crack

Alguien dijo alguna vez que hacer cine no era nada complicado, lo complicado era saber dónde poner la cámara. Seguro que fue John Ford o Willy Wilder o algún otro meritorio por el estilo, quien tuvo semejante ocurrencia. Pero dejémoslo correr y vayamos a lo que hemos venido.

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Hace unos días a mi mujer le dio por volver a ver El Crack y El Crack II, ella es así. Ante tal sugerente sugerencia, el abajo firmante, que no tiene ni media bofetada, no tuvo más remedio que transigir y, como cada dos o tres semestres, nos pusimos frente a dos de las mejores películas de la historia del cine español. Desde luego las mejores del cine negro patrio. ¿O matrio?

Sólo la primera escena de la primera película -que tengo estudiada como cien veces-, ya merece por sí sola una mención especial, en el libro de los momentos impagables del séptimo arte. Las malas lenguas dicen que más de uno, de los que se consideran grandes directores, se han inspirado en estos seis minutos de cursillo cinematográfico. Mención aparte merece el hecho de haber puesto a Alfredo Landa en el lugar que llevaba tiempo demandando con humildad franciscana, que no es otro, que el frontispicio de los actores impagables que ha dado nuestro cine. Lástima que no se prodigase tanto en teatro, porque arte y categoría tenía de sobra. José Luis Garci, con El Crack se consagró definitivamente como guionista y director. Su currículum está preñado de buen cine, pero el cine negro le dio la excusa para firmar un par de cintas magistrales, dando un recital escogiendo una magnífica banda sonora de Jesús Gluck, una imperecedera fotografía y una dirección de actores para estudiar con detenimiento; los diálogos merecen capítulo aparte. Era todo un riesgo hacer cine negro en España entonces, y mayor el ya reseñado gesto, de poner a Alfredo Landa como punta de lanza de todo el proyecto. Un acierto de tal calibre que, a pesar de las décadas transcurridas, la película no ha perdido nada de vigor y no ha envejecido ni tantito así.

José Luis Garci y Horacio Valcárcel apuntalan un guion sólido y unos diálogos llenos de profundidad, ternura y humor. El mus, el boxeo y la picaresca hacen los coros de una cinta impagable, que si ya en su día apuntaba maneras, pocos hubiesen aventurado que gozaría de tan buena salud al cabo de casi medio siglo. Señal inequívoca de que estamos ante dos obras maestras.

Chocan, vistas con perspectiva, la moral y la ausencia de corrección política, ¿qué nos ha pasado?, ¿qué ha pasado en este lapso de tiempo? ¿hemos vuelto al pasado sin darnos cuenta?, recién muerto Franco, éramos bastante más libres. Pocos se atreven a hacer hoy, ni en España ni fuera, películas semejantes. Me niego a creer que no haya talento, lo que no hay es independencia ni dignidad.

La secuela, perdón, precuela de El Crack Cero, no tiene nada que desmerecer respecto de sus hermanas mayores, más allá de que se echan de menos al mentado Landa a José Bódalo y a todos los demás, pero el nuevo grupo actoral saca adelante el reto. Y no era ninguna broma. Garci, demuestra que se puede hacer buen cien con cualquier edad.

Los arranques de cine clásico que le dan a mi Santa, me sientan la mar de bien.

Hoy seguramente, tocará Kurosawa o Hitchcock o Mi tío Jacinto, ella no conoce ni de épocas, ni corrientes, ni nacionalidades, ni géneros, sólo se mueve por instinto. Menuda es ella.

Gracias, cariño.

*Un artículo de Bienvenido Picazo

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3 Comentarios

  1. Y que hay de los directores,que realizan películas pornográficas con menores?,y los que realizan snuffmovies?.Conoce a directos de cine de la Moraleja?,niñas de Alcácer?…

  2. Quién gravo las películas que se emitían en el Bar España?,quienes las vendían en París?.
    Quienes ruedan snuffs para la darle web?,pregunten a Pablo Iglesias…

  3. Coincido con el autor de este artículo. Con El Crack y El Crack II ha sucedido algo muy poco frecuente. Su magnífica, pulcra y cuidada puesta en escena ha logrado convertir dos grandes películas del cine negro español en auténticos documentales de época, los cuales deberían formar parte del currículo escolar para que los adolescentes conocieran mejor la denominada ‘transición española’.
    Un gusto verlas, al menos, una vez cada par de añitos.
    Feliz semana.
    PD. No quiero cerrar este comentario sin citar al magnífico personaje ‘Moro’.

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