones para disipar las nubes, empleando el nitrato de plata.

Es cierto que una estela en el cielo puede tener estos orígenes. Sin embargo, estamos hablando de otra cosa. Hablamos de una trama contra la humanidad para satisfacer unos intereses ocultos –aunque cada vez más visibles— y siniestros, a los cuales la mayoría de los ciudadanos permanecen ajenos.

La primera noticia sobre estelas químicas apareció en 1921 en un periódico de Estados Unidos. Si llamó la atención en esa fecha es porque algo anómalo había en ella. Sin embargo, es hace algo más de dos décadas cuando nuestros cielos empezaron a aparecer con extrañas cuadrículas, como si fuera el resultado de un “baile” de aviones entrecruzándose en varias direcciones. Este hecho pasaba prácticamente inadvertido, porque se creía que eran producidas por los aviones comerciales. Es cierto que las aeronaves, en determinadas condiciones, forman estelas de vapor de agua, que se conocen como estelas de condensación, pero son menos frecuentes de lo que se cree.

Expertos en este tema nos dicen que, algunas veces, las estelas persistentes se ensanchan poco a poco para dar lugar a “nubes blancas translúcidas, largas y aplastadas”; otras se transforman en una especie de cirros aplastados, y en ocasiones adquieren la apariencia de cirros con filamentos colgando o, simplemente, se difuminan “blanqueando el azul del cielo”, dejando a la vista una especie de polvillo visible a simple vista. Las nubes naturales suelen tener tres dimensiones, en lugar de dos, y más volumen. Suelen ser blancas y grises; las que anuncian agua acostumbran a tener un color gris más oscuro.

Hacia 1996, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos fue acusada de fumigar a su población con sustancias extrañas. A muchos, conociendo las prácticas con el tóxico agente naranja, fabricado por Monsanto y rociado en Vietnam, tras haber hecho ensayos en Puerto Rico, esto no les extrañó. Por ese tiempo, empezaron a verse aviones extraños volando a diferentes alturas, pero todos tenían algo en común, y de ello se dieron cuenta enseguida los campesinos que esperaban la lluvia para sus campos. Cuando aparecían las aeronaves, las nubes anunciadoras de la tormenta y la lluvia desaparecían como por arte de magia. Y así, una y otra vez. Empezaron entonces las primeras denuncias e investigaciones. Pero los resultados siempre eran negativos. El dictamen era que no había aviones raros robadores de nubes, sino paranoias de personas con escasa cultura.

Las sospechas de los primeros años de los agricultores afectados y los curiosos que miraban el cielo, se fueron transformando en evidencias. En la actualidad, se tienen muchos más datos, gracias a las investigaciones de personas cualificadas y dispuestas a defender a la humanidad, aun a costa de sus profesiones y de sus vidas.

Y aquí entramos de lleno en la geoingeniería, que se define como “un conjunto de tecnologías que permiten la modificación artificial de los fenómenos meteorológicos para hacer el planeta más habitable y mejorar las condiciones para la vida de los seres humanos y los ecosistemas en general”. Atendiendo a la definición, la idea de que se esté trabajando en este campo es, a todas luces, positiva. Pero vamos a ver cómo se le da la vuelta.

Lo que hasta hace muy poco eran simples sospechas de campesinos y conspirólogos, que veían “avionetas fantasma” que no existían, hoy ya se ha reconocido públicamente, aunque de manera velada, por lo cual la gran mayoría aún no se ha enterado. ¿Pero se ha reconocido que esas estelas químicas están perjudicando la salud de los humanos y su hábitat con el resto de criaturas? Ni mucho menos. No solo no se ha reconocido, sino que se ha presentado como la gran solución a un gran problema. Sin embargo, el problema en cuestión, del que hablaremos enseguida, no existe; fue creado para llevar a cabo un proyecto macabro de dominio del mundo y conseguir otros efectos aún más perniciosos. Este es el meollo de todo, y lo iremos viendo a lo largo de estas páginas. Pero vayamos por partes, y preparémonos para más de una sorpresa.

Debate en la televisión sobre la guerra del clima

En el 2009, el History Channel obsequió a sus telespectadores con el jugoso documental Weather Warfare (La guerra meteorológica), en el que admitía el uso del tiempo atmosférico como arma, y la posibilidad de que los famosos chemtrails fueran algo más que las típicas estelas de condensación dejadas por los aviones de manera natural. Se decía incluso que las emisiones de microondas podían causar terremotos. “¿Cómo se atreven a hablar abiertamente del HARRP?”, pensaron algunos, con mucha lógica, porque muchos televidentes debieron echarse las manos a la cabeza cuando oyeron la confirmación de las opiniones de los conspirólogos y programas más dados a la especulación; una evidencia, por otra parte, negada sistemáticamente durante más de una década. Sin embargo, el sistema nunca da puntada sin hilo, y nuestra lógica no funciona cuando tratamos de aplicarla a sus informaciones-desinformaciones. Algunos avezados pensaron que, posiblemente, se estaba creando una masa crítica que propiciase el debate público sobre la conveniencia de la manipulación del clima. ¿Pero con qué fin? ¿Un fin informativo dirigido a una sociedad adulta que desea saber? No. La finalidad era focalizar el tema en un solo punto, que solo admitiera dos posibilidades, dos bandos, el sí y el no, los a favor de modificar el clima y los contrarios. No incluiría este debate otros aspectos –los realmente maquiavélicos— de los chemtrails y el HAARP, es decir, “la geoingeniería y la transformación biológica de todas las formas de vida, además del control del comportamiento y del control mental”. Aparte de esta superagresión, que viola todas las constituciones de los países avanzados, nos preparaban para la gran mentira del calentamiento global, que enmascara todo el plan diabólico.

A principios de los ochenta comenzó el discurso ambientalista y se empezó a hablar del calentamiento global, causado por un ser humano agresivo que estaba modificando el hábitat. Muchas familias, por esa época, dejaron de utilizar los aerosoles, para no contaminar, y se pasaron a los productos líquidos, sea en forma de desodorantes y otros productos de limpieza.

Los políticos interiorizaron la idea de salvar el planeta, hablar del clima se convirtió en uno de los leitmotiv, y la televisión lo fue adoptando como una piece of conversation en sus debates. Más tarde llegaría Al Gore con toda su parafernalia e incluso salió a relucir “el primo” de Rajoy, que no creía en el cambio climático. Los gobiernos empezaron a disponer de grandes partidas presupuestarias para luchar contra lo que se nos venía encima. Y la gente, tan contenta, sin caer en la cuenta de que, en efecto, sí había cambio climático, pero no por la acción del hombre, sino creado artificialmente, como veremos en artículos siguientes.

(Datos extraídos de mi libro Conspiraciones contra la humanidad. La agenda de los amos del mundo, publicado en 2017).

Si algún youtuber desea reproducir este texto o parte de él para la locución de su vídeo, debe pedir autorización y citar la fuente al principio de la narración. Lo mismo si se reproduce el texto en un medio escrito.

gcomunicacion@laregladeoroediciones.com

 

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8 Comentarios

  1. No sólo están los chemtrails el haarp y las antenas 5g,todavía hay más cosas,aunque la gente no puede estar preparada para comprenderlo.
    Vean lo que dice Rafapal,en la dark web se ha demostrado el seguimiento por GPS de los vacunados…
    Este verano han puesto 5g en muchas playas,en las de Valencia han ocasionado colapsos en las UCI,lo peor ha sido que es más que evidente que han ocasionado pequeños tifones,misteriosas capas de espesas nubes,y ruidos extraños en el cielo.
    Saben que han modificado el clima y que es casi irreversible?,ni siquiera son conscientes de que están jugando con tecnologías también experimentales,cuyo efecto puede ser boomerang,denuncien estás antenas 5g,y exijan al Gobierno explicaciones sobre los contratos del Gobierno con empresas de chemtrails seguramente de Soros.

    Por cierto el gobierno de China ya no va a ceder electricidad para minar criptos,y sabiendo que el Bitcoin se mina en China principalmente,es imposible que sea una buena inversion,aunque le pongan el apellido gold o hash.

    • Yo escuché un trueno ininterrumpido de media hora, en junio durante una tormenta, tengo grabado un par de minutos. Nunca había oído nada semejante. Además tenía una modulación extraña, a ratos sonaba como un reactor. Al principio la persona que estaba conmigo se cachondeó de mi mosqueo, luego acabó reconociendo que era realmente raro.

  2. Desde hace años conozco la fumigación de los cielos y cada vez que lo comentaba, más de uno, las risas o el escepticismo surgían. Era algo tan evidente (pero solo para unos pocos) y que solo podría venir desde el poder este tipo de acciones, pues era algo no natural, era algo realizado por la mano del hombre.
    Cualquier denuncia o intento de poner en conocimiento estos delitos en la administración era silenciada, no existía. La esperanza era que se diese cuenta la población; ahora bien, un hecho tan notorio, visible y palpable (palpable porque se podía hasta recoger unas extrañas fibras o un polvo que se depositaban en el suelo poco después de las fumigaciones) era sorprendentemente ignorado por la gran mayoría; es decir, apareció otro enigma asociado a las fumigaciones y era la ceguera y pasividad de la gran mayoría de la población. Esa gran ceguera o pasividad también lo observé con otros acontecimientos como el derrumbe intencionado de las torres del 11S y, ya de completa actualidad, con el magnetismo en el cuerpo humano y las radiaciones ionizantes en que la aguja de contador Geyger no para de saltar.
    Y volvemos a los mismo, tenemos por una parte unos actos de terrorismo extremo puro y duro como las fumigaciones y demás (vacunas, ondas ionizantes,…) y, tenemos por la otra parte, -tal vez lo que es peor- la ABSOLUTA condescendencia de la mayor parte de la población ante estos ataques terroristas y –este es el mayor de los absurdos- que los mayores perjudicados y mortalmente es precisamente la propia población.
    Está claro, el hombre está tomado por EL MAL.

    • La mayoría de la gente es un mero trozo de carne de baja percepción.
      En mi ciudad durante unos pocos días de febrero pasan bandadas de grullas por el cielo. Yo voy andando por la calle o estoy en casa, y oigo un sonido de fondo que no es cotidiano. Algo anómalo sucede. Subo la mirada y veo esas espectaculares ‘uves’ de grullas sus sonidos lejanos. Miro alrededor y NADIE se ha enterado de que las tiene encima. Ni las oyen ni las ven. Unos pocos al verme mirar para arriba, miran a su vez, y flipan.

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